EL RE-CUENTO
Alfonso Valdivia Medina *
Había una vez un cierto y a la vez incierto país, en el que dominaba un partido político que, sexenio tras sexenio, hacía que sus candidatos a la presidencia ganaran y ganaran sin discusión alguna, claro que el colmo de las desvergüenzas fue cuando hicieron que ganara un perruno candidato, a pesar de no haber existido contrincante alguno, por imposible que sea de ser creído. Pues bien, resulta que una cierta noche, uno de sus tantos “ganadores”, dio por reconocer con el 7 o 9 % de casillas computadas, el triunfo de “otro” candidato no perteneciente a su partido; mucho se comentó que esto se debió a las presiones internacionales que, “hartas” de que no existiera ni re-motamente ningún viso de democracia, lo presionaron para que disfrazara -aunque fuese un poquito- de esa cosa tan inexistente denominada demos-pueblo, crace-gobierno, en aquél país tan fantástico.
Pues bien, antecedentes de abusos habían sido tolerados por aquel pueblo conformado con resignados ciudadanos que sabían a ciencia cierta que, el rebelarse a esos manejos, les podría costar desde la pérdida de su trabajo, hasta la vida misma, y por esto mismo es que se habían “acostumbrado” a que los llamados priistas hicieran lo que les diera la gana, incluso cosas como aquellas de tener que aceptar que se cayera un sistema computarizado para contar votos electorales y quemarlos posteriormente y que “supuestamente” demostraban el fraude. Acción promovida, (la del quemón) por un tipejo que fue recompensado en forma generosa con tierras diamantinas, como en los viejos feudos.
¡Qué lejos estaban aquellos villanos de saber lo que sus acciones condicionarían en aquél pueblo saqueado que había generado millones y millones y millones de pobres, los que buscarían tarde o temprano la forma de desquitarse de aquellos malhadados conciudadanos!
Como suele suceder en estos eventos, paulatinamente se les fue escapando de las manos el control y sumisión de aquellos pobres, resultando que de pronto la ciudadanía y sin siquiera saber el cómo, o qué realmente había sucedido, pero su participación empezó a ser tomada en cuenta, sin cuento, pero de verdad sin cuento alguno, aunque en el fondo y trasfondo de todo esto, los estaban “cuenteando”. Y así lo menciono, porque siempre se ha sabido que los villanos, nunca dejan de ser villanos, así como los lobos, siempre son los lobos, y los líderes esencialmente no habían cambiado, ni lo harían porque simple y llanamente no les convenía cambiar, ya que así y de esta forma fueron creados, más que concebidos, pues difícilmente una madre piensa en malparir bandoleros, asesinos y cosas así.
Y así y por siempre, y como si hubiese sido algo parecido a “La historia sin fin” de Michael Ende, millones vivieron pobres y tristones, y unos cuantos felices, pero ladrones, y colorín colorado, este cuento se ha acab... ¿Qué; que debo continuar? Pues entonces continuamos.
Años más tarde, resulta que se convocaron a nuevas elecciones presidenciales en ese exótico, desfasado y aguantador país, y aunque se volvió a dar participación al vetusto y decadente dinosaurio, que finalmente fue derrotado, resulta que surgió un retoño de aquél dinosaurio, mientras otros se coaligaron, claro está, más la presencia de ese otro partido que había sido favorecido con aquella sorpresiva decisión seudo democrática.
El resultado final se caracterizó por haber sido muy competido, muy cerrado y algunos alegaron que con irregularidades varias. Sin embargo, eso no es lo más importante, ni mucho menos el meollo del asunto, ya que dado el involucramiento que se le dio por primera vez al pueblo en general, resultó que las posiciones partidarias se vieron “inexplicablemente” abanderadas por incontables ciudadanos, y esto es sólo una forma de decir las cosas, ya que la verdad fue que muchos se sintieron con el derecho de adherirse y defender “a muerte”, las ideologías que les vendieron los indoctrinadores de grandes masas estupidizadas, por estúpidos estupidisadores. (Esta especie de trabalenguas, es parte del cuento y re-cuento).
La trampa entonces, es que incontables débiles mentales, que en este caso fueron millones y millones en ambos bandos, pues se tragaron el anzuelo y se dieron a tomar posiciones, a vociferar, a esgrimir, y de muchas formas a defender “ésta” su primera participación abierta, lo que condicionó que poco a poco se fueran polarizando los seguidores de tal o cual político a la mexicana; Esto es, la de los políticos inmorales que inmemorablemente se han caracterizado por ser deshonestos, arbitrarios, convenencieros, tramposos, rateros, saqueadores, bandidos, arrastrados, fraudulentos y miles de cosas más, indiscutiblemente sucias y malolientes, pues siempre y desde siempre se ha sabido, que la mayoría han emergido de cloacas inmundas. Claro que vale la pena aclarar que no todos, ni todas, pero con toda la pena del mundo, para aquellos que no sean mexicanos y que de pura casualidad puedan leer estos escritos, me sobran los dedos de las patas, porque las manos no las expondría por ninguno de todos estos sátrapas embaucadores, que pueden escapar de estas certeras señalizaciones, aunque no todos, insisto, pero casi todos/as.
La cosa es que el pueblo tomó participación activa y dio por defender a ambos cuatro, hay perdón, a ambos dos, con razón o sin razón, sin embargo y en el fondo de sus frágiles conciencias, lo que en verdad estaban y siguen defendiendo, es que por primera vez se les ha tomado en cuenta, ya que si más tarde descubren a la serie de “obscuros personajes de aviesas intenciones que conforman los partidos políticos”, no estarían defendiendo a ultranza a tales raterillos tan perpetuamente conocidos. Y que conste que no señalo a ninguno en particular, pero rascándole un poquito a su deshonroso pasado, de inmediato les surge la mugre por todos los poros que conforman esas pieles repletas de antiguas putrefacciones tóxicas.
