¿QUÉ RECORDAMOS?
A treinta y nueve años de distancia, con toda la fuerza mediática distorsionando la historia, trocando en héroes a los cobardes y difamando a los auténticos luchadores sociales, el dos de octubre del 68, está vivo en el corazón de todos los mexicanos que tienen memoria. Muchos se han ido, llevándose a la tumba ese negro capítulo de México, otros no aparecieron nunca, los que han quedado de pronto son desacreditados, como ese profesor y honorable padre de familia del que se hizo escarnio después de muerto. ¿De verdad fue víctima de un infarto en un hotel de paso? ¿No les basta a los asesinos del pueblo con lo que hicieron entonces y, aun hoy, persiguen, difaman y ocultan?
Pero más allá de la manipulación para justificar lo injustificable, lo cierto es que por la ignorancia de la verdad, estamos viviendo los mismos errores, por decir lo menos, que llevaron a Tlatelolco. En ese “antiguo régimen” tan machacado por los medios y los que hoy gobiernan, se optó por el control absoluto y dictatorial. Se sacralizó a personajes, ante la exclusión de personalidades, se minimizó la demanda social. A los auténticos líderes populares, se les desacreditó, persiguió y obligó a la clandestinidad. El ejército violó la autonomía y con ello perdió su verdadera misión. Estudiantes de altas calificaciones terminaron en las cárceles, se ignoraron los derechos humanos, todo eso, en nombre de la paz social y el progreso.
Hoy en la víspera de ese fatídico día, cuya matanza resumió lo que en realidad pasaba en el México oculto por la noticia tendenciosa; la oposición a ese “antiguo régimen”, ha asumido esa misma visión, agregando a aquellos defectos, los que la globalización nos ha impuesto. Hoy, el gobierno en todas sus dimensiones y niveles, es incapaz de reconocer que tiene una bomba de enorme potencial destructivo en las manos, no sólo por los errores tácticos, que han resultado en familias asesinadas por quienes juraron mantener la paz y defender a la patria, ni por las mujeres y niños violados física y psicológicamente o por los desaparecidos y encarcelados; sino por la ignorancia del clamor popular, para una más justa distribución de la riqueza -que todavía la hay- y una más eficaz atención a las demandas del ciudadano carente de servicios y entrampado en procesos burocráticos más tortuosos que los descritos por Kafka.
La miseria humana es mayor en el que todo lo tiene, que en los carentes de lo mínimo. Los poderosos se concretan a la retórica, mientras que el calentamiento global cobra vidas. La destrucción del hábitat en poco importa a los millonarios depredadores, la falta de capacidad para percibir el rezago frente a los avances tecnológicos, es criminal. La política parece haber muerto con los estudiantes del 68. En pura politiquería se pierde lo profundo, lo necesario, lo vital. Urge la experiencia. El partido en cuyas filas militaron y aun militan numerosos mexicanos calificados, se ha visto arrastrado por los imbéciles. Seis años de mofa popular y mediática, por las tonterías de los estúpidos y psicópatas es demasiado. Brazos cruzados de las víctimas de esta debacle, es cobardía. Permitir hablar y actuar a los perversos, a pesar de lo que le hicieron a México, es traición a la patria.
Mañana es dos de octubre, los fantoches saldrán a hacer su espectáculo. Los auténticos, los verdaderamente preocupados, debemos insistir en el uso de la razón y no de las armas, en la inclusión de los conocedores para sustituir a quienes no tienen la más remota idea de lo que significa gobernar. Los perversos, aun con toda su inteligencia y su poder económico, deben ser juzgados. Los financieros de gabinete, cuya única palabra mágica, es el incremento al costo de todos los satisfactores básicos para la sobrevivencia humana, debieran ser encarcelados sin pan, ni agua, menos tortillas ni ningún otro producto de la canasta que han encarecido. Los cándidos, esos que piensan que dirigir el destino de cien millones de personas es solo cuestión de deseo, buena intención o discurso repetido hasta la saciedad a costa del pueblo que tributa, deben, cuando menos, intentar escuchar. No hacerlo es preparar otro dos de octubre (1-10-07).
* Comunicóloga.