México


EL INTRUSO NO VOLVERÁ


Víctor Manuel Barceló R. *

El Sr. Secretario de Gobernación ha tomado, al Palacio de Cobián, como su templo; desde ahí pretende oficiar para un grupo inexistente, vencido en cruenta lucha. Sin rubor, criticó el carácter laico del Estado Mexicano calificándolo de medieval e inútil. Con pena vemos que la insensatez no termina. La Secretaría, lo mismo anuncia sanciones a cuatro pastores evangélicos, por el delito de hacer proselitismo político; que escucha impasible a uno de sus cardenales y arzobispo, llamar a sus fieles laicos a involucrarse en política partidista, para concretar "legislaciones, proyectos y acciones" como marca la iglesia católica.

En sus posturas decimonónicas -del S. XIX- pretende olvidar que la lucha por el fin de la teocracia y del sometimiento estatal a la religión única, terminó en el país con la implantación de las Leyes de Reforma, apuntaladas en la Constitución de 1857. Sí, la misma que funda la nación moderna: en lo ideológico, como libertaria, soberana, laica, en ruta democrática. Esto es así, porque desde ese momento -hace más de siglo y medio- se nacionalizan los bienes del clero; se precisa la separación de Iglesia y Estado; monjas y frailes a claustros y desaparecen corporaciones de la iglesia. Se avanza, del control eclesiástico de registros, al registro civil de: nacimientos, matrimonios y defunciones; se secularizan cementerios y fiestas públicas y, con fuerza de Ley, se promulga la libertad de cultos.

¿Qué es entonces lo que hace el secretario de Gobernación? Pierde tiempo, valioso por cierto, en intentar trastocar el laicismo nacional, arremetiendo, amparado en su posición gubernamental, contra la conciencia del pueblo. Olvida que la sociedad sabe o intuye, que tiene todo el derecho a profesar, la creencia que quiera. Recuerda nuestra gente, en diferentes momentos estelares de su proceso, que fue un patriota de excepción, Benito Juárez, quien comandando a una generación luminosa, la de Reforma, el gran campeón de la conformación de esa patria laica y generosa, que hoy tenemos.

Entretanto, casi no hay rincón del país, en que la delincuencia organizada no "asiente sus reales". Esa es la gran tarea de gobierno interior, que por compromiso legal está en manos de la Secretaría de Gobernación. Queremos vivir en paz, con seguridad incuestionable y creyendo lo que familiar o individualmente decidamos, sin ninguna interferencia, menos oficial y contraria a la Ley. En la práctica, pareciera tener otras tareas primordiales el gobierno y relegar a segundo plano el que los mexicanos dejemos de vivir la lucha por el poder entre grupos delictivos.

A veces tenemos que padecer también, la participación interesada, de miembros de los cuerpos policíacos, que son cooptados -a la buena o a la mala- por carteles de la droga y otras organizaciones delictivas. Bueno es tener precisiones ideológicas y compromisos religiosos. El laicismo no opone condiciones a las decisiones autónomas del individuo en estas materias, sea cual sea su condición étnica, origen, formación educativa o cultural.

El magisterio de Juárez nos da la lección. En su origen, vence al racismo y supera las enormes dificultades del total aislamiento en que nace, allá en la Sierra de Guelatao. Enfrenta, desde la política, al clero, al conservadurismo -raíz de las maniobras actuales de sus descendientes-. Ellos le persiguen, encarcelan, destierran y llenan de calumnias y vejaciones, pero al final los vence, siempre los vence.

Cuando fue necesario, armó al pueblo contra el invasor y se lanzó a los caminos -gobierno nómada- hasta lograr expulsarlo. Hoy Juárez está impregnado en la conciencia popular. No hay fuerza capaz de alterar el culto laico a su figura. El nos enseñó a pensar críticamente. Leámosle con atención: "Mi fe no vacila nunca. A veces, cuando me rodeaba la defección en consecuencias de aplastantes reveses, mi espíritu se sentía profundamente abatido. Pero inmediatamente reaccionaba. Recordando aquel verso inmortal del más grande de los poetas, ´ninguno ha caído si uno solo permanece en pie´, más que nunca me resolvía entonces a llevar hasta el fin la lucha despiadada, inmisericorde, para la expulsión del intruso".

Intruso y secuaces, no volverán.

* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.

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