México


TRES TEXTOS SOBRE LA REFORMA ELECTORAL


Rafael Mendoza Toro *

Los tres textos siguientes fueron publicados en forma independiente, con la pretensión de proporcionar algunos elementos para el análisis de la nueva reforma electoral, por tanto existen algunas redundancias y referencias ya extemporáneas, con todo espero que puedan servir como expresión de un punto de vista que se pretende independiente, o si no, que el lector lo juzgue.

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

Hace unas semanas, ante el 30º aniversario de la muerte de Groucho Marx, hubo entre sus seguidores una rememoración de sus más insólitas anécdotas, pues antes que un comediante sujeto a la repetición de un guión, Groucho fue un maestro en el uso en la vida real del sarcasmo y la sátira a niveles que el mismo Monsivaís envidia. Una de éstas menciona que hallándose Groucho en la ceremonia de alguna de sus bodas (tuvo al menos 3) al escuchar al juez entonar con voz engolada la tradicional formula: “estamos aquí reunidos para unir en sagrado matrimonio” se sintió compelido a interrumpir levantando la voz: “un momento por favor, algunos de los aquí presentes diferimos totalmente sobre tal calificativo a esa institución”. Y tenia toda la razón, si bien mucho se dice que esa institución es la base de la sociedad, se debe también reconocer que debe tener caducidad, que los tiempos, circunstancias y personajes cambian, que los príncipes azules devienen en borrachos golpeadores, que las amadas al paso de los años engordan, se afodongan y hasta el bigote se dejan crecer; que un golpe de fortuna amerita cambiar el modelo conyugal, más acorde al auto deportivo recién comprado. Sí el matrimonio es institución sagrada, no menos lo debe ser el divorcio y tal vez más, incluso puedo jurar que más de un@ se embarca porque sabe existe la salida; empero contra esta tendencia la actual reforma electoral ha restaurado las cadenas indisolubles, unciendo para siempre a la sociedad mexicana con un sistema partidario, ora si: hasta que la muerte nos separe.

En principio, hay que reconocer a los partidos políticos como los grandes actores de la transición democrática nacional, empezando por el PRI que hizo cuanto pudo por retrasarla, mediatizarla y adocenarla, con el fin de que todo cambiara, pero el poder de sus manos no. Del otro lado de la ecuación estuvo el PAN, “místicos de la democracia” y leales opositores, víctimas primigenios de los fraudes electorales mas no siempre de la represión autoritaria. Esa era la opción primaria para la izquierda, quien no siempre transitaba por los caminos democrático-electorales, pero cuyas expresiones casi siempre la ganaban palo. En medio de estos tres actores se movían pequeñas formaciones políticas, casi siempre poco representativas y de corta vida, que lo mismo se oponían que apoyaban, según soplaran los vientos o los dineros.

Con cada nueva ronda de reformas políticas, los partidos se fortalecieron y transformaron, más de lado de la izquierda donde la sucesión de siglas parecía interminable, que en la derecha donde el PAN se consolidó como principal opción. De la reforma de 1977 a la fecha, por las buenas o en lo oscurito, los partidos fueron ganando espacios de representación y de paso recursos económicos para su funcionamiento. Por ahí tal vez, haya que buscar la razón de la situación actual.

Porque aunque actores relevantes, los partidos políticos no eran el objeto de las reformas, sino nosotros, los ciudadanos quienes buscábamos libertades individuales democráticas, representatividad, control sobre el gobernante, en suma, todas las pequeñas atribuciones que en teoría las democracias asignan a sus representados. Por razones de economía de escala, los partidos devienen en intermediarios útiles, agrupando a ciudadanos con algún interés o característica común, intentan ganar representatividad, defender intereses y, cuando las cosas van bien, hasta a gobernar a nombre de sus afiliados.

