Mundo global


UNA CARTA AL NIÑO DIOS


Rafael Mendoza Toro *

Estimado Emmanuel Ben Pandira:

Te debe extrañar que te escriba de nuevo después de casi cuarenta años de no hacerlo y de, sobre todo, casi igual número de años de ateo manifiesto y militante, empero, han cambiado algunas cosas y ahora no pienso que sea mala idea hacerlo, cuando más una botella lanzada al mar, o como decía Borges: una llamada telefónica sin tener certeza que haya alguien del otro lado de la línea. Para empezar, espero puedas entender que no hubo nada personal en mi opción por el ateismo, pero como decía mi abuela eras rete inteligente desde chiquillo y hasta a los sacerdotes del templo apantallaste con tu choro mareador; luego entonces te puede sonar válido que optara por la razón y la lógica como método de pensamiento, en lugar de creer en las fabulas del señor de barba blanca que todo lo ve y decide desde allá arriba de las nubes, aunque había más en el fondo.

Mientras tus sacerdotes predicaban el aguante y resignación, que ya los pobres serían premiados al morir, siempre y cuando apoquinaran sus limosnas, del lado contrario, usando las herramientas del pensamiento materialista dialéctico se podía incidir sobre las fuerzas productivas y transformarlas en beneficio de todos, incluso de los propietarios burgueses que se afectarían en primera instancia. No parecía un mal cambio: dejar el rol espectador pasivo para convertirse en un agente de cambio histórico, dejando de paso de preocuparme por eso de los diez mandamientos, que bien me parecía harían que de una forma u otra terminara allá donde hace calor.

Lo complicado era que en el otro camino había que hacer algo más que aburrirse en misa los domingos, sino que el compromiso implicaba jugarse la vida y en un rato de mala suerte hasta perderla, mas en lugar de un incierto cielo se tendría una sociedad más justa, o eso pensaba. Más malo fue seguir usando las herramientas del pensamiento lógico y descubrir que el puerto de llegada no era justo lo que deseábamos, que la nueva sociedad engendraba otras formas de opresión y explotación, que los dizque liberados terminaban intentando escapar de cualquier manera de sus liberadores y que éstos devenían en carceleros y custodios de lo que alguna vez fue una revolución. En consecuencia, siendo coherente dejé también de creer en ello y estuve sin dios ni diablo al que arrimarme estos últimos años.

Pero, como tal vez sabrás, las cosas por acá no han mejorado; surgió una nueva religión, el Libre Mercado, al que todos adoran –incluyendo muchos que cobran a tu nombre- y que esa sí, prometía traer bienestar y bienestar en la tierra para todos. Y funciona, al menos en parte: bajo el Libre Mercado la riqueza se ha incrementado y se están alcanzado, por ejemplo, hitos en tecnología inimaginables hace tiempo, abuelos que nacieron cuando apenas se conocían los autos ahora chatean con sus nietos por Internet, nomás pa´darte un ejemplo. Pero esos cambios no son para todos, quienes antes vivían mal, así siguen y hasta peor, porque lo que antes eran “países en desarrollo” son ahora zonas desvastadas por la miseria y sin siquiera la esperanza de una revolución salvadora.

Y aún hay más: lo que antes eran problemas ambientales considerados aislados, como la contaminación, deforestación o la extinción de especies, terminaron concatenándose globalmente y devinieron en un problema mayúsculo que día con día avanza y del que se habla mucho pero se hace poco: el calentamiento global. Como su resolución pasa por los señores del planeta y la disminución de sus beneficios, no hay iniciativa que valga y sus efectos se sienten ya en algunas zonas, pero alcanzarán muy pronto a todos.

Bien puedes contestarme con un “¿Y por qué yo?”, a fin de cuentas no te tratamos muy bien cuando estuviste por acá y no hace mucho un señor que presumía llevarse de a cuartos contigo te atosigaba para que resolvieras problemas terrenales que él no podía; y poco podría objetarte, pues también dicen que dijiste “mi reino no es de este mundo”, pero para los que nomás tenemos éste, las cosas se ven color de hormiga. Sin revolución acá y sin que nadie conteste allá, las opciones se van acortando.

Finalmente, según recuerdo las cartas debían contener una petición concreta, equilibrada con los méritos, pero como empecé confesando pecados y, adicionalmente, antes que una reconversión, ésta sólo puede representar un síntoma más de mis depresiones decembrinas, dejémosla en el tradicional: “tráeme lo que sea tu voluntad”, aunque si así es, no hay problema si tiene menos de 30 años, es rubia y tiene dinero, “si no es mucho pedir”.

* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.

Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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