CONTRA LA DIFICULTAD INÚTIL
José Repiso Moyano *
Contra la adversidad tenemos que ser fuertes; pero la adversidad es un concepto frecuentemente en su uso muy social y muy emocional proclive a la subjetividad -es algo que se siente más que nada-. Existe también la adversidad de religión o de país; para EU, por ejemplo, es todo lo que atenta contra su "statu quo", contra sus privilegios culturales, políticos y económicos. Así que, aprisa, en guardia estará contra lo que cree un enemigo y con angustia a veces mientras no impere una fortaleza propia para defenderse.
Por ello, un mundo en sociedad es un mundo afectado de adversidad, que no ejercita más que contrapolíticas orientando unos intereses hacia un lado o hacia otro; es un mundo que constantemente salta en iras y, si no tiene unos valores humanos bien consolidados que contrarresten esas iras o que los controlen emocionalmente, las consecuencias pueden ser desde graves hasta muy graves.
La religión es cierto que ha prevalecido con acciones destructivas, sin embargo ha capacitado a nuestro mundo para comportarse "priorizando" más unos valores que otros; lo que ya es un logro o que ya es un efecto constatable, que claramente está ahí. Y no, por supuesto, con menos méritos lo ha hecho la cultura en general, el despertar del ser humano a un racionalismo hacia su entorno natural -para entenderse con él y para convivir con él reconociéndolo-; lo que condujo a una actitud de aceptarlo aún por encima de sus emociones -por sobrevivir-.
Teniendo esto en cuenta, los seres humanos no dejan de aturdirse por los demasiados intereses que se crean, que uncen contra una naturaleza primordial o más simple, lo cual complica aún más su libertad o una solución que sea lo más digna o justa para todos. Bien, al respecto, debieran eludir las dificultades inútiles que se crean; porque a la naturaleza no se le ocurrió idear a las aves con cuatro alas -ya que con dos era suficiente-, a los científicos tampoco al primer coche con ocho ruedas o al avión con cinco alas -ya que buscaban lo fácil y lo sencillo para conseguir una estabilidad en el máximo tiempo de su utilidad-. Así que, con razones, es lo más útil lo primordial y, si lo primordial para que todos puedan sobrevivir pasa por convenios para abastecer de los alimentos básicos a todo el mundo, ya sea por una cooperación en función de la renta percápita o del PNB o por una financiación amplia de organismos internacionales, pues ahí está la solución ineludible.
Igualmente para que las cosas sean más fáciles y más difíciles
para las guerras, es necesario un desarme basado en una cultura
de la paz, a donde puedan acudir para liberarse de esas intenciones
bélicas, de disponer de recientes referencias que las contengan,
miles de jóvenes que organizarán nuestro futuro; es necesario
que se rehúya de prisa de los gobernantes que proclaman sin
remordimientos la guerra, los cuales se protegen a través de
ella; es necesario de una vez por todas que no se les dé -o se
les dé los mínimos- motivos de violencia.
* Pensador, poeta, narrador y ensayista español, nacido en Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: Cantos de sangre, Ediciones Rondas,Barcelona, 1984, y La muerte más difícil, Ediciones Torre Tavira, Cádiz, 1994. Ha ganado los premios: "Ángel Martínez Baigorri" de Navarra y "Encina de la Cañada" de Madrid. Es asesor literario de la colección Torre Tavira de Cádiz, donde ha publicado los plegables La muerte más difícil (1994), Carne de cañón (1996), Soñada luz (1999) y La caja de cristal (2000). Ha colaborado con ensayos, artículos y poemas en las revistas Casa de las Américas (Cuba), La palabra y el hombre (México), La Nuez (EU), Julia (Puerto Rico), Repertorio Americano (Costa Rica), Turia (España), Signo (Bolivia), Nueva Avenida (Argentina), Trizas de Papel (Venezuela), El Universitario (El Salvador), Índice (Colombia), La Bota Literaria (Argentina), así como Zurgai, La luna de Mérida, Extramuros, Los Papeles de Río Seco, Fábula, Los Cuadernos de Bronce y Barcarola (España).