Cine


LOS DERECHOS HUMANOS EN LA COLONIA PENITENCIARIA: UNA MIRADA A LA FILMOGRAFÍA DE ALAN PARKER


Alfredo Villegas Ortega, Armando Meixueiro Hernández y Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán *

I Alan Parker

En esta ocasión, para la revista Veneno tres de nosotros, adictos al arte cinematográfico, reconocemos la debilidad compartida por algunos directores cinematográficos favoritos. La lista es sólo representativa: Kubrick, Buñuel, Kurosawa, Wenders, Allen, Chaplin, Welles, Tornatore, Coppola, Hitchcock, Scorsese, Weir, Fernández, Kieslowski, De Sica, Godard, Fons, Lombardi, Luna, Subiela, los Coen y por supuesto Alan Parker. De este último, decidimos indagar sobre cinco de sus obras cinematográficas, con la esperanza de compartir uno de nuestros gustos.

De este director inglés (1944) nos sorprende su capacidad para retratar la profundidad humana ante situaciones adversas (Birdy, 1984; Evita, 1996; Las cenizas de Angela, 1999; La vida de David Gale, 2003), su descripción de las siempre tensas relaciones humanas (Expreso de media noche, 1978; Mississipi en llamas, 1988), la muy notable fotografía sobre los procesos educativos (Fama, 1980; Pink Floyd. The Wall, 1982; Cuerpos perfectos, 1997) y los pactos que han de cumplirse (Corazón Satánico,1987).

Sin embargo, entendemos la relación múltiple, diversa, compleja e infinita entre el cine y la educación y no necesariamente a nuestros gustos fílmicos, aunque, no pocas veces suelen coincidir. Por lo que hoy la dedicaremos a Alan Parker y algunos de sus filmes que se vinculan estrechamente con nuestro objeto de indagación, en este caso la educación para los derechos humanos, una rotunda crítica a la escuela y una muy breve reflexión sobre la ilusión de la capacitación, con un aderezo de acompañamiento de reconocido escritor checo.

II

Hoy, como siempre, resulta imprescindible educar en el respeto a los derechos humanos. Los horizontes curriculares lógicos se encontrarían en las asignaturas de formación cívica y ética de secundaria, educación cívica en primaria o ética en el bachillerato, aunque tendría que ser tarea de todos los que educamos, sea el nivel o asignatura que sea. El hecho de que la lectura crítica del cine sea un canal idóneo, para éste y otros tópicos, ya pocos lo cuestionan. Hay filmes cuyas bondades didácticas al respecto podrían ser explotadas. Incursionemos en parte de la filmografía de Alan Parker, digno exponente de temas relativos a los derechos humanos porque en la mayoría de sus cintas denuncia de un modo peculiar los problemas que la sociedad contemporánea genera frente a las necesidades de lo humano.

Parker detalla las encrucijadas en las que desemboca el hombre cuando se ve constreñido por una maquinaria social, semejante a la que describe Kafka en su inusitado relato En la colonia penitenciaria.

Expreso de medianoche “Es un aparato singular -dijo el oficial al explorador, y contempló con cierta admiración el aparato, que le era tan conocido. El explorador parecía haber aceptado sólo por cortesía la invitación del comandante para presenciar la ejecución de un soldado condenado por desobediencia e insulto hacia sus superiores. En la colonia penitenciaria no era tampoco muy grande el interés suscitado por esta ejecución. Por lo menos en ese pequeño valle, profundo y arenoso, rodeado totalmente por riscos desnudos, sólo se encontraban, además del oficial y el explorador, el condenado, un hombre de boca grande y aspecto estúpido, de cabello y rostro descuidados, y un soldado que sostenía la pesada cadena donde convergían las cadenitas que retenían al condenado por los tobillos y las muñecas, así como por el cuello, y que estaban unidas entre sí mediante cadenas secundarias. De todos modos, el condenado tenía un aspecto tan caninamente sumiso, que al parecer hubieran podido permitirle correr en libertad por los riscos circundantes, para llamarlo con un simple silbido cuando llegara el momento de la ejecución”.

Así, Alan Parker hace un recorrido que parece describir tanto las partes del extravagante aparato como la manera en que el condenado es castigado sin conocer a ciencia cierta su delito ni su sentencia. El director inglés hace en varias de sus películas una disección meticulosa de las contradicciones que entraña asumir los derechos humanos en una sociedad contemporánea diseñada escrupulosamente para marcar en cada cuerpo y en cada alma la disposición que haya violado. Alan Parker, a través de su filmografía parece cuestionar: ¿Y en todo esto dónde están los derechos humanos?

Veamos algunos ejemplos.