A este panorama desolador, se han sumado por supuesto, a variopintos comentaristas de radio, televisión, periódicos y revistas, algunos y algunas de los cuales, se han sentido con el extraño e inusual derecho de sentirse algo así como la conciencia nacional, o dicho de otro modo, opinadores y defensores de lo que estos/as consideran que es lo mejor para el país, con lo cual no han logrado sino aumentar la polarización que se está viviendo en estos días en nuestro amado terruño. Cabe mencionar que algunos de estos comunicadores de pacotilla, hasta se sienten con el derecho de burlarse y cuestionar a los dos finalistas, y se burlan socarronamente de las opiniones que estos emiten, pero ni siquiera lo hacen abiertamente, sino en eso que se conoce como “psicología inversa” que sustentada en el miedo y la cobardía que se desprende de saber concientemente que existe o subsiste la posibilidad final, de que algunos de estos, por mecanismos aún no definidos, llegue a ocupar la presidencia de la república, pues ya los veremos después de esta definición, de lamebotas y poniéndose de tapetes, porque además y en esa doble moral convenenciera y muy rastrera, vociferarán: “Si se los dije, yo ya sabía quién era el bueno” y cosas por el estilo, pusilánimes baratos, inmundos gusanos y gusanosas rastreros/as.
Claro que la patología, también atañe a los disputadores en cuestión, los cuales, ni se han dado el lugar que les corresponde, pero que han permitido que estos torpes y tendenciosos comunicadores, los manejen a su antojo, tan sólo por la necesidad que tienen de aferrarse a comunicar sus propias creencias, pues en sus ansias locas de lograr el poder que otorga la presidencia en México, y en casi cualquier país, son capaces de hacer “cualquier cosa” que les permita llegar a la meta final, y ungirse con los aceites y aromas del poder, pero finalmente ellos están en su papel, juegan su papel, se limpian con el, y a veces hasta son capaces de comérselo, a pesar de que esté “usao”, y todo esto es entendible, no digerible.
Pero qué el pueblo, que las más de las veces no resulta beneficiario de ese poder sexenal, esté llegando a convertir las ideologías políticas, en pasiones encontradas, es un craso error, que caro han de pagar, ya que si por alguna causa, se desatan los “chifladazos” (golpes, empujones, griteríos, improperios y otras violencias), los únicos que los han de recibir, son estos atolondrados ilusos ciudadanos, que ni remotamente serán considerados en los beneficios que otorga el poder, excepto que sean parte del partido, fracción o mezcolanza, pues nunca en ningún lugar, en ninguna época del mundo, han sido los ciudadanos, distinguidos con favores, prebendas, ni posiciones.
Lo triste y lamentable de este esperado re-cuento, es que las pasiones encontradas son capaces de incendiar odios y enfrentamientos entre familiares, amigos y compañeros de trabajo, lo que nunca sucede en la misma intensidad con los que conforman las posiciones partidistas, las que de una u otra forma tranzan y llegan a acuerdos en los que nunca jamás han considerado, ni tomado en cuenta, a esa masa informe llamada pueblo, o ciudadanía. Ellos se arreglan, se ponen de acuerdo, se ceden privilegios, se los otorgan, y finalmente se reparten y tienen toda la lana del mundo, casotas, cochezotes, ropa costosa, comida y bebidas de primera, mientras el pueblo, sigue en sus miserias, en sus necesidades inacabables, en sus frustraciones y fue el único que se enfrentó y generó toda una serie de odios acrecentados, que dista enormemente de los privilegios de los gobernantes, aunque estos se desgañiten gritando “El pueblo es primero”. Jajaja. Primero, ellos, después ellos, y siempre ellos, y usted amable lector, si no es parte de ellos, y no quiere rebajarse a ser servil, arrastrado y lametraseros para poder llegar a estar entre ellos, y tiene todavía un dejo de dignidad, ya no sea inocente, y no caiga en el juego de los sinvergüenzas políticos, que finalmente le están utilizando, no haciéndole partícipe, que es muy diferente.
Esperando que este re-cuento, les sea de utilidad a aquellos que piensan, aunque sea un poco y muy de vez en cuando, pues ya no se presten a ese juego sucio en donde los ciudadanos comunes y corrientes tan sólo son usados como peones de ajedrez.
Y sobre todo no olvidemos que en caso de continuar apoyando las necedades de ambos bandos, lo único que propiciaremos es el enfrentamiento de hermanos contra hermanos, o de mexicanos contra mexicanos, que ni remotamente serán siquiera recordados, si es que la sangre llega al río, como todo parece apuntar. Con profunda pena y absoluta convicción de que nada ha cambiado. Dr. Alfonso Valdivia Medina, que de ahora en adelante me auto proclamo, “Defensor independiente de los ciudadanos mexicanos comunes y silvestres”.
Nota: La biología es la biología, la vejez es la vejez, y el tiempo no perdona, ya que tarde o temprano cobra lo que hay que cobrar a los cobrones, lo mismo ex presidentes, que dictadores actuales, y no olviden que la historia se encarga de poner en el lugar que le corresponde a cada quién, aunque existan los y las que gustan de auto engañarse, así se quieran comer sus propias mentiras, o pretendan comerse su propia caca a puños, que es lo mismo de querer comerse la tierra a puños. ¡Guácala de perro de basurero!
* Médico mexicano.