BUROCRACIA
Alfonso Valdivia Medina *
En este nuestro querido México, todos los días nos enteramos lo mismo de diverso tipo de fraudes, que de abusos de autoridad, robos, enriquecimientos supuestamente inexplicables, y lo único que nos faltaba era enterarnos de los acuerdos que hicieron entre líderes sindicales, diputados, senadores y gobierno, para reconformar y reformar al triste del ISSSTE. Aclaro para aquellos que no son connacionales, que estas siglas significan Instituto de Servicio y Seguridad Social para los Trabajadores del Estado, es decir, la “BUR-R-OCRACIA” en toda la extensión de la palabra.
Conviene mencionar que conozco a fondo la institución, porque en ella me desempeñé por espacio de 15 años. Claro que aclaro que mi trabajo se circunscribía al hospital más importante del mencionado grupúsculo, en donde vi desfilar a incontables ladronzuelos, lo mismo directores generales como el caso de aquel que le quemaron en un desfile precisamente de obreros, los que absolutamente explotados e insatisfechos lanzaron una bomba de las llamadas “molotov” al palco en el que este temporal director general observaba la tragicomedia que acompaña a todos aquellos que no son parte del sistema de corrupción, de prebendas y beneficios mezquinos, en el que los “jerarcas” se reparten sexenio tras sexenio, el botín de tal por cual institutillo mierderillo.
Para poder aclarar a aquellos que no han sido parte de ese minimundillo infecto, conviene mencionar que existimos diferentes tipos de personas que por azares del destino nos vemos atrapados en esa especie de “caja chica” de los gobiernos, o por lo menos así fue mientras los priistas saquearon el país.
Por una parte la jerarquía politiquera, que además estuvo controlada por la mano que apretaba las cunas de los recién nacidos, y que precisamente fue algo así como el minidueño de tal circo, tan sólo por haber sido hermano de un expresidente, que en forma práctica le regaló la institución a su “brody”, mismo que además supo explotar hasta sus últimas consecuencias y que se enriqueció a niveles insospechados. Un tipo repugnante que es del mismo tipo de hermanos “cómodos”, que de siempre han existido en mi país, y del que siempre existirán otros y otros y otros, mientras las cosas no cambien en forma verdadera, auténtica y radical.
Este tipo de delincuente perfectamente organizado, lucraba con proyectos de medicamentos venidos desde los Estados Unidos de Norteamérica, de los cuales recibía jugosos dividendos mientras hacía experimentación con mexicanos, pues para éste mal nacido no eran de ninguna forma humanos, ya que la diferencia de ser derechohabiente a humano, es inversa y absolutamente desproporcional a la ética y valores morales que deberían de caracterizar a un médico común y silvestre, y este cerdovich nunca consideró la elevada mortandad del 100%, que todos los subordinados conocimos, pero que aunque hicimos múltiples reportes y denuncias a nuestros superiores, nunca se atrevieron a su vez a denunciar a este tipo de dictador, que decidía la vida y la muerte de los agremiados, claro está, bajo una túnica teatral del tipo “médico de las locas”, de imperfecta impostura y de todos, absolutamente todos los agremiados, conocida.
Por otra parte existían los políticos sexenales, designados por cada presidente entrante, pero que invariablemente acordaban y tranzaban con esta especie de “Muppet Mayor”, hombres, mujeres y de los otros y otras, que recibían toda clase de beneficios, servicios y atenciones, a pesar de que únicamente llegaban por el sexenio y sin ser ni haber sido nunca derechohabientes previos, para que una vez idos, se fueran con las bolsas repletas de millones y millones de pesos. Despectivos y miserables personajillos de borondanga que además de pavonearse por pasillos de oficinas y hospitales, podían y tenían el divino derecho de recomendar a todas y cada una de sus amasias, explotadores, cinturitas y otras especies de aberraciones humanoides, mismos que además se comportaban con unas ínfulas, que ni siquiera los príncipes o nobles de cualquier sitio, podrían remedar o intentar igualar en sus cretineses a los cretinos, mientras los auténticos trabajadores eran mal tratados, menospreciados y muchas veces mandados a “volar” en sus auténticos deseos de servicios profesionales.