“Bueno, ésta es la Cama, como decíamos. Está totalmente cubierta con una capa de algodón en rama; pronto sabrá usted por qué. Sobre este algodón se coloca al condenado, boca abajo, naturalmente desnudo; aquí hay correas para sujetarle las manos, aquí para los pies, y aquí para el cuello”.

1. En Expreso de medianoche (1978) observamos la descripción de un sistema carcelario despiadado, que atenta contra la dignidad humana, contra los más elementales derechos. Bin y Hayes (Brad Davis), el personaje central, se pudre en la cárcel en la que aprende lecciones fundamentales acerca de la amistad, la traición, la solidaridad, la desesperanza. Aprende valores y antivalores como seguramente no lo logró ninguna universidad norteamericana a la que pudiera asistir. Los aprendizajes significativos -cabría añadir a las nuevas teorías pedagógicas en boga- son los que dejan huella, los que pegan, por los que se paga alienando la libertad, la intimidad, la simple expresión de nuestros más sencillos deseos. Esos aprendizajes no se olvidan. La dignidad pisoteada, la esperanza como único bastión y luz que se sigue viendo desde lo más recóndito del túnel y da chance de soportar las miserias humanas, la miseria propia. ¿De qué sirve saber que existe una ley, sin referencias, o si ésta es la que me oprime? ¿Qué es el estado de derecho? ¿Qué es la libertad? ¿Se puede aprender en una lección escolar? Mississippi en llamas

“Además, uno de los engranajes del Diseñador está muy gastado; chirría mucho cuando funciona, y apenas se entiende lo que uno habla”.

2. En 1982 se estrena una película que causó gran impacto entre la juventud de los ochenta, constituyéndose como el modelo más recurrente de protesta frente a la sociedad: se trata de Pink Floyd. The wall. Filme musical en el que actúa Bob Geldorf personificando a Pink, un famoso vocalista de rock que sufre perturbaciones provocadas por las drogas y por su conflictiva personalidad.

La cinta Pink Floyd. The wall se nos presenta como un proceso alucinatorio que va desenmascarando los represivos mecanismos de control generados por la sociedad inglesa, a través de la excelente música del grupo de Roger Waters y del espléndido montaje visual sobre la vida de Pink.

Así, el protagonista va mostrando y cuestionando cada uno de los “ladrillos” que obstruyen la penosa realización de su personalidad. En escena van apareciendo, y se desvanecen, las diversas instituciones que conforman el engranaje social: la familia, la escuela, la relación de pareja, la comunicación de masas, etc. La Segunda Guerra Mundial marca la desestabilización de las estructuras sociales y como consecuencia de ello, la incredulidad en sus instituciones. Pink, que pierde a su padre en esa guerra, vive en carne propia el torbellino de transformaciones que experimenta el individuo y la sociedad en todos los niveles.

La escuela, como uno de los principales bastiones de la sociedad encargada de educar en forma rígida, represora y enajenante es criticada hasta su destitución. La famosa canción “Another brick in the wall” (Otro ladrillo en la pared) es el catalizador de todo un sentimiento de rebeldía que se prefiguraba en el ambiente posterior a la gran conflagración y que tiene sus primeros indicios en la constitución de grupos pacifistas, en los inolvidables movimientos estudiantiles, en la generación de una contracultura y en la irrupción de la voz, apenas perceptible, de las minorías.

Pink Floyd. The Wall Pink Floyd. The wall representó una protesta al proyecto de Modernidad que se había instaurado como el único modelo de desarrollo para un país, develando una ausencia de derechos humanos. Así, la crisis cultural generalizada que se estaba viviendo, y que se expresaba como enajenación a través de los medios de comunicación de masas, en la pérdida de autoridad de las diferentes instituciones sociales y en la desestructuración del individuo, sirven de escenario para el cuestionamiento de la modernidad en su conjunto. ¿Dónde quedan los derechos humanos? Jean Baudrillard afirma que cuando se institucionaliza un derecho es porque éste ha dejado de existir. Entonces: ¿Dónde ha quedado el humanismo? ¿Dónde queda la existencia humana?

“La Rastra parece trabajar uniformemente. Al vibrar, rasga con la punta de las agujas la superficie del cuerpo, estremecido a su vez por la Cama. Para permitir la observación del desarrollo de la sentencia, la Rastra ha sido construida de vidrio”.

3. Mississippi en llamas (1988), con las soberbias actuaciones de Gene Hackman y William Dafoe como los agentes del FBI, Anderson y Ward, respectivamente. Estos llegan a un poblado de Mississippi a esclarecer un crimen de carácter racista en el que esta involucrada la policía local. El filme es la penetración a uno de esos terrenos en los que sistemáticamente se han violado los derechos de los negros (como en Sudáfrica, antes de Mandela). Territorios del retrógrado sur estadounidense en el que, hasta los sesenta, los negros carecían de los más elementales derechos civiles, si bien los rezagos culturales de toda esa tradición engendrada vía Iglesia, escuela y familia seguramente persisten.