Como se ha hecho costumbre, los esquemas teóricos al aplicarse en México no funcionan igual, y eso sucede lo mismo en la economía que en la política: con el paso de la reformas los partidos fueron ganando poder, ampliando sus espacios y, sobre todo, concentrando recursos económicos. Así, de intermediarios devinieron en fin en sí mismo, negocios rentables donde la dirección garantizaba pingues ganancias, mejores y más seguras que en la esfera empresarial pura. Los ciudadanos perdimos control sobre ellos, pasando a ser propiedad de elites cerradas, llegando al punto en que estamos, en que ni nos representan cabalmente, ni nos rinden cuentas y si queremos participar dentro de éstos, será acatando sus reglas internas, empezando por obedecer al que manda.

Retornando al parangón matrimonial: nuestros príncipes azules engordaron, se volvieron manirrotos, irresponsables, baquetones, egoístas, no sirven ni para sacar la basura ni hay forma de pedirles cuentas de nuestro dinero que dilapidan; cada tanto agarran borracheras electorales en las que perdemos todos mientras ellos gastan alegremente dinero ajeno. Cualquier juez de lo civil daría la razón a la ciudadanía mexicana, otorgándonos el divorcio de semejantes palurdos y sin asignarles pensión, que aunque no sepan trabajar ni tengan ingresos propios, bien se merecen la indigencia.

Avizorando esto, que se refleja en las altas tasas de abstencionismo y en las encuestas, la nueva reforma electoral, aprobada por supuesto por los propios partidos, proclama esta relación indisoluble y sus condiciones de parasitismo, hasta que la muerte nos separe; la nuestra por supuesto. Distraídos por el ruido de la reforma en medios de comunicación, ni cuenta nos dimos que los ciudadanos sólo conservamos el derecho al voto, por ellos por supuesto PRI, PAN o PRD; pues ni ciudadanos independientes ni nuevas propuestas tendrán opciones de supervivencia política; de ninguna manera es cierto que la reforma derrotó al poder del dinero, sino por el contrario, al concentrar el dinero de la política en sus manos, cierran el ciclo como serpiente que se muerde la cola.

Los partidos pequeños hicieron su pataleta pues los grandes tomaron mayores porciones del pastel de lo que se acostumbraba, empero somos los ciudadanos los mayormente afectados pues nuestra representación y participación política quedo abrogada por la partidocracia. Lo más cruel de este juego es que, sólo se podrían romper estas cadenas sí ellos lo quieren, los monopolistas de la representación política ¿inducirán los partidos, en el futuro, alguna nueva ley que modifique su poder?

En el pasado proceso electoral varios ciudadanos abiertamente proclamamos la anulación del voto, opción que ganó más adeptos que votantes del PT o Alternativa, empero esta participación política negativa no tiene más opciones ni futuro, cuando más abaratando el triunfo de quien se llevará las canicas. La definición de democracia de Rius era: si no les gusta la comida vengan a cocinar; ahora que nos levantaron el sartén sólo nos quedaría la huelga de hambre electoral, pues nuestras posibilidades de cocinar son nulas. Por mientras y como desquite, ingrese a la página Web yabajenle.org, movimiento ciudadano para al menos disminuir las prerrogativas económicas de los partidos.

EN DEFENSA DEL SPOT

Ante la nueva reforma electoral las opiniones se han polarizado, como es costumbre en nuestro país, y los denuestos y argumentos pocos sustentados han abundado pero con pocas variantes. Del lado de sus panegiristas, se ha esgrimido ampliamente la loa por la “desespotización de la política”, clamando que ora sí podrán volver los debates de ideas, la presentación y ponderación de las propuestas, los ejercicios dialécticos de argumentación y contrargumentación, que se supone del dominio de nuestros políticos, temporalmente perdidos en la noche oscura del dominio de los medios y de los spots, cuando en lugar de sus acostumbradas tesis doctorales, nos espetaban una imagen y una frase en 20 segundos. Mi primera duda, que seguramente no contestarán, sería ¿Exactamente cuando los procesos electorales mexicanos fueron esa ágora griega, ese desparrame de ideas que atraía a los electores?

