LOS MERCENARIOS
Más allá de las descalificaciones tendenciosas, el Comandante Fidel en Cuba recién pronunció un discurso digno de análisis. Entre otras muchas cosas -como es su estilo- señaló a los mercenarios de la sociedad de consumo. ¡Y Vaya si abundan los traidores por dinero! Por unos cuantos billetes, empresarios otrora nacionalistas dan la espalda a la patria que les permitió desarrollarse, al igual que lo hacen profesionistas beneficiarios de las universidades públicas y hasta las privadas hoy por hoy subsidiadas con el producto del pueblo por la vía de becas foxianas. Por dinero atletas piden asilo, consumen drogas y se alquilan para comerciales publicitarios de pomadas anti-hongos o bebidas con poderes mágicos. Por unos cuantos billetes actores, supuestos analistas y conductores de radio y TV -en la más de las veces mediocres- desorientan a las audiencias cautivas y también por dinero se compra fama aunque el precio sea un escándalo. La soñada democracia vale miles de millones de pesos en México, con el agravante de mentir acerca del monto de los recursos en las campañas. Todavía hoy se discute un supuesto sobre ejercicio de 90% en la jornada electoral del 2006, recursos monetarios de los que nadie sabe ni nadie supo. Poderoso caballero que además de devaluar el mayor privilegio político del ciudadano -hay quienes venden su opción electoral por solo $150- va creando una recua de vividores pululando cada tres años en derredor de los candidatos, para ofertar la afluencia corporativa de limpiaparabrisas, ambulantes, maestros y hasta vecinos supuestamente organizados.
El desencanto llega cuando la fiesta termina y el ciudadano sigue sin luminarias, poda de árboles ni agua, con inundaciones lodosas, inseguridad galopante e impotente ante la impunidad del desarrollismo inmobiliario que viola todas las reglamentaciones de suelo en una ciudad con precarias condiciones frente a los movimientos telúricos y un país que día a día pierde miles de hectáreas agrícolas o de reserva ecológica y cientos de edificios históricos demolidos por la incultura y la ambición. Hoy sabemos -glorioso descubrimiento mediático- que ¡la pirámide de Chichen Itzá, es una maravilla! Nada del por qué, ni de la historia ni de la cultura de sus artífices, mucho de las cifras que habrán de ganarse por la afluencia de más visitantes y por supuesto nada, absolutamente nada, de todo lo malo aparejado a este afán de riqueza como es el desplazamiento y desculturización de los pobladores autóctonos, los vicios que llegan con el capital y la profunda injusticia que implica el acaparamiento de la riqueza en los grandes consorcios hoteleros y de centros comerciales asociados al turismo de la modernidad productora de contaminación, narcotráfico y pederastia.
Mientras las carreteras siguen siendo trampas mortales y los servicios de salud oscilan entre el lujo impagable y la burocracia insensible, en aras del dinero leyes van y vienen, no para beneficio del ciudadano sino de los medios de comunicación con quienes se contrata publicidad a favor de las novedades y de los líderes charros que han hecho de la oposición su modus vivendi. ¿Será factible arribar a un punto en que el enfermo sea atendido con diligencia y no como un paria ignorado por horas en las salas de espera, por personal paramédico y médico -también algunos privados se dan un halo de importancia al tener sus salas atestadas de desesperados pacientes- a los que interesa más la paga que la salud de sus asistidos?
¿Por qué atosigar al pequeño empresario o la ONG de beneficencia con más de 14 trámites para poder operar la cafetería de su clínica? ¿De que privilegios goza un vecino de dinero para rebasar los límites del terreno del otro, destruyendo árboles y mofándose de las justas peticiones de reparación del daño? ¿Por qué la autoridad le protege y no lo hace con el débil financieramente hablando? ¿Quiénes se reparten las ganancias de tales negociaciones al estilo sajón, en perjuicio de las mayorías esforzadas y trabajadoras? Mucho se lograría para la recuperación de la Patria que fuimos, con ciudadanos amigables, confiados y dispuestos a jalar parejo, si los mercenarios además de ser señalados rectificaran y dejaran espacios más sanos que la confrontación y la defensa. Espacios que se podrían utilizar para la mayor preparación, no solo en lo técnico, sino en el servicio, la disciplina, el respeto a las jerarquías -legales y estructurales- y lo que es más trascendente, en favor de la sobrevivencia común que está en riesgo a causa de la desobediencia, la rebeldía irracional y el afán crematístico.
* Comunicóloga.