Por otra parte, estaba el gremio del sindicato, habitualmente conformado por algo así como borrachitos y borrachitas, que eran los únicos que gozaban de préstamos personales, además de ser también los únicos que eran destinatarios de casas, automóviles, juguetes, despensas, etc., etc., pero a nivel de secretarias, camilleros, enfermeras, afanadoras, choferes y cosas por el estilo; mas, obviamente los “intocables” directivos de la FSTSE, porque esos se cocían aparte, esos viajaban a todo el mundo aparte, esos eran dueños de mansiones apartadas, esos eran dueños de obras de arte, automóviles de superlujo, joyas, ropa, y que invariablemente portaban sus relojes y plumas de oro de ediciones limitadas, dadas las limitaciones mentales que seguramente padecían, y con las que se distinguen como subnormales, parásitos e inútiles.
Otros grupos los conformaban los infaltables “recomendados”, para ellos en el hospital se les atendía con menú especial de bebidas y alimentos, cuartos especiales y todo aquello que estaba vedado para los vulgares derechohabientes comunes, corrientes y prietos/as, con mínimos derechos a visitas, además de restringidas, mientras los P.O.S (Por Orden Superior) gozaban hasta de serviles que les conducirían y servirían de tapetes, si esos fuesen sus mínimos deseos de complacencia. ¡Qué poca madre!
De pura casualidad yo conocí al que representaba la porción gubernamental de “programación y presupuesto”, es decir, el que autorizaba las compras que se harían cada año, más los extras de imprevistos, o sea, el que soltaba la lana, pa´ acabar pronto.
Ese señor un día me preguntó: Oye Alfonso, cómo funciona el hospital a nivel de ustedes, la tropa de infantería, y yo le contesté: Mira bien, existen dos mundos en el Chissste, uno es el armonioso, perfecto equilibrado, funcional y justo, que es el de “ustedes los ricos”, no bueno, de ustedes los político-administradores, y otro es el de los hombres de brega, que es al que pertenezco y pertenecemos las inmensas mayorías que conforman esta saqueada institución.
¿Cuál es ese, podrías describirlo? Pos´n claro que puedo, imagínate nada más, hace 3 meses le solicité a la enfermera encargada de surtir los materiales que consumimos, que nos hiciera el favor de pedir cartuchos de anestesia local para las jeringas “de cartucho” que usamos desde hace 15 años, y que son las mismas que seguimos usando. Ella diligentemente solicitó 10,000 (diez mil cartuchos) considerando que gastamos un promedio de 50 diarios, considerando cirugía menor, cirugía intermedia y urgencias diarias, lo cual equivale a que en 6 meses ya nos hemos acabado la dotación solicitada.
¿Y, qué pasó? Pues que nos mandaron 10,000 jeringas y ni un solo cartucho.
Eso no puede ser posible, -contestó- yo personalmente firmo las solicitudes de compra y eso simplemente no puede ser cierto.
¡Claro!, -le contesté- lo que tú digas, y respondió: Necesito verlo para creerlo.
El lunes a las 7.00 en punto lo cité y frente a él solicité a la enfermera que me diera unos carpules (cartuchos que valen 50 centavos cada uno) y me dijo: Doctor ya le dije que nos mandaron jeringas, no cartuchos. Fue cuando le insistí: Quizás está usted equivocada, por favor tráigame una caja cerrada, para revisarla aquí con mi acompañante, y sí, la caja venía repleta de jeringas que cada una vale $100.00 (cien pesitos), lo cual dista además de la utilidad que requeríamos, del precio de 50 centavitos vulgares.
