ALGUNOS PAPÁS DE LAS ÚLTIMAS DÉCADAS EN LA CINTA DE PLATA (Y EN OTROS MEDIOS)
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández *
Mis padres se dan cuenta de que he sido secuestrado y se ponen en acción inmediatamente: alquilan mi cuarto
Woody Allen
Los niños comienzan por amar a sus padres
Cuando ya han crecido, los juzgan y, algunas veces, hasta los perdonan.
Oscar Wilde.
Vargas Llosa, el excepcional escritor peruano, ha dedicado parte de su producción a ensayar sobre la importancia de la literatura. En el trabajo Un mundo sin novelas (2000) argumenta a favor de las letras de ficción algo, que los que hacemos la sección Filmoteca de aula, creemos sobre el cine como fuente de conocimiento (donde diga literatura o novela favor de leer cine):
"Nada enseña mejor que las buenas novelas a ver en las diferencias étnicas y culturales, la riqueza del patrimonio humano y a valorarlas como una manifestación de su múltiple creatividad. Leer buena literatura (ver buen cine, diríamos nosotros) es divertirse, sí; pero también aprender de esa manera directa e intensa que es la experiencia vivida a través de las ficciones, qué y cómo somos, en nuestra integridad humana, con nuestros actos, y sueños y fantasmas a solas y en el entramado de relaciones que nos vinculan a los otros (…) esa complejísima suma de verdades contradictorias de que está hecha la condición humana. Ese conocimiento totalizador y en vivo del ser humano".
El cine es una fuente de conocimiento en el que nos hemos esforzado en encontrar referentes educativos. El referente fundamental de las cuestiones educativas son los padres, antes que los maestros. Un buen padre equivale a cien maestros, decía J.J. Rousseau., de este tipo de padre, y también de los no tan buenos, son los que enfocaremos a través de algunas películas. De gigantes, tiranos, invisibles y humanos vulnerables trata la entrega de este mes.
Así, abordaremos -con una modestia y precaución infinita- el tema del padre en el cine, ante el reconocimiento pleno de que este objeto de estudio nos rebasa. Por lo que este artículo debe entenderse, acaso como una aproximación al inmenso imaginario social sobre la paternidad, construido en la cinta de plata. Es un primer acercamiento a esa complejidad humana llamada genéricamente: padre.
El comienzo del giro o la muerte del padre gritón y atrabancado
Una mujer decide encontrarse a sí misma por medio de la realización personal, abandona el hogar, con padre e hijo incluidos y nace el padre posmoderno en una sola cinta. Nos referimos a Kramer vs Kramer (Benton R. EU, 1979). Atrás quedarían padres, de otras culturas y tradiciones, como los que representara Fernando Soler en Una familia de tantas (Galindo A, México, 1949) o La Oveja negra (Rodríguez I. México, 1949), en las que el padre era el centro familiar, garante y referente obligado del que debería ser y hacerse en la familia. El limite exacto de las cosas. Aún en el cine americano -por citar un referente por todos conocidos- es imposible imaginar a Marlon Brando en El padrino (Coppola F. EU, 1972).cocinando waffles, lavando platos o corriendo por las calles para salvar al niño, ante un accidente, al momento de jugar en un parque. Los juicios que pudiera enfrentar este padre siciliano tenían que ver poco con el derecho a la paternidad.
De esta forma, con Kramer vs Kramer, la paternidad se volvió problemática. Antes parecía no existir o se reducía al cómodo rol de proveer las necesidades materiales de la familia, pero desde que la escuela, la familia y el Estado dejaron de ser lo que eran; desde que las instituciones sociales de la modernidad experimentaron un agotamiento, la función paterna desembocó en una encrucijada.
Ya Mattelart y Dorffman (1972) se interrogaban suspicazmente sobre la evasión de presentar una figura paterna en los dibujos animados de Disney: ni Mickey Mouse, ni el Pato Donald, ni Tribilín eran padres. Ni siquiera algún villano había tropezado en esas dificultades. Pedro El Malo y el Capitán Garfio jamás se preocuparon por llevar la preciada chuleta a sus hogares. Y bueno, ¿el tío Rico Mac Pato, Ciro Peraloca, o Pluto tenían hijos? Una misteriosa visión de los progenitores se yergue sobre los principales iconos de Disney.
