TRES PRESIDENTES, TRES
Víctor Manuel Barceló R. *
Caminamos por la última decena de septiembre, con tres presidentes de la República: uno constitucional, a punto de irse -por fin...- otro electo y sin rumbo; un tercero "legítimo", nombrado en una Convención Nacional que se mueve "al filo de la navaja". Pero ser presidente implica parecerlo. Hasta ahora ninguno de los tres lo logra, aunque por diversas razones. El constitucional, nunca halló ruta, fue candidato y sigue siéndolo, sin comprometerse con los grandes temas del país que lo eligió. Para el electo -sin empuje, garra, menos imaginación- desde el interior de su partido -el PAN- y por los poros de la reacción social contestataria, hay demonios que no le permiten concretar nada. El músculo del tercero -el "legítimo"- se tensiona para crear nuevos organismos legales, al fin de cuentas sus acciones se mantienen en los linderos de la Ley. Pero en la práctica, ninguno gobierna, múltiples y graves problemas lo atestiguan.
Una lista incompleta de asuntos urgentes, se anteponen a la agenda para la recuperación del ritmo de crecimiento nacional. Desde aquellos conflictos que ofreció resolver en quince minutos, un presidente hoy en huída -el de Chiapas y su virtual ejército, que retó a las instituciones con armas en la mano- y los temas candentes de Oaxaca y su movilización popular; las matanzas de Acteal, Aguas Blancas y otras, que muestran la vergonzante incapacidad gubernamental, tanto para negociar con los actores, como para "dar un golpe sobre la mesa" y actuar conforme al derecho que asiste a los pueblos, de darse el gobierno que les convenga, que eso es finalmente la democracia.
Pero nosotros hemos caracterizado la democracia como un proceso electoral. Si este es transparente hay democracia. Por supuesto que es uno de sus elementos, pero debe ser consecuencia y no origen de la misma. Si las instituciones y sus normas, no cumplen con las expectativas de la población; si la visión de futuro de quienes gobiernen es corta, su práctica social y el respeto a la voluntad popular, no se mueven en la ruta del bienestar generalizado, efectivo y comprobable, ¿cómo queremos un proceso electoral transparente?
La democracia -como advierten los clásicos- tiene enemigos. Destacan: la intolerancia de sus corifeos más encendidos; la indecisión de gobernantes y sus grupos despóticos; la servidumbre, en el corto plazo, a los intereses de camarillas; la demagogia acendrada, junto al egoísmo de clase. De ahí derivan todos los vicios que acogotan a los procesos electorales, metiéndoles en el tobogán del dinero y los medios, como definitorios de elecciones de estado o cupulares.
La democracia debe aspirar a ser participativa, deliberativa, local; los ciudadanos -en pueblos y comunidades- cuentan con la posibilidad de proponer, discutir y aprobar, elementos para su vida en sociedad. Con ellos: conformar leyes, estrategias, reglamentos, determinaciones a todos los niveles de gobierno. No es un deseo, está normado por la Suprema Corte en el 2005, otorgando a los municipios, facultades cuasi legislativas para reglamentar aspectos esenciales de su vida.
Las condiciones actuales, con tres presidentes al mando, pueden hacer oscilar la vida política del país, entre lo que se denomina "democracia directa, por voluntad del pueblo", cuasi fuera del marco institucional vs. un gobierno constitucional, en que se refleje la realidad nacional, las posiciones encontradas de izquierdas y derechas, en ruta a un nuevo pacto social. Ello requiere una izquierda fuerte y apertura negociadora.
Las propuestas del -en vías de registro- Frente Amplio Progresista, no chocan con la posibilidad de acuerdos para una gobernabilidad de cambio, de recuperación de valores y acciones caras al sentir popular. Bien se cuidaron de no alterar el marco Constitucional, y eso les da mayor fuerza para incorporar estrategias, rumbo al fortalecimiento del país, en lo político y económico, con una amplia participación social. Concretarlo sería tarea del Congreso, en que aún seguimos confiando en su buen juicio, para no seguir enredado en el reparto del botín, volteando el rostro a las necesidades de un mejor y más fuerte gobierno, apoyado y vigilado por las tres mayores fuerzas políticas: PAN, PRI y PRD (Villahermosa, Tab. 24-Sep-2006).
* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.