México


NO ME DEFIENDAS COMPADRE


Rafael Mendoza Toro *

Tiempos complicados son estos, sin duda, donde los referentes ideológicos ya no expresan lo que solían y, lo peor, cuando por ponerse una camiseta nueva, por pura ignorancia se termina metiendo la pata hasta la cadera y empeorando un situación de suyo complicada. Hace unos años, en un texto calificaba al PRD como el “redentor ineficiente” por su capacidad para trasmutar causas justas en su contrario, habilidad que corregida y aumentada, se expresó en sus iniciativas sobre la despenalización del aborto y la llamada “eutanasia pasiva”. Al ser ambos puntos relevantes en mi particular agenda ideológica, va una reflexión amplía sobre ellos.

Para empezar, el derecho a una muerte digna poco a poco se ha ido comprendiendo, incorporándose en las leyes de diversos países los conceptos de “eutanasia activa y pasiva”, entendiéndose la primera como la intervención propia o de terceros para el cese de la vida, mientras que la segunda sólo implica la conclusión de un tratamiento que le da soporte. La primera, actualmente sólo está permitida en países europeos y el estado de Oregon en EU, mientras que la segunda, reglamentada o no, se aplica prácticamente en todo el mundo, incluyendo por supuesto a México.

No es tema tabú señalar que en la práctica médica se reconoce el derecho a terminar el tratamiento a petición del paciente en fase terminal o sus familiares, en ocasiones ni siquiera por escrito. “Cesar el tratamiento” puede implicar el rechazo a un procedimiento quirúrgico, dejar de aplicarse medicamentos “curativos” o incluso retirar equipos como los respiradores artificiales; en todos los casos con el propósito de acelerar el final. Cuando más, se da un problema en lo que hace al uso racional de los recursos de salud: los hospitales no son lugares para morir, por definición son para tratamiento y dedicar un espacio a un enfermo al que no se le “hace nada” implica una contradicción, que se resuelve en ocasiones mediante un “alta voluntaria”, saliendo el paciente a morir a casa, tradición presente en muchas familias mexicanas. Un ejemplo de esto, fue la decisión del obispo Ramón Godinez, de dejar la aplicación de medicamentos contra el cáncer pancreático que padece y la hospitalización, para esperar el curso natural de su enfermedad en casa; por supuesto que nadie lo ha acusado de promover la “cultura de la muerte” como fueron las primeras acusaciones ante la iniciativa perredista en el Senado.

El problema de la iniciativa, mal pensada y peor planteada, es que en lugar de facilitar o dar sustento jurídico a una decisión de la soberanía individual, introducirá aspectos subjetivos y dará entrada a una institucionalidad disfuncional. Para empezar, la iniciativa plantea una definición de “enfermo terminal” como aquel que en certificación médica no tiene una expectativa de vida mayor a seis meses. Empero, la medicina no es una ciencia de consensos o altamente predictiva, donde hay dos médicos es normal tener dos diagnósticos y dos pronósticos; ante cualquier opinión inclinada a señalar un pronóstico menor de seis meses, se puede presentar una contradictoria ¿Cuál sería la buena?

Pero no sólo el enfermo debe tener una expectativa menor a seis meses para calificar, debe además presentar “dolor insoportable”. Lo que ignora el senador, es que dolor es un fenómeno subjetivo, que depende de los umbrales personales: insoportable puede ser un dolor de muelas, mientras un tumor cerebral no produce ningún dolor, pues en ese órgano no hay receptores al mismo. Ya encarrerado el legislador, introduce otra certificación: debe estar en “buena salud mental” para que su petición sea atendida. Esto, que parece lógico para evitar que en un periodo depresivo se tome una decisión irreversible, tiene otras implicaciones, empezando por las incertidumbres de la psicología y/o psiquiatría. Si dos médicos representan dos visiones, dos psicólogos o psiquiatras las multiplican al infinito; desde que no tienen una definición de salud mental común ni parámetros objetivos para medirla. Adicionalmente, por puro sentido común: el enfermo tiene un pronóstico de vida menor a seis meses y sufre dolores insoportables, mas no debe presentar temores, angustia, depresión, para calificar… tal vez sólo el Dalai Lama, y chance ni él.

Faltan, empero, varias cerezas a la iniciativa: para que la petición sea considerada, deberá ser firmada ante “notario público”, que empezarán a dar servicios a hospitales espero que baratos; adicionalmente, aunque no lo explicita, como el servicio será sólo para mexicanos tal vez con el propósito de evitar turismo del “bien morir”, debiera presentar alguna prueba de nacionalidad… cartilla, credencial de elector o pasaporte. Esta solicitud “debidamente requisitada” se turnaría a una Comisión Nacional de Bioética, quien daría la autorización final. Lamento la muerte de Hugo Argüelles, autor de “Los cuervos están de luto”, pues disfrutaría mucho escribiendo una comedia negra donde un paciente impaciente, de tanto en tanto hablara a la ciudad de México, donde una maleducada secretaría le contestaría: “el licenciado está viendo su caso, pero no le tiene respuesta”, y donde además, se daría dinero para que los expedientes avanzaran más rápidamente. Reitero, ante esta iniciativa, estamos mejor en la actualidad, basados en el simple acuerdo entre las partes.

Finalmente, la iniciativa de despenalización del aborto en el DF está tomando rumbos poco claros. Como mencioné, nunca había sido prioridad legislativa del PRD, pero tomó la propuesta ajena con pragmatismo y cierta inteligencia y bien la pudo llevar a término sin problemas, mas le buscó rendimientos adicionales. En uno de estos, su victoria es plena, le sirvió para evidenciar la pobreza argumental del PAN, exponiéndolos como fanáticos religiosos, acotando de paso los intentos de Calderón y asociados de impulsar una derecha laica y moderna; ahora, gracias a la iniciativa, Serrano Limón se erige en ideólogo dominante y ni pena les da el ridículo de seguirlo en la procesión. Pero en el proceso subieron demasiado la apuesta y al polarizar, les empieza a ser evidente que los costos políticos también subieron y empiezan a temer los efectos, empezando entre su electorado, que es más conservador de lo que quisieran confesar. Aún no circula el dictamen aprobado, pero la maroma dialéctica para no despenalizar el aborto, sino redefinirlo, ahora aplicando el término sólo a la interrupción del embarazo después de la semana 12, me temo dejará alguna puerta abierta para ser desechado por la Suprema Corte por inconstitucionalidad. En estas condiciones, agradecería al PRD olvidara una agenda social de izquierda y pelee en lugar, causas de su comprensión, como el horario de verano; honestamente, “no me defiendas compadre”.

* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.

Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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