De ese modo, Kramer es el arquetipo que moldea el futuro de la paternidad. El centro familiar ya no es él sino el hijo, incluso en la escena desconcertante en la que el pequeño corre a los brazos de la madre. Lo que vemos correr es el centro. En la renuncia final de la madre, es la centralidad a lo que claudica. El padre, qué remedio, se vuelve un poco madre. Ted Kramer intentará ser una buena madre. Hoy todo intento de ser buen padre tendrá elementos de Ted Kramer quien se fue diluyendo entre nosotros.
Este padre lo vemos repetido muchas veces con diferentes énfasis en incontables películas en que los hijos resultan mucho más inteligentes que el padre Matilda (de Vito D. EU, 1996) -este padre mínimo que no sólo le pasa desapercibida la inteligencia de su hija, sino que no sabe qué edad tiene, por lo que no va a la escuela y la percibe como un ser ajeno a su familia. Matilda encontrará en los libros la sustitución a los padres-, o de plano educando al papa; Hombre de familia (Ratner, EU, 2000) en la que la hija conduce al padre “marciano” (caído quien sabe de dónde) a volverlo a la normalidad. Estos niños educadores proliferan actualmente en la pantalla y en la vida cotidiana.
Ante esto hoy extrañamos a los padres gritones, atrabancados, distraídos, traviesos, pero esencialmente bien intencionados, que nos mostraron las exitosas series de Hanna Barbera en los sesenta y setenta. Pedro Picapiedra, Pablo Mármol y Súper son buenos ejemplos de ello.
La deserción del padre
Frente a la encrucijada que plantea la era posmoderna, distinguimos a los padres que desertan, desaparecen o salen huyendo. El padre ausente es uno de ellos y se repite con diversos acentos en cintas de la segunda mitad del siglo XX. Desde los niños trota calles sin orden, ley o concierto (Kids, La vendedora de rosas, Perfume de violetas, Barrio, Perversión, La vida en el abismo, y un largo etc. de vidas perdidas.), pasando por la incomunicación como factor de ruptura y huída (Paris-Texas), hasta cuestiones de dureza, de Carácter. El padre se desvanece, desaparece olvidando responsabilidades, formaciones, continuidades. Es el padre alcohólico que regresa a Irlanda, su tierra natal, después de intentar el sueño americano, sólo para volver a fracasar arrastrando a la familia (Las cenizas de Angela) o el también alcohólico y lúcido padre que identifica las capacidades diferentes de los hijos en La ley de la calle -Rumble fish- (Coppola, F.EU,1979). O la frase con la que arranca Scorsese sus Buenos Muchachos, en el barrio italiano de Nueva York, ante la falta de referencias en el hogar:
- Toda la vida quise ser un gángster.
Creciendo con el enemigo
Todavía hay algo peor que la ausencia del padre. El siguiente escalón en descenso al infierno es el padre golpeador. Niños sangrantes, con memoria de la furia desmedida señalando el cuerpo, con huellas de dolor imborrables de por vida. Huyendo, refugiándose en el silencio, buscando afanosamente una protección más allá del dulce hogar, en el que habita el enemigo, que da lecciones lastimando indefensos. Cuatro ejemplos de diversas regiones del planeta: El enemigo (1993, EU), El fanático (1996, EU), El silencio de Oliver (1997, Gran Bretaña) y El bola (2000, España).
La última obra mayor -sobre todo por la impactante fotografía- que toca el tema de un padre desertor y que luego regresa para maltratar a sus hijos, es El regreso (Zvyagintesa, Rusia, 2003); en ella, dos adolescentes, Iván y Andrei, padecerán este retorno del padre, con un lado oscuro, y que intenta recuperar el tiempo perdido en un viaje a una isla durante una semana. El hijo menor, Iván, estará permanentemente en resistencia ante este ser desconocido que le da órdenes, lo regaña, golpea y le reprochará a Andrei que se deje someter por el invasor de la cotidianidad familiar. Sin embargo Iván padecerá una nueva y definitiva ausencia del padre.
En El milagro de Berna (Das wunder von Bern, Wortmann, Alemania, 2003) podemos ver, con un desenlace mas afortunado, el regreso de un padre que enfrenta serias dificultades para integrarse a su familia. El señor Lubansky, preso en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial, regresa a casa en donde encuentra una dinámica familiar distinta: la madre y los tres hijos se han hecho cargo de su propia subsistencia. Cuando el padre quiere imponer nuevas normas genera conflictos que lo obligarán a tomar conciencia de la paternidad, haciendo un esfuerzo por adaptarse a las nuevas condiciones de vida
Todo lo que necesitas son los Beatles
Close your eyes
Have no fear
The monster's gone
He's on the run and your daddy's here
John Lennon
Como para que quedara claro el derecho a ser padre y su fuente fundadora, surge el gran homenaje a los Kramer; Yo soy Sam (Nelson J. EU, 2001), en la que incluso en el mismo juicio se repite el parlamento homenaje/parodia/plagio del juicio de matrimonio Kramer.
