MÉXICO: ¿FACTIBLE DESARROLLO DE SU MERCADO INTERNO?
Víctor Manuel Barceló R. *
Los últimos días hemos escuchado apreciaciones, con relación al comportamiento que se espera de la economía nacional, para este año. Dos elementos parecen ser substrato de todas: descalabros en economía del imperio y avance en privatizaciones. Con ese fondo, considerando a la energía producida, factor sustantivo, hay cálculos de crecimiento para 2008, de un 3.6% oficial, un 3.2% de grupos de analistas –con menor optimismo- y se proponen ideas para llegar más allá de esas tasas.
Lo cierto: la actividad económica mexicana sigue atada –férreamente- a la del imperio. Esto se debe, a secuencias del TLC con el Norte, que si bien sostienen un fragmento productivo agropecuario, con ganancias, hunden en la miseria a la inmensa mayoría de campesinos, que no solo no podrán exportar, sino siquiera cubrir necesidades nacionales de maíz, fríjol, azúcar y otros productos. Quedarán circunscritos al autoconsumo, antesala de su desaparición. De ahí solo queda incursionar, por fuerza, en redes de actividades más modestas, para territorios del imperio, tras pagar cuotas a “polleros” para cruzar la frontera al norte.
Otros renglones de dependencia están dados por: remesas, que nuestra gente envía a familiares, que solo fortalecen la capacidad de compra de familias de escasos recursos, pero no se utilizan en impulsar su vinculación a la actividad productiva. Fundamental también, el movimiento mercantil hacia el imperio. Nuestras exportaciones dependen en 70% y más de ese mercado. Las condiciones recesivas que muestra tal economía, reducirá compras del mundo, en especial lo que proviene de países aún catalogados en desarrollo. El turismo, que tiene fuerte impacto de visitantes estadounidenses, también será afectado.
Resulta reiterativo, pero sólo el crecimiento del mercado interno, con producciones locales- ayudaría a salir del bache profundo en que estamos metidos. No es novedoso. Diversas naciones en el mundo –China, India, ahora; Corea, Singapoure, anteriormente- supieron hacerlo. Hoy lo buscan, afanosamente en América: Brasil, Argentina, Venezuela. De manera especial y con enormes obstáculos, vencidos con tesón y sufrimiento, lo está logrando Cuba. Los incrementos van del 5% al 10%.
Un Programa de impulso al crecimiento interno, mediante fortalecimiento del sector energético, podría sacarnos adelante. Implica, darle viabilidad, programando inversiones en su infraestructura. Hace rato venimos insistiendo en la instalación de refinerías –en zona productora de hidrocarburos de Tabasco- y otras industrias derivadas, que sustituyan importaciones de gasolinas y otros, que ahora hacen deficitaria la balanza comercial de hidrocarburos. Compramos a precio alzado, lo que podríamos producir en mejores condiciones, con subproductos que abaraten la producción eléctrica, impidiendo caiga en manos extrañas.
La recuperación de la industria, con características competitivas –grande, mediana o pequeña- será factor sustantivo. Si enfrentaremos una grave y larga recesión, en nuestra frontera norte, busquemos mecanismos que escapen a controles oligopólicos de transnacionales -mediante el manejo de insumos, maquinaria y recursos financieros- sobre nuestra pobre infraestructura productiva, que le tiene al borde de la desaparición total. Estrecha vinculación entre producción del campo, para que éste compre lo que produzca la industria nacional, y una industria que utilice insumos del campo mexicano, sería fórmula que recuperase la actividad económica interna. Sin olvidar, por supuesto, la consecución de tecnologías, donde existan, aprovechando mucha ciencia y tecnología producidas en instituciones nacionales que realizan investigación, para llevarla a las áreas de innovación. El fortalecimiento de las cadenas productivas es la puerta para utilizarle en la recuperación.
Pero ello implica que nos pongamos de acuerdo en lo esencial. La creciente presencia del Congreso de la Unión en la vida nacional, ofrece la posibilidad de recuperar la atención en la actividad económica, repercutiendo en los integrantes de las Cámaras de Diputados y Senadores, así como en miembros de los “parlamentos” –ojala lo fueran- en cada uno de los estados de la Federación. Existen por allí iniciativas para reformar regímenes de trabajo, como el de PEMEX –que produce 3 millones de barriles diarios y exporta casi dos y es la “Caja Grande” del gobierno federal- que deben ser vistas con un alto sentido de identidad nacional. El conocimiento profundo de nuestra historia; los esfuerzos de muchas generaciones por preservar la soberanía sobre nuestros recursos naturales, como precisa la Constitución Política, deben ser el sustrato ineludible sobre el que se construya el futuro. Si alguien pensó crecer enajenando la riqueza nacional, que es de todos, seguramente lo hizo por intereses que nada tienen que ver con el bienestar de las actuales y futuras generaciones. Muy grande es el compromiso del Congreso.
No podemos ni debemos atender al “pié de la letra” los dictados de instituciones financieras multilaterales. Vemos lo que hicieron de muchas naciones, incluida la nuestra. Teóricos, analistas, incluso consejeros de alto rango del imperio, nos dicen cotidianamente, que no hagamos lo que nos recomienda su gobierno, sino mejor veamos lo que hace tal gobierno y los resultados que obtiene. Ahora, en revistas especializadas y aún en notas de prensa se aprecia como, ante la extensión de la desocupación –que anda por el 5%- como resultado de la contaminación recesiva del sector hipotecario y de la industria de la construcción, que se impregna en el total de la economía estadounidense, se propone la conformación, precisamente, de un Programa para el fortalecimiento de su mercado interno. ¿Porqué no hemos de poder realizarlo nosotros, preservando y desarrollando nuestros recursos, con el concurso de obreros, campesinos y especialistas, apuntalados por las finanzas nacionales, públicas y privadas?. Intentémosle, la debilidad de la economía imperial es un excelente pretexto para crecer internamente.
* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.