Seguramente no se referían a los tiempos dorados del autoritarismo mexicano, cuando las elecciones eran un mero ejercicio de validación de las decisiones del presidente imperial, ¿o alcanzan a ver la concreción filosófica del “Arriba y adelante” de Echeverría? Si bien, en su momento los intelectuales orgánicos del sistema, que eran todos, rizaron el rizo para demostrar la profundidad intelectual de la propuesta del destapado, eso era lo menos importante, lo toral del proceso eran los matraqueros de la CNC y las mantas cubriendo el zócalo. Claro, nomás por no hacerlos ver tan mal, la izquierda, que presumía ser gente de ideas, proponía con Valentín Campa, su “con Campa aunque le hagan trampa” y con Arnoldo Martínez Verdugo el contundente “democracia y más salario”; mientras allá en Moscú el cadáver de Lenin se retorcía en su catafalco de cristal.

Fue, si mal no recuerdo Carlos Salinas de Gortari quien incorpora la pasarela de ideas en su campaña en los nunca bien ponderados “foros temáticos”. La mecánica era sencilla, todos los intelectuales y pretensos aparecían a exhibir sus mejores ideas sobre algún tema, estructuradas en ponencias, ante el Candidato, quien así seleccionaría soluciones y solucionadores; alguno dice haber obtenido su subsecretaría de este modo. “Ponencio, luego existo” fue la frase acuñada por Carlos Monsivaís ante el espectáculo. Claro, en lo que hace a los demás candidatos, no valía la pena, ni escuchar sus propuestas ni mucho menos votar por ellos, vulgares perdedores.

Le tocó a Ernesto Zedillo, en 1994, la primera campaña moderadamente competida, incluyendo en ésta el primer debate entre candidatos. El saldo pudo ser catastrófico, el jefe Diego Fernández, candidato del PAN, le puso una arrastrada dialéctica a Zedillo, al punto que se fue arriba en las encuestas; de no mediar su oportuno clavado en la lona el PAN se hubiera visto en el entredicho de tener que gobernar; que como demostró Fox, no era aconsejable ni productivo.

En el 2000 tampoco se vio una pasarela de ideas, si por ideas hubiera sido Labastida con todas sus limitaciones debió ser el ganador... Entonces, ¿podrían precisarme cuándo existieron las campañas con debates de ideas anuladas por los spots mediáticos?

Para ahorrarse el trago amargo de aceptar el exceso retórico, echan mano de un parangón: “gracias a las reformas, de ahora en adelante tendremos campañas de altura, donde los candidatos deberán convencer a los electores con sus propuestas, como se hace en Europa”. Eso presupone que en aquellos lares los doctorales candidatos editan tabicotes desglosando sus ofertas en los principales temas prioritarios y los igualmente doctorales ciudadanos los revisan con detenimiento para definir la intención de su voto. No es por contradecirlos, pero si analizamos la reciente campaña en Francia, las cosas no sucedieron como nos las presumen.

El ganador Nicolás Sarkosy, puso sobre el tapete sus negras intenciones en seguridad y migración, sus pretensiones de reactivar la economía poniendo a trabajar a todos y algunas más, pero lo que determinó la intención de voto fue que a juicio del elector, era la persona idónea para cumplirlas; fueron su activa personalidad, su imagen de hombre de acción, su relativa juventud las que influyeron para que una agenda normal de centro-derecha fuera mayoritariamente votada. La perdedora Segolene Royal, hizo también sus propuestas, poco menos estructuradas dicen los expertos, pero también echó mano de su imagen de mujer, antes que nada, para convocar el voto por ella; incluso para estimular la libido masculina, tuvo a bien publicar sus fotos en bikini, donde mostraba que aún está bien buena. Tal vez en los países nórdicos, como Finlandia, realmente se editan las propuestas en grandes librotes, que los electores revisan en la larga noche ártica entre sorbos de vodka, para con la llegada del deshielo y la primavera salir a votar.

