México


EL FUTURO DE MÉXICO Y LOS MEXICANOS


Alfonso Valdivia Medina *

Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar
un medio que preserve a las venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.
Napoleón Bonaparte.

Un buen punto de partida sería recordar el 2 de octubre de 1968, época en la que muchos de los estudiantes que sobrevivimos a la masacre ordenada por el secretario de gobernación, Luís Echeverría Álvarez, bajo la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz (genocidas ambos), forjamos una forma de pensamiento generacional, pues a partir de ese día nos quedó claro que nuestro amado México, había sido gobernado por supuestos grupos de extracción posrevolucionaria, pero que resultaron inmorales y perversos, ya que se dedicaron a tejer una intrincada telaraña con hilos de corrupción, impunidad, descaro, inmoralidad, favoritismos, escándalos y muchas cosas sucias y negativas más.

La consecuencia de todas estas aberraciones, se fueron acrecentando al paso del tiempo, y así llegamos a tener por un lado, a una ciudadanía que se fue “acostumbrando” a vivir sometida bajo los abusos del poder, y por otro lado a un gobierno que enriqueció en forma desmedida, tanto a los presidentes y sus gabinetes, como a familiares y amigos cercanos. A esto se sumó que incontables improvisados e incompetentes, agrupados en el partido dominante, no contemplaron las consecuencias de sus inhabilidades, propiciando entre otras cosas, un endeudamiento de múltiples generaciones, como lo señaló el pensamiento citado del celebérrimo “Napo”. Y aunque de nada sirve regodearse en el dolor que producen algunos eventos dolorosos padecidos, por lo menos esto sirvió para que se fuera moldeando “un pueblo inconforme”, pero aquietado por el miedo a ser masacrado, y sin embargo anhelante de cambios en las erráticas formas de gobernar.

Así se fueron sumando los abusos, además de los años, y aunque muchos de aquellos ciudadanos creímos que moriríamos sin ver un cambio del partido en el poder, millones de mexicanos quedamos sorprendidos cuando un partido de derecha -a mi juicio, comparsa del régimen dominante- tomó las riendas del país. Pasó mucho tiempo para que nos quedara más o menos claro que intereses económicos internacionales, como una probable injerencia, absolutamente vergonzosa del gobierno gringo, -si esto fuese cierto- hubiesen intervenido, pero algo raro sucedió para que el último presidente priista declarara con el 9 al 11 % de casillas computadas, el triunfo de los derechistas.

Asunto al que en forma práctica, no dábamos crédito, pues además el candidato priista, casi al borde del llanto y envuelto en un ambiente fúnebre, reconocía su derrota, en un acto televisado en cadena nacional, para concluir al día siguiente con el triunfo de un ex-vendedor de Coca-colas. Un tipo que se caracterizó durante su campaña, tanto por su lenguaje ranchero y folclórico, como por poseer una necedad obcecada, entre otras negatividades. Demás estaría señalar que los políticos aprendieron a saltar como ratas de un barco naufragante, de un partido a otro, sin la menor pena del mundo. Acomodaticios camaleónicos que hasta el día de hoy son capaces de hacer “lo que sea”, para no ser sacados de las prebendas que representa ser miembros del gobierno, a pesar de los continuos señalamientos que sobre ellos/as recaen, como el de ratas oportunistas.

Frente a todos estos antecedentes, ahora resulta que contamos con distintos aspirantes a ocupar la silla presidencial, y aunque todos han estado relacionados con actos de corrupción-impunidad, pues no son estos, sino el resultado de lo que ha padecido nuestra historia de abusos y bajezas, perpetrada por múltiples gobernantes tramposos, creándose como consecuencia en una mayoría poblacional, lo mismo la apatía, como un letargo exasperante, debido a que sus reclamos nunca han sido tomados en cuenta.

Ha sido esta encadenada prostitución de los derechos ciudadanos, lo que ha generado desencanto, así como una falta de credibilidad de los aspirantes a presidirnos, pero eso no es lo grave, ya que de una u otra forma, pues con toda la pena del mundo para aquellos que no sean mexicanos, estamos de muchos modos acostumbrados a subsistir en medio de esta podredumbre, que parece irreductible, y no porque no existan inconformes, pero la corrupción es tal, que se ha tornado en una plaga indestructible.

Y me baso en estas observaciones, lanzando un reto nacional que dice: Si existe un mexicano, uno solo, al que se le pregunte si cree en la honestidad de los partidos y aspirantes en conjunto, y que diga que cree en este valor, me comeré en el zócalo capitalino, las hojas que conforman este escrito. La única condición para que esto surta efecto, es que no sea perteneciente a ningún partido, o que familiares, amigos y queridas, tampoco gocen de los desiguales beneficios que sin duda existen en mi país.

