GUERRA MUNDIAL
El sentimiento de exclusión hacia el otro, enseñado al estilo del lavado cerebral por los medios de comunicación transnacionales o pseudo nacionales y sin mucho contrapeso en la educación académica que hoy por hoy ha puesto a contender a las empresas privadas educativas contra las públicas dejando a la formación familiar en absoluta desventaja; se expresa en odio, que llevado a la acción se traduce en enfrentamientos armados, algunos en el marco de las convenciones bélicas y en muchos más casos según formas arteras y traicioneras para poder acabar con el rival, violando todos los acuerdos internacionales que se han establecido para la lucha y atacando con intencionalidad a población civil, víctima muerte, terror y devastación. Con la vertiginosa recuperación del capitalismo desenfrenado de finales del siglo XIX; en la última centuria, la humanidad ha estado sometida a las acciones violentas de grupos fanáticos con toda la variedad de “ismos” desde el encumbramiento del comunismo, luego de la caída del zarismo, hasta la invasión multinacional de Irak, auspiciada por los dueños del capital mundial. De nada ha servido a la evolución del primitivo hombre cavernario los testimonios de las primera y segunda guerra mundiales, la quiebra del sistema financiero en Wall Street en 1930, el surgimiento del falangismo, el fascismo y el nazismo, la Guerra Civil Española y la dictadura de Franco, las constantes invasiones en Europa con la consecuencia bélica de los Balcanes, las guerras por el mercado de petróleo, minerales o toda suerte de materia prima, inclusive en América Latina; ni parece mover a la piedad de nadie, los millones de niños y ancianos muertos en el medio oriente, África o Asia.
Con perversidad sin límites, los dueños del dinero ocultan a las nuevas generaciones las consecuencias de matanzas étnicas de millones de negros, judíos, gitanos, vietnamitas o musulmanes. Poco o nada saben -ya no digamos los escolares de secundaria, ni siquiera muchos estudiantes de licenciatura- sobre las implicaciones de la derrota del Eje, Alemania- Italia- Japón- la utilización de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, la Guerra Fría entre la Unión Soviética apoyada en el Pacto de Varsovia y sus adherentes, contra Estados Unidos y sus aliados de la OTAN; la creación del Estado de Israel, y las permanentes guerras con los países árabes vecinos; la Revolución China de Mao Tse Tung o la Guerra de Corea entre el comunismo y el capitalismo. Para los habitantes, menores de 35 años en el planeta, los buenos y los malos son predeterminados por las caricaturas de los Cuatro fantásticos, los increíbles, las tortugas Ninja, Superman o el hombre murciélago y su competidor spider man.
Es utópico desear la paz para el futuro, sin caer en simples expresiones de deseos ingenuos o hipócritas, si en este anhelo se pasa por alto el hecho de que no hay en el mundo ningún atisbo de variación en las estructuras de poder. Cuando en México los autores del desmantelamiento agrario, de las instituciones de seguridad social, de salud o de la estructura sindical mexicana -vía su prostitución y corrupción consuetudinaria- impostan lo que es la voluntad del pueblo para investir de una autoridad que nadie les ha dado, a los supuestos paladines de la democracia y convertir así en voceros de la patria -lo mismo quienes ganaron que los derrotados en las urnas- a cavernícolas histéricos o cantantes desafinados; lo que tenemos es la semilla de otra confrontación sin límites por la ambición de concretar la apropiación total de los energéticos y en general los bienes que constitucionalmente pertenecen a la Nación. Si al final de esta guerra de mercados nos queda algo más que la devastación total, quizá, sólo quizá, resurja el espíritu del homo sapiens, para revertir esta inclinación destructora del entono y de la propia raza humana.
* Comunicóloga.