Después le pedí que me acompañara al último piso del hospital, que el “muppet” había acondicionado de Pe a Pa, para cirugía de corta estancia, que ya tenía equipos, camas, quirófanos, instrumental, etc., etc. y al vigilante le pregunté -delante de mi conocido- oiga usted, ¿qué pues, qué va a ser esto que ya está terminado desde hace unos dos meses?, y me contestó: pos’n iba a ser la unidá de corta estancia, pero don viejo dijo que mejor´n no, que la tiraran todita, al fín que ya van a hacer una jaulota de pajaritos de todo este hospital, y allí si van a gastar, no en estas pequeñeces, que dejan poca lana.
Mi conocido -supuestamente apenado- me espetó: ¿Tú qué quieres que te haga, a ti?, ¡y de huevos que te lo hago! No mira amigo, no sabes quién es la “cosa nostra”, a mí déjame como estoy, y con que no me friegues, me doy por bien servido.
Por desgracia el espacio de este espacio es breve, y no puedo contar todo aquello que viví, conocí, aborrecí y maldije, pero esto no es más que una pequeña partecita de lo que sucede en nuestras “Honorabilísimas, honrosísimas e incorruptibles instituciones”.
Y del Sindicalismo obrero, mejor no hablo, porque ese también lo conocí a fondo, dado a que mi padre fue líder sindical de la temible cetemete o te la meto, pero cetemete porque cetemete. Y lo allí vivido, conocido y vomitado, no es sino otra partecita del sistema de corrupción en el que vivimos en este país de sufridos y aguantadores “mexican curios”, con la pertinente aclaración de que nunca acepté nada que proviniera de esa corruptisisisérrima organización gansteril, ni incluso cuando me volví el médico de cabecera del segundo hombre más importante de esa melcocha, en donde descubrí cosas inconfesables, y que cuando las denuncié ante Filel Vel-asco-es, me dijo: Cálmese, lo vo´acer diputáo y el mero líder de las jumentudes priistas, del INJUVE, en pago por sus servicios, y ya no me`sté fregando, y ya lárguese con su padre, o los chingo a los dos.
Así que a otro perro con ese hueso de que están haciendo todo lo necesario, para sacar adelante a esa institución, porque si de casualidad lo logran, pues es por los beneficios que les representa a los gobiernos, casi igual a lo que representan en mi querido país, todas y cada una de las instituciones gubernamentales, es decir, juntar la miseria con la necesidad, explotarlas y enriquecerse a como haiga lugar, y los demás, que chiflen a su marcha, si se saben la tonada, y si no se la saben, nosotros -los hombres decentes de la política mexicana- se las chiflamos, porque para eso estamos, pa chiflarles a su marcha.
Por eso que me alejé del vicio, porque además ellos me condenaron a dejar la institución, y yo de puro desquite, los condené a quedarse en ella, “per secula seculorum” y todo lo que rime con esos seculorumeros dirigentes, ladrones, agremiados y sindicalizados.
Desde el fondo de mi corazón, de mi concencia, mis tripas, mis huesos, mi sangrita con limón, mis pensamientos y mis más puras verdades. Dr. Alfonso Valdivia Medina.
Ps. Señor Calderón, ya le mandé decir en un articulo previo, que el rancherón lo va a meter en problemas cada vez mayores, más aún ahora que se inflamó la única neurona que tiene, y que se traduce en esa enfermedad mental de declaracionitis, así que ya póngalo en paz, porque además y si usted no puede o no quiere hacerlo, por lo que sea, como por ejemplo complicidades inconfesables, alguien por ahí le va a poner un “estate quieto” a este bocón, más ahora que se está empezando a sentir… “El jinete sin cabeza” y que va a encabezar (sin cabeza) brigadas de democracia. Yo creo sinceramente que es tiempo de ponerle una bata de esas de las casas de la risa, junto con algún tapón en el ociquieres. ¿No cree usted?
* Médico mexicano.