LA LEY CONVERTIDA EN OBJETO
El uso exclusivamente retórico del concepto "Estado de Derecho" por líderes, políticos y populares, no avezados en la materia, es uno de los factores que han contribuido al generalizado incumplimiento de La Ley, elemento fundamental para: garantizar la paz jurídica, el mayor grado de libertad individual, así como establecer los límites a un ejercicio abusivo del poder. Cuando La Ley deja de responder a los anhelos que dieron sustento al pacto social y se convierte en instrumento al servicio de los intereses de unos cuantos, la consecuencia inmediata es su inobservancia. ¿Serán las excensiones discrecionales a banqueros y empresarios selectos, la causa primordial de la renuencia generalizada a pagar impuestos? Si la justicia penal no fuera selectiva y tortuosa ¿la población optaría -como lo está haciendo en toda América Latina- por los linchamientos? Sectores diversos de la población atienden convocatorias a la desobediencia civil como una consecuencia directa del uso faccioso y excluyente de las normas electorales, de seguridad y aun de ejercicio presupuestal de la hacienda pública. ¿Cómo puede exigirse a los maestros rurales el abandono de sus protestas, si sus líderes de forma descarada se ocupan únicamente de usufructuar el poder concedido por las cúpulas, en vez de atender sus responsabilidades para hacer viable un esquema de capacitación a niños y jóvenes, capaz de proyectar el horizonte de realización y desarrollo requerido en México?
Necesidad connatural al ser humano es obtener ventajas; sí por el pésimo ejemplo de sus modelos públicos -reforzado de forma lamentable por una comunicación masiva que impuso ideas como el que no transa no avanza- el pueblo aprende que obtiene más de la violación jurídica que del cumplimiento ¿porqué no habrían de surgir decenas de pseudo asociaciones de asistencia filantrópica -con el consecuente desplazamiento de las históricamente dedicadas a resolver problemas sociales no atendidos por gobiernos lánguidos e ineficaces de empresarios, por empresarios y para empresarios- si son conocidos los beneficios, pecuniarios y de imagen, de los involucrados en fundaciones oportunistas? ¿Cómo se espera aumentar la participación solidaria y armoniosa, si el actuar desleal de los mercaderes del altruismo, llega al colmo de hacer escarnio o cuando menos referirse con desprecio y conmiseración a ciudadanos no dispuestos a transgredir sus principios éticos ni las leyes que rigen su actuar?
Cuando una sociedad, no se inmuta al otorgar a criminales o malos funcionarios dispuestos a repartir el dinero robado o no devengado calificativos de: es buena gente, ayuda mucho, nos ha defendido, no se meten con nadie; y paralelamente considera, tontos, ingenuos, fuera de la realidad, idealistas, poco confiables o conflictivos al trabajador o empresario honesto, a quien lucha defendiendo a vecinos, ancianos, pobres, indígenas etc. sin más recursos que su tiempo y talento; lo que ha construido es el caldo de cultivo para el incumplimiento de la Ley y consecuentemente el resquebrajamiento del pacto social y el Estado de Derecho. Si esta descomposición se inició en las cúpulas de poder y se sostiene con la complicidad de medios empeñados en incumplir la legislación que les permite el uso de bienes de la nación, se convierte en absoluta mentira el discurso de respeto a la Carta Magna y las leyes que de ella emanan.
¿Tiene entonces el pueblo derecho a demandar esta inobservancia iniciada desde el vértice más alto del poder y sostenida cobardemente por quienes se escudan en las oportunidades del momento? ¿Serían las arengas a desconocer las instituciones, una legítima demanda de volver a los cauces de legalidad? ¿No resultaría más oportuna e idónea la denuncia jurídica contra los titulares de dichas instituciones en vez de contribuir a la completa anarquía? ¿Quién será el valiente con capacidad suficiente para evitar que La Ley siga siendo usada como objeto de dominio de los pocos sobre los muchos? Ni los reyes magos, me trajeron alguna respuesta a estas dudas compartidas por muchos mexicanos.
* Comunicóloga.