Gracias a la nueva reforma, dicen sus apologistas, en lugar de los magros 20 segundos de un spot, donde apenas cabe una imagen y una consigna, los políticos ahora tendrán tres minutos para explayarse en sus propuestas, lo que hará que las campañas agarren altura. Obviamente, nuestros legisladores no consultaron a nadie que sabe sobre el tema, si no les hubieran dicho que sí hacer un spot de 20 segundos es complicado, un auténtico despliegue de técnicas de marketing, hacer un mensaje de 3 minutos es casi una obra de arte, donde es más fácil darle al violón que al violín. Mantener la atención del televidente durante un spot es difícil pero se puede lograr; mientras que conservarlo sentado ante el televisor durante tres minutos oyendo algo que en principio no le interesa, es casi imposible: ningún ciudadano que en principio no simpatice con un candidato o partido, estará dispuesto siquiera a escucharlo y ni imágenes ni propuestas lograrán que al menos mantenga el televisor prendido. En otras palabras: se acabaron las campañas y sólo la militancia y las clientelas participarán y votarán.

Sí en lugar de vestir las túnicas de vestales reconstruyendo su virginidad vulnerada por las televisoras, nuestros legisladores hubieran sido modestos o al menos realistas, debieron haber reconocido que el spot no hizo estúpidos a los candidatos, nomás los mostró públicamente; que sus propuestas, en el mejor de los casos, no eran más que un montón de lugares comunes mal estructurados, o en el peor, franca demagogia populista, sin ningún sostén de factibilidad. Que si bien las televisoras pusieron la cancha y cobraron las entradas para las exhibiciones de juego sucio entre los partidos políticos, éstos eran cochinos de en denantes, y al menos esta vez todos pudimos verlos.

MANUAL PARA LA GUERRA SUCIA

Para coronar la nueva reforma electoral, que nos dicen es de “tercera generación”, sin aclararnos cabalmente cuales fueron las dos primeras, se decidió incorporar el viejo manual de Carreño en las campañas electorales, prohibiendo hasta a nivel constitucional, cualquier mensaje que difame, injurie y demás sinónimos, a los candidatos e instituciones; en otras palabras, poniendo fuera de la ley la llamada guerra sucia o contracampaña. Este punto, al igual que la desespotización de las campañas, se presume servirá para elevar en nivel de las propuestas electorales, que serían ahora combate de ideas y no luchas en el lodo. Empero, nuevamente estos altos argumentos tienen poca sustancia y como los denostados spots, pretenden vendernos una realidad quimérica.

Una vez más, usemos la anterior campaña presidencial para analizar el punto: para que sirve y cuales son las indicaciones de empleo de la guerra sucia electoral. Si recordamos, los tres candidatos con posibilidades de victoria tuvieron a bien presentar sus propuestas por escrito, editando respectivos libros que más o menos tuvieron difusión; a su vez los dos candidatos que participaban nomás por el registro, aunque tuvieran ideas y propuestas, optaron por no sistematizarlas, decidiendo usar sus escasos recursos en otras herramientas de propaganda. El texto presentado por Felipe Calderón, sí bien formalmente estaba bien escrito, ya sea por pluma propia o por intervención de un redactor, no contenía más que ideas generales, lugares comunes y propuestas casi abstractas, evitando caer en las promesas utópicas tipo Fox y su crecimiento del PIB del 7%; su texto juzgado en términos estrictamente académicos cuando más hubiera merecido un 7.5. A su vez, el Proyecto Alternativo de Nación de López Obrador, reflejaba al punto sus alcances y limitaciones, sobre todo en el terreno intelectual; escrito por propia mano, evidente hasta en su elemental redacción, abundaba en propuestas disparatadas propias de quien no ha tenido a bien estudiar un tema, sobre todo en el terreno económico, o adolecía de ausencias temáticas plenas, como era en materia ambiental, donde no se le ocurrió nada que decir. Tornando a la evaluación académica, sí se decidiera privilegiar su esfuerzo “porque le echó ganas”, podría recibir un 6, de panzazo; aunque un evaluador más estricto, lo hubiera reprobado por la ausencia de referencias, evidencia que no estudió y presenta sólo puntadas.

