MÉXICO: LOS PRIMEROS DÍAS DEL 2008
Víctor Manuel Barceló R. *
Transcurren los primeros días del 2008, sin la correspondiente reacción –de cualquier gobierno que se precie de serlo- ante el enojo combinado de productores del campo, que en en número de miles, se oponen a la puesta en práctica del Capítulo Agropecuario del TLC con el Norte -que rompe toda barrera al ingreso de lo que aún producen los campesinos: Maiz, frijol, azúcar-. Esto se corresponde con su seguridad alimentaria y económica. No hay visos de atención a la generalizada propuesta de renegociar el Capítulo mencionado. Ya lo analizaron en el Congreso y concuerdan con organizaciones de base –CNC en lo particular- así como con muchos analistas, políticos e intelectuales, que hemos encontrado perfectamente viable tal posibilidad.
Solo el temor a enojar al Imperio, detiene el inicio de las negociaciones. Entretanto, seguirán las protestas, que ojala no pasen de eso. El malestar en el campo está muy subido de tono y pueden desprenderse grupos que ya no quieran negociaciones sin cumplimiento, como ha sucedido con lo hasta ahora acordado con la autoridad agropecuaria, que no lleva a la práctica sus compromisos, sin explicación válida.
Por otro lado, este 2008 no tiene salida coherente al problema energético nacional. Esfuerzos se realizaron a nivel del Congreso Federal, pero no hay resultados claros. Seguiremos importando gasolinas y otros productos del petróleo. Las trasnacionales incrementarán su participación, en la producción de energía eléctrica –que ya es un tercio del total- aún poniendo en riesgo la vida de muchos mexicanos, por un manejo “interesado” de los flujos de agua que se sueltan de las presas, a ríos que son vida, pero que también pueden ser muerte y tumba. El valor energético de las regiones –Tabasco por ejemplo- no son apreciados en los altos círculos del poder nacional. Solo importan en cuanto a proveedores de energéticos.
Junto con las salvaguardas ante la autoridad del TLC con el norte, debiéramos crear un programa de salvamento del campo nacional. No es posible que el gobierno siga ignorando el mandato Constitucional, para liderar, con recursos de toda índole y mecanismos legales, la recuperación de la producción campesina, que no solo arraigue a los pocos que aún están luchando por salir adelante en sus tierras, sino que sea aliciente para que retornen, muchos de los que abandonaron familias y tierras, por un mendrugo del imperio, que da recursos, pero quita identidad y bienestar familiar.
Nos están llevando velozmente a ser un país de servicios. Algunos valen, como el turismo, en tanto derrame ingresos a quienes en él participen y no solo les vea como mano de obra barata. Otros, como las departamentales, proveen de empleos, pero de forma limitada. En sus ofertas –por lo general de artículos importados- están acopiando remesas de nuestra gente, que sirve al interés de habitantes del imperio. Así, mediante el comercio, retornan los capitales, logrados con gran esfuerzo por nuestros connacionales, allende el Bravo, a las plazas de origen.
Los dos temas mencionados tienen que ver con equidad, con justicia bien administrada. Si esto se diera, habría recursos para rehabilitar el campo y descendería el “bracerismo” existente. Penosamente reconozcamos que vivimos en una nación desarticulada y anárquica. Aquí: pobreza y miseria; violación sistemática de los derechos fundamentales del ser humano; autoritarismo e intolerancia social y económica, son el pan de cada día. Algunos ejemplos, como el de Lidia Cacho, apenas son “puntas del iceberg”, junto al enseñoramiento de la delincuencia organizada, que disputa el control de sectores, tanto al gobierno, como a la sociedad.
Grave, también, el método, creciendo en clases medias –cada vez más desclasadas- para cubrir necesidades de financiamiento. Ante incrementos en precio, imparables en el consumo familiar, que alguna vez se denominaron “canasta básica”, por razones de control oficial en cuanto a precio –que ahora el gobierno desecha por sistema- el uso del “dinero de plástico” se acrecienta. Si vemos que, junto al encarecimiento de las tasas de interés en tarjetas de crédito, que hunden en la insolvencia y el compromiso, a muchos miles de mexicanos, están quienes no tienen empleo –en ciudades y en el campo- y quienes viven de una pensión misérrima que para muy poco alcanza, entenderemos la grave situación social en que viven los mexicanos.
Por eso hay tanto millones detrás de la frontera que da al imperio. Por ello solo podemos endeudarnos más, en lo personal o por grupos solidarios, ante la imposibilidad de actividades productivas. Ni las pymes –empresas medianas y pequeñas- menos aún las empresas del campo, reciben los apoyos oficiales que les permitan competir, en un mercado dominado por transnacionales. Estas, con el manejo de sus “precios administrados”, sacan del mercado a quienes aún se esfuerzan por mantenerse en competencia, a costa de sus exiguas ganancias. En el campo la situación es también de alta gravedad. Hasta ahora el gobierno no cumple con los compromisos contraídos con organizaciones del campo. Así será imposible un crecimiento sostenido, menos aún sustentable. No cejemos en reprobarlo.
* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.