México


HORROR: MUERTE EN COAHUILA


Fernando González Mora *

En el instante mismo en que oficialmente se reconoció que los 65 mineros atrapados a cientos de metros bajo tierra habían muerto, se desató un sentimiento de horror y consternación, a la vez que se intensificaban las críticas por lo hecho, por lo no hecho y por lo que se dijo y por lo que se omitió... ¿Por qué horrorizarse por algo que es resultado de lo mismo: complicidad, explotación, corrupción?

Compleja situación que da la impresión de que se tratara del primer accidente que ocurre en una mina y que causara, por gases, explosión y derrumbe de toneladas de tierra y roca, la muerte de los trabajadores, como aconteció en el socavón de Pasta de Conchos, en Coahuila, en donde, si por una parte hubo la impresión de que era imposible sobrevivir a las resultantes que se dieron en el lugar, por otra hay aún desconocimiento de la causa y dimensión del daño material, del punto exacto en que se encuentren los cuerpos y del estado que preserven. Pero los medios, en la velocidad que la tecnología de hoy les impone, preguntaron y preguntan mucho de lo que solamente un adivino podría, en ese momento, haber contestado.

La minería y el trabajo que desempeñan quienes son empleados para ejecutarla, es de alto riesgo, para lo que existe la adecuación y ley correspondiente, que se supone regula la explotación del recurso natural, así como garantizar las condiciones laborales y de seguridad, en beneficio de la herramienta humana... ¿Pues, sí... pues quién sabe? Porque el mamotreto que data de varias años atrás ha sido, como debe ser, reformado en el 92 y también a comienzos del año pasado... y más veces, más... y nada ha cambiado...

Por lo tanto, el espantoso sucedido en la mina de carbón, en San Juan de Sabinas, enclavado en el desierto de Coahuila, no debe verse como un sucedido aislado o singular, sino como la regla o costumbre del incumplimiento de la ley, la desigualdad, injusticia y la componenda y corrupción. El que hoy haya libertad y democracia que permite conocer los sucesos inmediatamente, no hace diferencia alguna.

La historia de explotación, dolor y muerte en el caso de los mineros, se escribe desde hace más de un Siglo, hasta el 19 de febrero de esta año, con 23 siniestros y 945 muertos en la zona carbonífera de Coahuila. Los de mayor magnitud fueron en 1902 con 200 muertos y en 1969 con 168 víctimas. Y Así como en San Juan de Sabinas, las familias han llorado, las mujeres quedado viudas y decenas de niños en la orfandad, también en Múzquiz, Cloete, Agujita y Barroterán, hay dolor, luto y amargos recuerdos, y en más poblados de mineros, porque los hombres cumplen con su cruel destino, que ante la falta de oportunidades, no tienen otra alternativa que ganarse el pan con riesgo de perder la vida... dramática realidad que nadie remedia...

El suceso por sí mismo, fue de alto impacto en la sociedad y más al conllevar la puntual intervención de los medios de comunicación, con el agregado de las historias humanas llenas de dolor y de destacar las diferencias entre autoridades, caldo al que se le quiso agregar otro ingrediente de sabor chatarra, como la acusación que en los medios hiciera el senador por Coahuila, Roque Villanueva, de que la información de la muerte de los mineros se manejó perversamente, a conveniencia de que las acciones de la empresa dueña de la mina no fueran afectadas en su cotización en la Bolsa. En el Senado, en donde los nacionalistas representantes populares se dolieran por la tragedia y que se pronunciaran por una investigación a fondo, con el consabido caiga quien caiga, Don Roque bajó su acusación a hipótesis, que le nació, dijo, de informaciones aparecidas en los medios... ¡Ah, qué senador tan hipotético! Y nada más, por si las moscas, para evitar confusión alguna o mala interpretación, por lo de Don Roque, nuestras disculpas adelantadas al que fuera, sano y entretenido compañero, de Paco Miller... ¿Hay mayor malamadre contra el pueblo que la injusticia y la corrupción?

La tragedia, como es común, navega en un océano de hechos, declaraciones y acusaciones que desvía la revisión a fondo de los derechos y justicia a los trabajadores, sometidos de siempre por la complicidad del poder gubernamental, el interés de los empresarios y el cinismo de los sindicatos. Líderes como Napoleón Gómez Sada, Benito Ortiz Elizalde y Napoleón Gómez Urrutia, y gobernadores como Oscar Flores Tapia, Eulalio González Treviño, Enrique Martínez, y familias como los Yutani, Canavati, Montemayor, Valdés, dueñas de más de 150 pocitos, son famosos por su dominio de la industria minera y poder sobre los trabajadores y aunque gobernadores, autoridades, líderes y familias provienen y son de diferente estrato social, cultural e ideológico, a los ojos de todos, tienen algo en común, que viene a ser su lazo de unidad, de sangre: todos son millonarios...

Si en lugar de que la tragedia causara horror como ha sido, motivara a la preocupación, llevaría a una revisión de la ley para saber si responde a los tiempos, tecnología, actuales y en caso de resultar apropiada, comprobar su aplicación estricta y sanear el interés y eficiencia de las organizaciones sindicales, un todo que debe ser en justicia, beneficio y seguridad hacia los trabajadores. Fresco aún el corporativismo sindical, nefasto y corrupto y la llamada alianza histórica entre gobierno y trabajadores, que ha devenido en vulgar, manipulación, explotación y traición a la clase trabajadora.

¿Por qué esa incapacidad para no hacer bien las cosas? Sabido que lo mal hecho es la causa de los males, rezagos y tragedias que han golpeado y atrasan al país y que si no hay corrección y cambio, todo seguirá en el filo de la navaja, pues la misma injusticia castiga en carne propia a campesinos, indígenas, cañeros, pescadores, jornaleros, estibadores, obreros, empleados etc. La ley es compleja y llena de lagunas por lo que fácilmente es pasada por el arco y no del triunfo y propicia la corrupción e impunidad. Si el estado de cosas se mantiene, vendrá el olvido y la seguridad de que en el futuro inmediato, nuevamente más familias se ahogarán en llanto, la sociedad se horrorizará, los políticos hablarán, acusarán y los medios se lavarán las manos... en suma, otra tragedia, una más y una más...

Y para variar, en Cajamarca, Perú, en la comunidad indígena Michiquillay, sus pobladores libran intensa lucha contra la Minera Yanacocha, para detener su proyecto de perforar el cerro Quilisy, para extraer 4.2 millones de onzas de oro, sin importar el daño irreparable a la ecología, la explotación y desprecio hacia los lugareños. Otro asunto en el que, aunque no se crea, hay intereses y corrupción...

* Periodista.

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