Aquí no nos detendremos en el hecho de que la niña esté llegando a una edad mental superior a la del padre y al esfuerzo que tiene que hacer éste por seguir siendo el papá, guiado por una abogada cuyo esposo está a punto de desertar.
Lo que nos interesa destacar es la filosofía del grupo de rock -para muchos el más importante de todos los tiempos- los Beatles (válgasenos la expresión) con la que está impregnada la película. A semejanza de Desde el Jardín (Ashby H. .Being there, EU, 1979) en la que Chance Gardiner ha tenido dos fuentes de conocimiento: la TV y un pequeño jardín de traspatio, Sam aprende de una vecina cómo educar a su hija por medio de las contundentes frases de Lennon & McCartney, comenzando con el nombre Lucy (en el cielo de diamantes, por supuesto) hasta la sentencia mayor educativa: “todo lo que necesitas es amor”.
El amor de Sam por su hija es semejante al de John Lennon por su segundo hijo Sean, en la vida real. De esto da cuenta el magnífico documental Imagine (Solt, A. EU, 1988). Es maravilloso ver a este gran genio musical del siglo XX olvidarse de los conciertos, los discos, las grabaciones, los fans y toda la parafernalia del mundo del espectáculo, para dedicarse simple y llanamente al cuidado de su hijo. El documental se hizo con material que había guardado su esposa Yoko Ono y con entrevistas que se hicieron el año de la filmación. Sorprenden las respuestas claras, precisas y llenas de amor del hijo de Lennon hacia el acto de su padre.
El padre como cómplice
Si uno quisiera entender el suceso cinematográfico de Río Místico (2003) y Los golpes del destino (2004), de Clint Eastwood, tendría que regresar a ver el lado oscuro de cualquier hombre en Un mundo Perfecto. Aquí, Robert 'Butch' Haynes, de fugitivo de la justicia pasará a tomar de rehén a un niño que adoptará y que se convertirá en el cómplice en la huída hacia ninguna parte, muy cerca de Alaska. De este film tomamos otra sentencia en la que creemos:
- Lo mejor que puede hacer un hombre con su vida es ser un buen padre.
Tal vez, la mejor representación de la complicidad entre un padre y una hija sea Luna de Papel (Paper Moon, Peter Bogdanovich, EU, 1973). En donde vemos a Moses Pray usar -al principio- a la pequeña Addie a su conveniencia para conseguir dinero después de que su madre ha muerto. Él es un estafador que sortea la depresión económica de Estados Unidos en 1929 vendiendo libros de la Biblia a viudas recientes, inventándoles el cuento de que su esposo las había mandado hacer especialmente para ellas. Cuando la niña se da cuenta de que se quieren deshacer de ella, se compenetra en el negocio y le da un valor agregado por su infancia y aparente inocencia. La relación, que es al mismo tiempo amorosa y conflictiva, retrata de manera inigualable la interacción al interior de casi todas las familias. A veces los papás y los hijos se estorban, con frecuencia se necesitan.
Así se ilustra en Billy Elliot (Daldry, Reino Unido/Francia, 2000), extraordinaria cinta en la que la decisión de Billy por estudiar ballet, en lugar de box, cimbra los prejuicios de su padre en la humilde y conservadora colonia inglesa donde viven. De ese modo, el progenitor de Billy experimentará sentimientos encontrados que lo llevarán a comprender su ser paterno.
Pobres pero honrados
En El Luchador (Howard R, Cinderella Man, EU 2005) un viejo boxeador enfrenta a un enemigo que lo supera por mucho en la batalla cuerpo a cuerpo, la crisis de sobreproducción de 1929 de Norteamérica. La familia aunque unida comienza a padecer hambre y desesperación. Un hijo del boxeador roba un pan. Ante esto es llevado por su padre a la panadería. En el camino de regreso, le indica, algo que nunca olvidará:
1. Nosotros nunca, bajo ninguna circunstancia, robamos.
No hay regaños, golpes u ofensas. Sólo una explicación clara en el momento preciso con más vocación de aprendizaje que de enseñanza.
Uno de los padres más famosos de la historia del cine, pobre pero honrado, es aquel que nos regaló el neo-realismo italiano en Ladrón de bicicletas. Este hombre enfrentado también a un contexto social absolutamente adverso, como fue vivir la posguerra en una Italia derrotada y con la mala fortuna de ser despojado de su medio de trabajo: la bicicleta. El niño que acompañara en forma solidaria al padre en la búsqueda infructuosa por recuperar el vehículo, es todavía para el cine del país, un modelo insuperable de la admiración al gigante que es el padre para cualquier hijo.
