Cuento


EL RATÓN ABURRIDO Y EL EMPLEADO...


Arturo Mora Torres *

Con afecto para mi amigo, Javier Valdés.

También por necesidad se trabaja.

Un ratón aburrido vivía en el escritorio de un empleado de una compañía particular. El ratón se encontraba frente al pobre empleado y los dos se contemplaban sin decir nada. De vez en vez, el empleado (frustrado, cansado y con un dolor permanente en la base del cuello) lo tomaba y lo llevaba a pasear (al menos eso parecía en una primera instancia) por la superficie del escritorio para, inmediatamente volver a dejarlo casi en el mismo lugar donde lo había tomado.

Esta rutinaria relación entre el ratón y el empleado se había vuelto aburrida, cansada y desesperante. El ratón quería conocer el mundo a su alrededor, pero su cola se encontraba atada, encadenado de alguna manera, a una pesada plancha metálica de forma rectangular que le impedía escapar. El pobre ratón se la pasaba todo el día y todos los días imaginando qué podía hacer para escapar de su monótona existencia.

Por su parte, el pobre empleado sufría un tormento parecido. Vivía pegado a un escritorio que, de una u otra forma, lo anclaba a una “existencia” llena de frustraciones. Lo irónico de la situación era que ninguno de los dos conocía la realidad del otro y, se la pasaban envidiándose mutuamente. El ratón lo veía partir todos los días a las 6:00 p.m., y se imaginaba los (al menos) interesantes lugares a los que podría ir. El empleado envidiaba la quietud con que reposaba el ratón y la posibilidad que éste tendría para viajar por el gran mundo de la imaginación.

Un día, en que los dos se quedaron observándose mutuamente, se escuchó, apenas, un clic, y el ratón se volvió empleado y el empleado devino ratón, pero en la oficina nadie notó nada y la vida transcurrió como siempre, con un ratón aburrido viviendo sobre un escritorio y un empleado frustrado detrás de un escritorio. Lo curioso de esta situación es que, al parecer, dicen por ahí, ésta se repite cotidianamente, cada vez con más frecuencia en todo el mundo sin que nadie sepa si siempre ha sido lo que es o, si ha sufrido conversiones a lo largo de su existencia.

Mientras, la vida sigue igual, el mouse conectado a una computadora y el empleado a un escritorio.

* Fracasado recurrente, empedernido soñador.

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