Y... SE MUEVE
La muerte del PRI ha sido un tema recurrente, como también el discurso acerca de su renovación. Pocas organizaciones han sido tan atacadas, difamadas y distorsionadas como este partido político sin el cual sería imposible vislumbrar siquiera el México de hoy. ¿A quiénes conviene continuar con esa retórica destructiva? ¿Cuántos se han beneficiado, con los despojos y con los estertores de una organización a la que muchas generaciones deben su acceso a la educación superior, empleos permanentes y bonanzas empresarial e industrial? En ese PRI, supuestamente cadavérico, se está dando un fenómeno por el que ninguno de sus enemigos -externos e internos- apostaban. En la cúspide de los intereses materiales, de la traición como camino seguro a la continuidad en el poder y la euforia irracional ayuna de experiencia; una parte importante de la población manifestó su anhelo: México necesita recuperar sus convicciones, ser congruente y luchar por sus ideales. Así lo entendieron la mayoría de los consejeros del PRI al optar por Beatriz Paredes en su elección interna, como ya lo habían expresado los votantes el pasado 2 de julio, no solo por el gobierno de la ciudad sino a lo largo de la geografía nacional.
Y es que más allá de filias o fobias, el resultado significa, entre otras muchas cosas, la vigencia del PRI, un PRI que sin dejar de ser institucional, recuerda sus orígenes revolucionarios sustentados en principios ideológicos reales y probados como esquemas democráticos que posibilitaron el desarrollo pasado, la viabilidad presente y un futuro que muchas naciones quisieran. Un PRI con el cual la clase en el poder estará más tranquila, pues con lo que hasta hoy han tratado es con facciones incapaces de articular una oferta política, económica, social y cultural para el país. La Política por encima de todas las cosas, privilegia la negociación de altura, imposible llegar a este punto cuando los actores, en el mejor de los casos asumen precarios niveles de complicidad a veces mafiosa. México requiere definiciones, esto es imposible de construir con puras declaraciones sin contenido y mucho menos con el arma de la presión rijosa; por ello es que la llegada de Beatriz implica también una exigencia muy grande de aquellos que la arroparon. ¿Fueron estos el grupo de gobernadores? ¿Se doblegaron algunas de las gavillas que insistentemente golpean a cualquier dirigencia renuente a mantener prebendas porriles establecidas por los enemigos internos? La respuesta es muy simple, quien arropó a Beatriz fue la militancia del PRI, no los oportunistas, no los genios de ocasión, sino los priístas de siempre, de deseosos de ser incluidos, para devolver su esencia al partido en el que han luchado por décadas sus padres y en el que siguen participando sus hijos.
La expectativa de quienes orientaron o exigieron a sus delegados el voto por la Licenciada Paredes, es revertir la mala imagen de la que se han beneficiado partidos emergentes convertidos en negocio de grupos o famiglias, como también lo es recuperar espacios de lucha, para la exigencia no sólo de plazas laborales, sino del trato establecido en la constitución para el pueblo trabajador, agricultor y emprendedor. La auténtica militancia, que por el esquema decidido no votó pero presionó a favor de Beatriz, asume que ella les abrirá los espacios para confeccionar la oferta política que el presente de México requiere, premisa indispensable para que el partido siga viviendo aunque con calidad, sin los tumores cancerígenos de todos esos vividores que han usufructuado, las ventajas políticas y económicas de un PRI disminuido a causa de las perversidades y ambiciones de sus múltiples caballos de Troya. La suerte está echada, hay muchas cosas que corregir, el reto no es, para un solo sujeto; únicamente el trabajo en equipo puede llevar a buen puerto las magníficas intenciones expresadas y comentadas dentro y fuera de los edificios del Partido. La primera convocatoria debe ser a quienes hayan demostrado congruencia, convicción y lealtad. No es tiempo de futurismo; hay que barrer, sacar la basura, remozar, desafanarse de actitudes irresponsables -no sabía, no me avisaron, no fui convocado, no hay dinero- y empezar a reconstruir. Para esto lo único que se necesita es escuchar, oír la voz del pueblo, proponer con ellos mimos alternativas para su miseria, su falta de alimento, su carencia de vivienda, el atropello a sus derechos y la exigencia por seguridad jurídica y física, en una palabra enarbolar de forma genuina las causas populares. Ojalá escuchemos de esto el próximo 4 de marzo.
* Comunicóloga.