MIGRANTES, TEJEDORES DE MILAGROS
Francisco Lizárraga Ochoa *
Vistos aquí por la clase política de su tierra originaria como un voto inútil, por su aparente imposibilidad de multiplicarse en las urnas el 2 de julio, los trabajadores migrantes residentes en los Estados Unidos han despertado al gigante más temeroso para los gobiernos neoliberales: la movilización política.
Luego de las marchas extraordinariamente numerosas en las principales ciudades norteamericanas, un sondeo reveló que el 56 por ciento de la población estadounidense está de acuerdo en que se ofrezca un estatus legal a los migrantes.
La gran movilización se extendió a quince ciudades como Las Vegas, donde, en un hecho inusitado -por ser esa pujante comunidad el asiento del juego y el glamur- cientos de preparatorianos salieron a la calle el martes 28 de marzo protestando contra la Ley HR 4437 que de aprobarse podría criminalizar a los indocumentados de Estados Unidos. Se entiende que los muchachos abandonaron las aulas para marchar por las calles, ya que sus padres tienen una amenaza más que los deja en la incertidumbre y con la posibilidad y el riesgo de la desestabilización familiar.
Arizona, California , Michigan y Texas habían escenificado movilizaciones similares y hasta más numerosas. “Nadie sabía de donde había partido la idea o la organización del movimiento”, relató el reportero de El Mundo de Las Vegas, Valdemar González, quien insistió en su crónica: “Varios estudiantes a los que se preguntó no pudieron especificar quién, quiénes o qué organización había convocado. Pero coincidieron en decir que se enteraron por e-meils, llanadas a sus celulares y en sus sitios de Internet, como My space”.
Como resorte de la reacción masiva, hay que apuntar que los estudiantes piden que el gobierno de los Estados Unidos resuelva la situación de los millones de indocumentados con leyes más justas. Muchos de los jóvenes manifestantes, nacidos aquí, tienen sus familiares en situación "sin estatus", incluso sus propios padres.
¿Dónde están las cabezas del movimiento?
De acuerdo con observadores y estudiosos del fenómeno social, la irrupción emergente de liderazgos nuevos es el elemento que hoy dimensiona el movimiento por los derechos civiles. Se comenta que en las agrupaciones de base se tejen las redes sociales que se desmarcan de las organizaciones tradicionales.
Quienes han tomado la decisión de participar para defender sus derechos y se han unido a los clubes, incluso a grupos religiosos que enarbolan estas banderas, son ciudadanos informados sobre los alcances de la legislación que se consensa en el Congreso de los Estados Unidos,
“César Chávez y Luther King siguen como los íconos de los movimientos sociales en los Estados Unidos, pero en California el Movimiento Estudiantil Chicano de Aztlán (MECHA), el Programa de Estudios Chicanos, académicos y profesores, así como la Red Migrante han jugado papeles protagónicos en las movilizaciones”, dijo Juan Carlos Ruiz Rubio del Comité Binacional Valle Imperial.
En esa búsqueda de líderes o cabezas del movimiento migrante el también miembro de las Redes Ciudadanas de Mexicali explica que las movilizaciones de los estudiantes son espontáneas y obedecen “al grave riesgo de disgregación familiar” que corren sus hogares si sus padres son deportados, en el caso de una eventual aprobación de la propuesta Sensenbrenner.
De los efectos del despertar de este gigante, los ojos mexicanos se colocan de inmediato en los 20 mil millones de dólares que se desparraman en muchísimos poblados y ciudades de México cada año por las remesas de los trabajadores que residen en los Estados Unidos. Las preguntas son obligadas: ¿Qué pasaría si cientos de millones de familias mexicanas dejan de recibir ese dinero que mandan sus parientes?
¿Cómo se emplearía en México a 12 millones de migrantes mexicanos deportados? Sobre estas interrogantes hipotéticas el movimiento de los trabajadores migrantes sigue realizando marchas hasta llegar al 1 de mayo con un paro nacional en los centros de trabajo de Estados Unidos, que ya se denomina “Un día sin inmigrantes”.
Ahora, las movilizaciones alimentan la esperanza de concretar el reconocimiento a los derechos de los trabajadores indocumentados no sólo mexicanos sino también latinos y asiáticos.
Acerca de este tipo de detonantes de esta gran movilización, la Cumbre de Riverside, que reunió a los activistas mexicanos y latinos contra la Ley Sensenbrenner el 11 de febrero, culminó con una caravana hacia la Ciudad de México para sentar las bases de una Alianza Nacional pro Derechos Humanos, del 15 al 19 de marzo.
Las representaciones de Arizona, California, Illinois, Texas y México, tuvieron una serie de reuniones con senadores, diputados, partidos y candidatos, organismos de derechos humanos, representantes de la Iglesia. El contagio se dirigió hasta los movimientos sociales. Todo con el propósito de construir una fuerza mexicana que asuma la defensa legal de los derechos adquiridos, principalmente de los humanos, opinó José Jaques, líder angelino.
Además, la realización de un congreso binacional en junio donde se elabore una agenda que sería propuesta a la nueva administración federal.
Los medios de difusión electrónicos han reproducido las imágenes de los mexicanos y sus hijos en pleno activismo a favor del reconocimiento de la dignidad humana y a los derechos al libre tránsito, a la educación, al trabajo, a la salud, a la unidad familiar, a un trato digno y sin discriminación.
Hasta ahora no ha sido en vano el mensaje emitido por más de 500 académicos, empresarios, sindicalistas y religiosos, líderes históricos de diversas luchas de que la población migrante salva la economía de los dos países.
Con la Unión Nacional de Trabajadores, que reconoce a los migrantes como sector social de la producción y aprueba la lucha conjunta, la binacionalidad del conflicto “define que no hay mejor política exterior que la política interior”.
Es decir, la puesta en marcha de una política interior que abata el desempleo y promueva el pago de salarios justos, como principales causas de la expulsión de nuestros connacionales y que al mismo tiempo se respalde la lucha reivindicadora de quienes defienden en el exterior sus derechos.
La movilización de masas ha puesto en la mesa de la discusión el rediseño de la política exterior de México, en primer término con los Estados Unidos de América.
Esa plática del reportero con Ruiz Rubio y José Luis Jaral, ambos del Comité Binacional del Valle Imperial y miembros del Colectivo de Redes Ciudadanas de Mexicali, obliga a dejar que las palabras del Consejal de Coachella, California, Eduardo García, aumenten la resonancia: “Ya no tenemos que pensar únicamente en las manifestaciones y marchas, sino además en la toma del poder”.
* Periodista y escritor mexicano.