LEY HELMS-BURTON
Así como la gallina y el huevo, el asunto de los cubanos y el hotel Sheraton ha llegado a tal grado que resulta imposible saber si el rotundo no habrá nota diplomática expresado por el señor Derbez (canciller mexicano), es causa, consecuencia o limbo de un tema anhelado por las naciones imperialistas y defendido con dignidad por México en el pasado. La aplicación extraterritorial de las leyes, pareciera no tener discusión; sin embargo hemos sido testigos de aprehensiones ejecutadas por agentes extranjeros en nuestro territorio, policías y soldados realizando actividades de seguridad en aeronaves sobre nuestro espacio territorial e incluso en aeronaves mexicanas, en un grado tal de intervencionismo que se ha dado pie a gobernantes de otras naciones a utilizar adjetivos no muy gratos para quienes representan nuestra soberanía.
En un intento de objetividad y en apretado resumen de hechos, tenemos: Una actividad comercial organizada por capitalistas norteamericanos en territorio mexicano, a la cual se invitó oficialmente a cubanos -funcionarios o empresarios esto no tiene la menor importancia- en el hotel de una cadena transnacional propiedad de norteamericanos ¿Nadie estaba consciente de las prohibiciones advertencias y sanciones de la ley Helms-Burton? Si la respuesta es por la afirmativa, ¿se trató de una flagrante violación a sus propias leyes, de una provocación en medio del ambiente de tensión por el tema migratorio, el muro y las declaraciones contumaces del embajador Garza o un desliz de audacia para lograr beneficios en la isla? Suponiendo que a todos se les olvidó la tan discutible y criticada ley ¿será que los cubanos son tan inocentes que no midieron el riesgo? Y en cualquiera de estos u otros escenarios que pudieran construirse ¿Otra vez las autoridades mexicanas se dan cuenta de la jugada una vez realizada? Para el tema de los hechos, las declaraciones de los norteamericanos son claras, sí está vigente la ley, sí se aplica extraterritorialmente y sí dieron ellos la orden para la expulsión de cubanos que se reunían justo unos metros de su embajada.
Los cándidos cubanos -plana mayor por cierto en su país- llegaron y se fueron, igual que lo hizo su presidente después de aquella celebre comida, ¿por qué no se han quejado en la procuraduría del consumidor, ante las autoridades de turismo o ante otra instancia? Si acaso se descubre que esto si había sido meditado por el viejo zorro de la isla ¿volveremos a pelearemos con Cuba? ¿Están ellos esperando a ver nuestros movimientos para precisarnos los puntos y comas del asunto? ¿De veras empresarios -visualicemos la Coca Cola, por ejemplo- del norte estarían dispuestos a desperdiciar mercados potenciales como el de China -en buenas relaciones con Cuba- sólo por los alcances de esta ley? ¿Por qué no hemos sabido de una aplicación tan drástica en otras latitudes y otra vez nos toca a nosotros la bola negra?
Lo más grave del asunto no está en saber qué fue primero, sino cómo salir de este nuevo pantano, en donde los perredistas merecen un premio a la vagancia, la audacia y la genialidad pues llevan puntos a favor sin siquiera meter las manos, en tanto que frente al pueblo, se precisan explicaciones en muchos ámbitos; uno de ellos es el por qué no hacer la nota diplomática ¿Omitirla borra de tajo la aplicación extraterritorial de la ley? ¿Se considera que una mancha más al tigre ni se nota? ¿Prefieren callar antes que enfrentar el hecho de que la tal nota no prosperaría? O simplemente carecen de los elementos gramaticales y diplomáticos para redactarla. Sea cual fuere el final de este incidente, parece tratarse del segundo plato del comes y te vas.
* Comunicóloga.