En fin, con base en estas observaciones, coexiste la probabilidad de que el “fantasma” del abstencionismo sea el que triunfe en las próximas elecciones, como lo vivimos recientemente en las elecciones del estado de México, y que sería lo menos grave, ya que la parte grave, estaría sustentada en que, dado el manejo de “las emociones” que están propiciando los candidatos hacia una masa no pensante, pueden favorecer una participación embravecida y exaltada, de lo que pueden derivar actos de violencia, si es que los candidatos y sus erráticos asesores, no buscan los medios de minimizar estas posibilidades, que una vez desatadas provocarían situaciones insospechadas.

Más aún si es que se siguen polarizando de forma extrema, los discursos que regularmente estamos oyendo en los candidatos dominantes. Discursos que analizados con detenimiento, despiertan una falaz esperanza de igualdad. Y aunque esto lo podamos comprender -aunque sea irreal- el encono que están generando en los desposeídos, por el hecho de imaginar que llegará al poder, alguien que les dará a “los pobres” aquello de lo que han carecido, propicia que las masas aumenten sus esperanzas, pero al mismo tiempo sus latentes deseos de desquitarse y quizás de linchamientos, dados los casi 80 años de notables diferencias económico-sociales.

¿Ya se habrán dado cuenta los candidatos, la que están armando? ¿Alguno habrá calculado la respuesta que tendrán los ardidos y dolidos militantes segundones, si es que sus “esperanzas” se ven reducidas a cenizas? Y aquí cabe mencionar, que hemos observado a los seguidores de un partido en especial, cómo es que han sido incontrolables, vulgares, y harto violentos. Por obvio todo esto no es, sino una consecuencia del deplorable antecedente del “hartazgo” que han provocado gobiernos concatenados, aunado a incorregibles líderes de partidos deshonestos, colmados de ladrones, abusivos, asesinos, y apátridas, en toda la extensión y claridad de las palabras.

Agregaré que aunque algunos políticos actuales también son sobrevivientes del llamado parteaguas del 68, muchos han sido y se han comportado como imperfectos cínicos, que muy pronto aprendieron a vender-comprar sus “ideales”, si es que en esto cabe la palabra ideales. Para agravar esta problemática, todos están dispuestos a “ganar”, al precio que sea, la presidencia, que sabido es que ha sido una “presidencia monárquica”, que ha permitido que todos los gobernantes, funcionarios y otros pseudo-representantes de las clases obrera y campesina, vivan una vida escandalosa y dispendiosa, que ha aumentado las medibles diferencias de todos estos sinvergüenzas, con la ciudadanía en general, que ha permanecido intemporalmente aquietada, pero con sed de justicia.

Veamos entonces, sin pretender ser algo así como un agorero de la ennegrecida vida de la política y politiqueros nacionales, que las cosas no son fáciles, que requerimos de hacerles ver y entender a los vehementes y un tanto patológicos aspirantes, que lo adecuado sería modificar el sentido de sus promesas, así como el sinsentido de sus discursos, para que logremos un país unido, y no dividido, pero sobre todo menos polarizado, pues en esto de la mentada globalización, los ojos de insospechados inversionistas están también “pendientes” de lo que va a suceder en nuestro amado terruño. Inversionistas que no dudarían en evitarnos, si se llega a asentar la violencia, aunado a la inseguridad en que vivimos, o las “mordidas” (cohecho) que ya tienen contempladas en todos los países del mundo, que comercian con México (¡Qué pena!).

Ahora bien, ahora mal, ahora peor, ya todos los mexicanos conocemos la participación que están tomando algunos religiosos, con “velados” proselitismos disfrazados de “buena fe”, en asuntos que no son de su injerencia. A todos ustedes les sugerimos que lo prudente es que escriban en una cartita dirigida al cielito lindo, en donde manifiesten sus inquietudes, y hasta les deseamos que obtengan alguna respuesta -si esto es factible- pero ya no anden interviniendo en asuntos terrenales, pues conviene que recuerden lo que ha sucedido en distintas épocas, en donde su papel se ha visto rebasado por su necedad de querer meter las narices en donde no les llaman, aún reconociendo que “íncubos y súcubos”, aunados al elfo del mal, les abrieron la puerta para participar en asuntos de la vida nacional. Mejor pónganse a orar, para que suceda el milagro de que los gobernantes enriquecidos hasta la nausea, regresen lo que han robado. Claro que si estos ladronzuelos ya son sólo esqueletos, ustedes insistan solicitando una divina intervención, para que suceda el milagro de que los herederos de todos estos bandidos, se rediman regresando lo que sus padres abusivamente se adjudicaron. Y si esto de pura casualidad se llega a dar, que lo dudo, juro que modificaré mi costumbre de dudar.