En Millonarios (Boyle D. Millions, Gran Bretaña, 2004), Damian, un niño de siete años, lleva hasta las últimas consecuencias, incluso contra su padre, la premisa inspirada por la lectura de la vida de los Santos:
- Si el dinero sirve para algo, es para hacer el bien.
Padre y virtualidad
Bob Jones en muy poco tiempo enfrentará dos de las noticias más trascendentes para cualquier existencia humana: saber que va a ser padre y tener una enfermedad terminal; ante esto toma varias decisiones importantes. Se trata del film Mi vida (My life, Rubin B.J., EU,1993); Bob decidirá reconstruir su relación familiar lo que conseguirá con el pretexto de la boda del hermano y dejar un testimonio videograbado para que el hijo que está por venir conozca a su padre. El instrumento que utilizará es una cámara de video portátil que se fueron haciendo comunes en la década de los noventa. Así, Bob le tratará de “enseñar” a su hijo innumerables cosas, desde las más cotidianas como rasurarse, jugar béisbol, enfrentar una entrevista personal o de trabajo hasta cuestiones relacionadas con su sexualidad por venir. Él asume que si será algo lo será en forma virtual.
De estos padres virtuales hay otro magnífico ejemplo en Mi querido Frankie (Dear Frankie, Shona Auerbach, Reino Unido, 2004). Lizzie ha huido de su neurótico esposo por años, en compañía de su madre e hijo Frankie atravesando Escocia. Frankie es un niño listo, pero que carece del sentido auditivo. La madre ha construido a un padre marino que cruza los océanos en un poderoso barco al tiempo que ella señala en un mapamundi los diversos destinos por los que pasa el padre inventado. Frankie le escribe cartas que no llegan a otro destino que no sea el de la lectura de la madre. Ella ha inventado a este padre para poder saber lo que piensa su hijo y poder entenderlo mejor. Un día el barco inventado llegará al Puerto donde viven Lizzie y Frankie. Lizzie tendrá que objetivizar el imaginario construido en muy poco tiempo. Aquí la complicidad de los tres personajes entrará en juego muy rápidamente.
En La Vida de nadie (Cortés, España, 2002) estamos ante un matrimonio, Emilio y Ágata, que podríamos calificar de envidiable. Podía ser el ejemplo del éxito y la felicidad para cualquiera en Occidente: es una pareja consolidada, con un hijo, que tiene una aparente e inmejorable situación económica con todo lo que esto acompaña: linda casa, buen carro, excelente ropa, lo que se llama un gran nivel de vida. Además tienen una familia y amigos con la cual se relacionan de manera excepcional. Emilio es un economista financiero que trabaja en el Banco de España. Es el héroe de su hijo. A lo largo del film nos vamos a ir enterando de que todo este inmenso paraíso está sustentado sobre una gran mentira. Emilio es desde hace algún tiempo un desempleado más en la Península Ibérica. Vive de engañar a los más próximos prometiéndoles ganancias exorbitantes por medio de fórmulas financieras. Todos creen en lo que ven y lo que observan no es sino un simulacro, una aspiración compartida, seductora y cargada de mentira. El caso no sería tan impactante si no fuera una dramatización de un hecho real sucedido en España. Tal vez la escena mas conmovedora, sea cuando Emilio Barrero habla en un parque como lo hace siempre desde su celular con su esposa y nota que no es el único que ha caído en la sociedad de la mentira; muchos se reportan desde el parque como si fuera su oficina.
Sin escapatoria
En Arizona Dream (Kusturica, Francia/EU, 1993), un personaje, también en forma lapidaria afirma:
- Hagamos lo que hagamos, lo queramos evitar o lo busquemos conscientemente, estamos condenados a repetir a nuestros padres.
Y de manera irreflexiva, con una cerveza en la mano, sentado frente al televisor con el ombligo de fuera, Homero Simpson, la parodia más irreverente del padre, emite un significativo:
-¡Ouch!
Referencias
Mattelart, Armand y Dorffman, Ariel (1972). Para leer al pato Donald. México, Siglo XXI.
Vargas Llosa, Mario ( 2000). Un mundo sin novelas, en Letras Libres, Año II , Número 22, Octubre del 2000, México.
* Maestros universitarios y coordinadores de la línea de investigación Cine y Educación.