La discriminación, la negación de la condición humana a los negros, confiesa la señora Pell (Frances McDormand) esposa de uno de los policías del pueblo a Ward no es innata, es una situación aprendida. Los enseñan a odiar, a descalificar al diferente. El Ku Klux klan se enraiza en el pensamiento y da forma a esa ideología -más asquerosa que los pantanos regionales de ese sur estadounidense-. No podía ser en otra parte, no podía esperarse menos de quienes se educaron bajo premisas tan estúpidas. Ese tristemente célebre KKK, educa verdaderos monstruos desde muy pequeños. Les cambian la inocencia por un mundo enfermo, alimentado por fundamentalismos bíblicos tergiversados que, como tablas de multiplicar, penetran sistemáticamente, día con día, en la mente de infantes, quienes, sin saberlo, van camino a reproducir esos esquemas ¿por cuánto tiempo más? Cuerpos perfectos

“La Rastra parece trabajar uniformemente. Al vibrar, rasga con la punta de las agujas la superficie del cuerpo, estremecido a su vez por la Cama. Para permitir la observación del desarrollo de la sentencia, la Rastra ha sido construida de vidrio”.

4. En Cuerpos Perfectos (1994) se relata un hecho conmovedoramente instructivo: Kellogg -el mismo del cereal- tiene una gran cantidad de hijos, naturales y adoptados. Esto, sin duda, implica un esfuerzo para instruirlos. Un día llegan a la casa y un pequeño avienta su saco. El viejo Kellogg se molesta obligándolo a subir una escalera y colocar el saco en un perchero, luego descolgarlo, bajar, tirar, recoger y volver a subir. Así lo hace el niño. Una y otra vez. Hasta en la noche el padre recuerda que no le ha levantado el castigo. Se dirige al niño y le dice que ya estuvo bien. El niño ve a su padre y lanza el saco al aire.

El Sr. Kellogg obsesionado por formar cuerpos perfectos: sanos, higiénicos, rozagantes, saludables, siembra en sus propios hijos el gérmen del resentimiento. ¿En dónde queda lo verdaderamente humano? ¿En qué consiste la inalcanzable naturaleza humana?

“-Como usted ve -dijo el oficial-, hay dos clases de agujas, dispuestas de diferente modo. Cada aguja larga va acompañada por una más corta. La larga se reduce a escribir, y la corta arroja agua, para lavar la sangre y mantener legible la inscripción”.

La Vida de David Gale5. La reciente película del maestro Parker, por cierto coproducida con Nicolas Cage, es La Vida de David Gale (2003). Esperaba más del maestro, pero me quedo con el guión de Charles Randolph y la actuación de Kevin Spacey en su papel de David Gale activista contra la pena de muerte en otro estado emblemático para la violación de los derechos humanos: Texas.

Gale es un catedrático universitario de filosofía en Texas con una bien ganada reputación académica y también, alcohólica. Su preocupación por suprimir la pena de muerte en el Estado (en el que, por cierto, un buen número de mexicanos han sido asesinados legalmente con tibias intervenciones, en casos, del gobierno mexicano), lo lleva a escenarios insólitos en los que un fundamentalismo sirve para intentar detener una política regida bajo esa misma lógica. Los extremos se encuentran. Legal e inmoralmente por parte del estado; moral, consecuente y trágicamente por parte de Gale, Constance (Laura Linney) y un vaquerito sureño que resulta su cómplice: la antítesis se resuelve en obsesión por la ley (Estado) o recuperación de la dignidad y el derecho a la vida (activistas). En ambos casos, todo un sistema educativo ignoró el pensamiento aristotélico: no hay equilibrio. La irracionalidad hace que puntos distantes y opuestos se encuentren. La sanción irracional del estado versus la exhibición trágica de esa irracionalidad con otra del mismo tamaño, aunque con una carga moral, en efecto, muy diferente. Sociedad americana que se revuelca moral y legalmente en el umbral de la locura.

Algunas preguntas que se desprenden de la película son, a nuestro juicio: ¿Hasta dónde debemos llegar en la defensa de nuestros principios? ¿Se puede derribar la irracionalidad con principios de la misma índole?

Y sobre las cinco películas, otra duda: ¿a qué racionalidad jurídica, educativa, racial, instrumental y humana debemos responder ante la carencia de las mismas que se hacen evidentes en películas como las anteriores?

* Los tres son maestros de educación superior y desarrollan el proyecto Cine y Educación, que ya tiene tres productos editoriales: La vida es mejor que la escuela; Maestra vida y Cine, educación y globalización.

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