México


CON PENA Y POCA GLORIA


Lilia Cisneros Luján *

“Ya son 13 años sin justicia”, fue la frase cansada de un padre al reconocer le han tratado bien en la muchas puertas tocadas, entre ellas las de PRI; pero al parecer se impone el pensamiento expresado en la carta de un publicista, cuyo contenido prefiero no contribuir a divulgar y quizá por eso, junto con muchos otros hechos históricos, el asesinato de Luis Donaldo Colosio parece condenado a permanecer solo en la memoria de unos cientos de personas que por alguna razón, casi personal, tenemos algo que agradecer, sentir o recordar. Pero la condena no es destino, aun cuando la prensa prefirió resaltar, las amenazas en contra del presidente Calderón y se explayó en la morbosidad de expresiones nada edificantes como la conmemoración divide a los priístas en Irapuato, es insoslayable que el magnicidio trastocó la vida nacional. Mientras unos hacen retórica de la democracia y el progreso, el México de gente ansiosa de equidad y justicia que Colosio vio sigue ahí, quizá en peores condiciones que hace 13 años.

Apenas en Martínez de la Torre, Veracruz, priístas con algo de visión emularon su legado ideológico y propusieron su difusión; y en Querétaro, el evento que año tras año rememora el hospital del niño quemado, una asociación civil que agradece el apoyo inicial aportado por Luis Donaldo, fue boicoteado por un supuesto militante quien oficiosamente habló a los medios para explicar que se había cancelado. Jorge Beyer Esparza a unos días de la muerte de Luis Donaldo escribió de él “fue una estrella fugaz... él incendió y encendió el firmamento político nacional... durante 116 días” y concuerdo con su percepción de que la nación, entonces como hoy, reclama la presentación de una síntesis que agrupe con coherencia el pensamiento de este sonorense que entre otras cosas explicó: “no entendemos el cambio como un rechazo indiscriminado a lo que otros hicieron. Lo entendemos como la capacidad de aprender, innovar, para superar las deficiencias y los obstáculos”

¿No fueron las constantes críticas al pasado y su bufonería enfermiza la causa primordial de la pérdida de credibilidad del pueblo en Fox? ¿Hará suyo el PRI del siglo XXI el ideario de un líder que caló hondo en la gente, al grado de haber sentido su muerte como propia? Los verdaderos priístas, los que quizá nunca han sido convocados a puestos de dirección o elección, anhelan se haga realidad en todos sus dirigentes lo dicho por Luis Donaldo al aceptar su postulación: “ En esta asamblea reafirmo mi convicción y orgullo priísta. A cada militante puedo verle a los ojos. Grandes jornadas nos han unido. Juntos hemos aprendido el valor del esfuerzo, del empeño y de los principios”.

A más de una década de distancia y por la apabullante presencia y dominio de los oligopolios mediáticos, cuyo fin último pareciera ser pervertir todo lo que tocan, la ideología colosista se ha venido perdiendo ¿Cuándo se ha vuelto a expresar con fines de difusión el pensamiento del ciudadano de Magdalena de Kino asesinado en Lomas Taurinas? ¿Será el destino de sus propuestas -como las de otros muchos mexicanos con visión y compromiso- similar a la de nuestra riqueza antropológica? ¿Además de las piedras y ornatos prehispánicos, el ideario de Luis Donaldo lo veremos en otros países como exhibición orgullosa de unos cuántos? Pero si bien es cierto que aunque hubiese sido por unos días, ese hombre trascendió el priísmo para convertirse en la esperanza del pueblo, es al PRI y solo al PRI a quien le toca la responsabilidad de resguardar lo que él pretendía construir: una dirigencia que partía de la interlocución tan cercana a la sociedad que cualquiera pudo haberlo matado hasta con una resortera.

Es la hora para los priístas de retomar las banderas ideológicas y políticas que le permitieron gobernar al país. Es la hora de presentarle a la nación los planes y programas que traduzcan en realidad las proclamas del nuevo PRI, que no pueden ser otras que las de la gente, sin esperar a ver que dice el gobierno. El destino del PRI del Siglo XXI no puede ser el de comparsa del poder en turno -aun cuando éste sea priísta- ese fue quizá su mayor error. En un contexto en el cual el cambio ofrecido por los opositores al PRI aun no se visualiza, la única oportunidad que tienen los priístas es asumir su responsabilidad a partir de la interlocución de las demandes para producir la defensa de las causas populares; y eso ni siquiera lo tiene que pensar mucho, está contenido en el pensamiento de Luis Donaldo Colosio.

* Comunicóloga.

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