Entonces si alguno de los aspirantes a ocupar la presidencia de la República, requiere de psiquiatras, psicólogos, orientadores vocacionales, y otro tipo de consejeros “externos”, que no sean de sus rastreros incondicionales, pues usen un poquito del presupuestote que tienen, y les aseguro que ni en sueños de opio cobraremos ni re-mota-mente, lo que ustedes gastan en publicidad, comidas, francachelas, y pue´ que hasta en sus movidas. Y que conste que esto de atenderlos, es con la sana intención que va desde aconsejarles y tratarlos, hasta internarlos envueltitos en su camisa de fuerza -llegado el caso-, porque además ya surgió alguien de adentro de los partidos políticos, que se ha percatado de los cambios que sufren de ser gente normal, para transformarse en enfermitos desubicados. Iniciativa que apoyaremos incondicionalmente y de buen agrado, ¡sin duda alguna!

Finalizaré este capítulo diciendo que México merece un mejor sitio, así como un mejor futuro, y que esperamos muy sinceramente que los actuales políticos y los miembros de sus gabinetes cambien de formas, pensamientos y modos de actuar, porque México lo requiere, y los mexicanos los exigimos. ¡Ah, y por favor, no anden recurriendo a asesorarse con extranjeros, o avergonzados renegados/as de México, de sus nombres, apellidos y costumbres, que para eso precisa-mente estamos los que nos sabemos orgullosamente Mexicanos! Que conste, para que no obste, esperando que estos comentarios les lleguen, aunque sea por alguno de sus chismosos incondicionales.

Dr. Alfonso Valdivia Medina, conocido actualmente como el “Citlalio-Popocatépetl” entre sus cuates, pero muy macho, eso sí, hasta las cachas, aunque también en las nachas y otras partes medio gachas, que conforman mi mexicanísima corporalidad.

PS.

Entre los individuos como entre las naciones,
el respeto al derecho ajeno es la paz.
Benito Juárez García.

En los cortes televisivos que muestran la imagen del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, como si fuese el “enemigo a vencer” y haciendo de su persona el escarnio de autoritario y no sé cuantas idioteces más, nos permite descubrir la estupidez de aquellos publicistas y correligionarios de un incierto partido político mexicano, que se atreven en conjunto a señalar a un Presidente que fue elegido por los venezolanos, que son los únicos con derecho a señalar virtudes y defectos de su presidente y nadie más.

Por lo que el gobierno de México deberá (o debería, si tuviera congruencia y capacidad diplomática) investigar y sancionar, al o a los estúpidos que se permitieron que esta afrenta se efectuara hacia un presidente extranjero, pero también a un pueblo, que frente a tal improperio, afecta no sólo al político mexicano con el que se pretende equipararlo, sino a todos y cada uno de los mexicanos que calladamente aceptan esta violación al derecho internacional. Pero no es todo, ya que la parte esencial reside en tener que reconocer que infinidad de presidentes mexicanos, gobernadores, diputados, secretarios de estado y una caterva interminable de servidores públicos, se han comportado como auténticos bandoleros en el manejo de nuestro amado país, pero que además suma a todos los aspirantes a presidirnos, ya que ninguno ha abierto la boca, (ni el pensamiento) para condenar un acto de absoluto intervensionismo inmoral, perverso e indudablemente equivocado. Conviene mencionar que también en nuestro país, han existido y existen honorables personajes, y como ejemplo baste señalar al mismo Benito Juárez, o al querido ex presidente Lázaro Cárdenas del Río, también conocido cariñosamente como “El Tata”, que entre los usos y costumbres de los mexicanos, representa la designación que se da un padre de familia amoroso.

Por obvio, faltaría mencionar a algunos otros mexicanos ilustres y honorables, pero que no son tantos como quisiéramos, aunque con este señalamiento no han de faltar los gusanos apátridas y rastreros incondicionales, que de inmediato han de querer agregar a bandidos y saqueadores nacionales, pero que sin duda obedecen a intereses individuales, dadas las prebendas que les han sido otorgadas indudablemente, pero que nos merecen desprecio, molestia y asco, sobre todo conociendo y reconociendo las historias de enriquecimiento ilícito, abusos e infinidad de bajezas perpetradas hacia México y los mexicanos. He dicho, y seguiré diciendo mientras no me callen, por eso agradezco “ad infinitum” a Veneno, la oportunidad de expresarme sin sancionar, limitar o modificar mis escritos.

* Médico mexicano.

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