En contraste, Roberto Madrazo hizo su tarea y bien, o para acotar: pagó para que se la hicieran pero contrató a los meros buenos, lo que no deja de tener su mérito. El documento refleja los largos años de aprendizaje que tuvieron los cuadros técnicos de la administración durante el periodo que el PRI detentó el gobierno; estructurado en apartados temáticos, como un programa de gobierno, cada capítulo presenta una apretada síntesis de la problemática y propuestas de solución a buen nivel de concreción. Un ciudadano ante la lectura de un capítulo cualquiera, quedaría con la impresión que quien lo escribió tiene un alto conocimiento sobre el tema; cuando más, si fuera crítico se preguntaría por que, sí el PRI sabe tanto sobre los problemas de México, hizo tan poco para resolverlos el tiempo que fue gobierno. Sus evaluadores académicos tendrían que reconocer un buen trabajo y asignarle un 8.5 o hasta un 9. Si la propuesta fuera el único punto a considerar para tomar una decisión de voto, la mayoría de mexicanos debimos votar por Madrazo, porque él "sí sabe cómo hacerlo".

Intervino aquí la guerra sucia, ciudadana y mediática: Roberto Madrazo era el paradigma de lo peor del priismo y ninguna colección de bien redactadas propuestas podía hacer que se olvidara esto. Ignoro qué mercadologo político creó la frase “¿tú le crees a Madrazo? yo tampoco”, pero es definitivamente un genio y esa campaña debiera ser estudiada como mejor ejemplo del uso inteligente de la guerra sucia. Tan fuerte fue el impacto que en su campaña prácticamente se olvidó difundir la virtuosa propuesta, intentándose primero reconstruir imagen y credibilidad de Madrazo, objetivo que no se logró.

En este mismo contexto, la contracampaña “López Obrador, peligro para México”, es más citada y a ella se le atribuye su caída en la intención de voto, apuntándose en consecuencia que sin ella, otro gallo cantaría; nomás por llevar la contraria analicemos los tiempos del desafuero. Durante los meses previos, tanto en espacios oficiales como en de opinión, se machacó el concepto de respeto al estado de derecho y, en consecuencia, la violación al mismo secundaria al desacato de AMLO a la resolución de un juez; en muchos tonos y más términos, se repitió que el desafuero no era una venganza, sino la aplicación estricta de la ley, pues “todos somos iguales ante ella”. Aunque estos spots y opiniones no fueron contabilizados, sí conformaron una amplia campaña en descrédito del Peje que debiera debilitarlo para posibilitar su desafuero; empero no pegó: llegado el momento central, la percepción dominante apuntaba como víctima a Andrés Manuel y a Fox y el gobierno como los villanos de la historia. Tamaña campaña no le hizo ni lo que el aire a Juárez, porque caía en terreno árido, donde no florecían los infundíos.

Muy distinto fue el resultado de la segunda campaña, pues el propio Peje había abonado en terreno con sus excesos retóricos, empezando con las chachalacas y seguido por la campaña contra los ricos. Sí los ataques prendieron fue porque AMLO los hizo creíbles y esa fue la gran diferencia; mientras por el contrario, su contraofensiva basada en el caso Hildebrando sólo funcionó parcialmente al no proporcionar los elementos que probaran la acusación. En todo caso, ambas campañas sólo actuaron sobre el votante “cambiante”, pues los convencidos sostuvieron sus votos.

En teoría una campaña electoral debe proporcionar al votante todos los elementos de juicio para tomar su decisión de voto en forma más o menos libre y racional; aunque cada elector define estos términos a su manera. Si lógicamente, ningún partido o candidato va a exhibir los esqueletos de su closet de motuo propio, les tocaría a sus contendientes o a la sociedad civil hacerlo; empero a partir de esta reforma se hará sumamente complicado y hasta riesgoso. Las virtuosas campañas “propositivas” esperadas, por el contrario no podrán ser otra cosa que subastas de promesas del tipo de “quien da más”, terreno fértil para el populismo, o en el mejor de los casos, oportunidad de trabajo para “think tanks” para la formulación de programas de campaña, en cuyo caso ofrezco mis servicios: seriedad, discreción y corrección gramatical.

* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.

Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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