LAS PIARAS DE LA MEDIOCRIDAD
Por más que se recurra, al artificio de culpar a otros, por todas las tragedias y la crisis que nos agobian, hay hechos que no pueden ser endosados a nadie más que a quienes, hoy por hoy, son responsables de programas, oficinas y funciones. ¿A que partido se responsabilizará del aumento - del 2000 al 2006- en el gasto corriente, por 75 mil millones de dólares? ¿Quién asumirá la tragedia de ser en América Latina el último país en expectativas de crecimiento del PIB? En todas las esferas de lo público y lo privado hay desaliento. La educación es pésima, los servicios de salud dejan mucho que desear, la nutrición del pueblo está muy lejana de los estándares mínimos mundiales, la población productiva no tiene más salida que la informalidad; y la agresividad – reacción de supervivencia propia de la naturaleza animal- parece ser la mejor muestra de la globalización en un México colonizado, sin soberanía alimentaria, económica ni política y arrodillado ante el dios Mercado.
Al mismo tiempo que una mexicana -ilegal lo reconocemos- era deportada y separada de su hijo por los extranjeros y, con la sospecha de complicidad con autoridades mexicanas, aquí mismo unos turistas catalanes sufrían en Oaxaca, vejaciones y violación a sus derechos humanos. ¿A quien se responsabilizará? ¿A las autoridades judiciales locales que los encerraron, o los de migración federales que fueron parte del incidente? Además del montaje mediático para enfrentar a un huracán sin palabra que dejó su nivel cinco para disminuir al tocar tierras mayas ¿Quién responderá por los asuntos no tratados en un encuentro internacional? Ya sin las cámaras de televisión ¿Cual servidor público está asumiendo la ayuda para los damnificados de Veracruz, Hidalgo y Puebla? El asunto es mucho más grave que las mutuas acusaciones entre partidos. Lo que tenemos es una nata de mediocridad, descrita magistralmente hace más de 50 años, por José Ingenieros. En la mediocridad abundan los tránsfugas de la honestidad, los delincuentes, los inadaptados, los simuladores, los apáticos, los vividores. Incapaces de ennoblecer su vida con algún ideal, los mediocres se tornan aparentemente dóciles, aunque en realidad son equilibristas y acomodaticios a todas las pequeñas oportunidades. Por su dificultad para ser diferentes a la mayoría que les absorbe, buscan la tutela ajena. A la infamia y la cobardía le llaman astucia, ponen a vegetar las instituciones, excluyen y hasta persiguen, a los genios y los idealistas apiñándose en auténticas piaras.
Cuando en las estructuras laborales -públicas, privadas o sociales- lo que prevalece son émulos de equipos de natación que nadan “de muertito” y únicamente levantan un brazo el día del pago, la mediocridad se ha generalizado. Si los partidos son dominados por gavillas de truhanes, dispuestas a todo con tal de alcanzar una migaja del bien colectivo, el Estado se ha tornado en mediocracia. La educación tiene los niveles vergonzantes que padecemos, por qué una facción de vividores detenta los engranajes de la cultura, el arte, la información y la enseñanza. El afán de usufructuar en la holganza los tesoros materiales, borra los sueños, aniquila la patria, multiplica las leyes ineficaces y convierte el mérito en algo negativo y sospechoso. En “la política de las piras” del autor que inspira esta reflexión, los votos se pagan y son coleccionados “por agentes impúdicos”; los advenedizos compran diplomas, los asnos enriquecidos aspiran a ser tutores del pueblo, “los serviles merodean por los congresos en virtud de la flexibilidad de sus espinazos” y, en su frustrada necesidad de ser alguien, se incorporan a las piaras, mirando al porquero en la búsqueda de un guiño, alguna seña que les indique por donde caminar.
Apartarse del rebaño es igual a estar perdido o camino al matadero. Las piaras son ruidosas, aduladoras y serviles. Sus gustos se subordinan a los de su dueño, piensan y sienten como él lo dispone y viven rumiando la consigna, el discurso hueco, el programa mal pirateado, la línea. Lo que a México y al mundo le hace falta son mujeres y hombres extraordinarios, capaces de ascender por encima de la gruesa nata de mediocres que está ahogando al planeta. Seres humanos que necesiten más saber a donde van, que justificar su presencia por el origen del cual vienen. Valientes decididos a Ser, en vez de cobardes pasivos por el miedo a equivocarse. Cuando emerjan genios dispuestos a volar, que desplacen a los locos saltimbanquis, la mediocridad – perenne para la desgracia de la raza humana- disminuirá y dará paso a nuevas épocas de florecimiento.
* Comunicóloga.