EDUCACIÓN E INFORME PRESIDENCIAL
Víctor Manuel Barceló R. *
Se acercan fechas en que "sabremos" de avances del gobierno federal, en cuanto a las tareas más importantes; respuesta a sus compromisos de campaña y requerimientos de los pobladores, para mejorar sus condiciones generales de vida. Éstas llevan casi dos décadas, de constante deterioro. De lo que nos interesa saber, resalta el compromiso asumido por el Presidente Calderón, respecto a educación, especialmente la media superior, que ocurre en el momento culminante en que los jóvenes terminan su educación sustancial para incorporarse al empleo.
La educación no es solo adiestramiento o capacitación para el trabajo. Tiene que ver con la formación para la vida. En ello va la adquisición de valores y el respeto a reglas, que den sentido, fuerza y coherencia a su proceso vital. Por ello la educación, "de la cuna a la tumba" rezaba un viejo slogan, busca lo ético como principio básico y con ese "paraguas" cubre valores como: orden y la limpieza, integridad, puntualidad y responsabilidad. Apuntala también, el deseo de superación, el respeto a leyes y reglamentos que la sociedad se impone. El respeto al derecho ajeno es fundamental para la convivencia -entre individuos como entre sociedades y países-. Todo para que logremos al bienestar generalizado.
Cooperar a ese bienestar implica mecanismos y estrategias que sirvan al ser humano. Cobija este criterio a todas las políticas económicas (fiscal, monetaria, productiva, agropecuaria) y, por supuesto, a las sociales. En las políticas actuales, poco o nada se aprecia el ser humano como centro de las mismas. Por ello el modesto crecimiento -que tenemos hace quinquenios- se refleja en el bienestar de una mínima parte de la población, apropiada de la riqueza acumulada en sus empresas, respetadas por el fisco. Las grandes tareas de gobierno, apenas si logran adormecer el hambre de la población, pero no impulsan su crecimiento, menos su desarrollo. El gran detonador sería la educación.
En los años 20 y siguientes del siglo XX -al término de la Revolución armada- el pueblo organizado abatió el analfabetismo que azolaba el territorio, como secuencia del semi esclavismo en que vivían los campesinos. Hubo grandes éxitos -había emoción y compromiso social-. Ocurrió también con la UNAM, que logra su autonomía en 1929, y con la creación del Instituto Politécnico Nacional, dos instituciones de alto prestigio y noble función, en aras del desarrollo de la ciencia y la tecnología, así como de la formación de cuadros que forjaron el México de hoy -al menos el logrado hasta hace tres décadas- en que se alteró el ritmo y sobre todo, el sentido del crecimiento nacional.
Por eso es tan importante lo que hagamos con la educación media superior, parte del compromiso gubernamental de una "transformación profunda del sistema educativo", que nos permita superar el brutal rezago que nos califica en los últimos lugares de América, muy por debajo de Argentina, Chile, Uruguay, Costa Rica y Cuba. Solo la UNAM -resabio cuidadosamente protegido por su comunidad- da brillo a la educación. El resto es miseria y pena, como ocurre con el nivel de vida de más de la mitad de los mexicanos.
Se nos viene encima la apertura al TLC con el Norte, en medio de grandes rezagos. En educación: urge capacitación y actualización magisterial; insistencia en evaluaciones de calidad de la enseñanza. La modernización tecnológica y conformación de sistemas coherentes de educación preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior. En la media superior hay que consolidar el bachillerato ambivalente, con más salidas, títulos como técnico profesional, que fortalezcan al alumno que no siga a la enseñanza superior. Los Cecytes, Conalepes, Colegios y demás, deben recuperar el sentido con que fueron creados.
En la Declaración de Villahermosa de 1971, se afirmó que "El nivel superior de la enseñanza media, con duración de tres años, deberá ser formativo... más que informativo o enciclopédico, se concebirá en su doble función de ciclo Terminal y antecedente propedéutico para... licenciatura... capacitará específicamente para el trabajo productivo". Esa consigna magisterial no se acató en su totalidad.
La disminución en horas-clase tecnológicas -era de 1,760 horas promedio- hace perder vigencia a las instituciones que nacieron para eso. Allí están inscritos más de 4 millones de jóvenes, entre 16 y 18 años de edad. Otro 45% de la juventud, no tiene acceso a ese nivel de estudios. Emigran al norte o se medio capacitan en instituciones sin reconocimiento oficial, incorporándose en actividades informales.
Urge -junto a lo ya expresado- ampliar cobertura -ya revisada y puesta al
día- con planteles bien equipados y carreras terminales. Ambivalente, con
salidas laterales, que permitan ampliar vigorosamente la matrícula. Una
política de becas, amplia y eficaz, ayudaría a muchos jóvenes sin recursos.
Afinar la enseñanza-aprendizaje, mediante la preparación intensiva de los
profesores -especialmente en matemáticas y técnicas pedagógicas- que
permitan reducir la deserción y reprobación. Apertura al bachillerato
abierto a distancia, que amplíe la eficiencia Terminal y cubra un universo,
cada mayor, de la juventud, ávida de preparación para la vida. De esto y
muchos asuntos más en el terreno de la educación, esperamos conocer en el
Informe Presidencial.
* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.