SIMULACIÓN
Un funcionario de alta calificación profesional -que por necesidad, y para nada a gusto, continúa trabajando en el gobierno del DF- me dijo hace días que parte de su incomodidad es la constante “simulación”, en relación a los programas ofertados y lo cumplido a la ciudadanía. Cuando le pedí se explicara, abundó en ejemplos de lo que se afirma, sobre todo en los medios, y no corresponde con la realidad. Desde las becas, apoyos a ancianos, tratos de privilegio en el pago de predial y servicios para adultos mayores –es decir desde los 60 años y no a los 70 como le dicen en la ventanilla de la tesorería- transparencia en el gasto, consulta ciudadana para los proyectos urbanos y así hasta el infinito, toda declaración parece el acto de un impostor y no el de un funcionario comprometido a servir al pueblo. Sin pensar en la grave reacción emocional que provocaría mi respuesta, procedí, con diccionario en mano, a explicar que “simular”, es simplemente fingir alguien que no se es o, ocultamiento de alguna omisión, incluso intentar desconocer ciertas acciones incorrectas.
Acto seguido el grupo que nos acompañaba abundó en ejemplos, desde el empleado de mediano o alto nivel en las empresas con supuesta responsabilidad social, que trabaja poco –por decir lo menos- cobra bien, tiene vacaciones y a veces ni siquiera conoce el nombre completo de su chofer o secretaria, mucho menos la misión, visión u objetivos de su centro de trabajo; hasta, los secretarios de Estado del Imperio global, cuyas agencias preparan vastos documentos, con algunos datos ciertos, otros medio verdaderos y muchos completamente falsos, que el sistema mediático mundial se encarga de difundir. Obviamente en el análisis, estuvo el tema de los energéticos, supuestamente en el umbral del agotamiento, la quiebra inducida de la empresas paraestatales a fin de venderlas a precio de bancarrota, el petate del muerto de las energías alternativas “peligrosas” cuyo manejo ordenado por la agencia de uso de energía nuclear para fines no bélicos, se pasa por alto cuando hay que inventar pretextos para iniciar una guerra y, no podían faltar los terroristas, ultima invención después del comunismo y la guerrilla para descalificar las protestas sociales por el hambre y la marginación.
La información, esa consagrada en la carta Magna de México como derecho de todos, se ha convertido en materia de retórica, por el cúmulo de desinformación generada por los grupos de poder para mantener sus cuotas y hegemonía. El pueblo clama por la intervención del ejército, hasta en problemas de interrelación vecinal, como resultado de la propaganda. Son pocos los que disciernen el impacto de casi tres mil ciudadanos mexicanos victimados el año pasado en calles, restaurantes y domicilios familiares, cuya factura indiscriminadamente se carga al narcotráfico ¿Cuántos de ellos eran líderes sociales, comunicadores honestos o, simples desafortunados que estuvieron en el lugar equivocado a la hora inconveniente? Mientras el producto del trabajo de la humanidad se despilfarra en campañas electorales cuyo resultado final no corresponde al anhelo de la gente, el planeta es depredado por empresas transnacionales, adictas a la colonización y el dinero, que indiscriminadamente utilizan para publicitar sus mentiras. Porque lo que algunos discretamente llaman “simulación”, no es otra cosa que discursos contrarios a la verdad con el ánimo de engañar. Afirmar lo que es falso, es simple y llanamente un embuste.
La humanidad del siglo XXI, está atrapada en la usura bancaria, por las argucias presentadas en 30 segundos, que invitan a comprar con tarjetas de plástico cuyos intereses siempre se ocultan y hacen impagable su deuda. Los jóvenes son excluidos del mercado de trabajo, después del agotamiento del patrimonio familiar en colegiaturas de universidades, que son negocios y no templos del saber. Los industriales nacionales cierran sus empresas frente a la competencia desleal del que viene de fuera y es cobijado por los traidores a la patria. Los pueblos dependientes del trabajo del campo, se convierten en fantasmas poblados por ancianos, mujeres y niños, a los que se acostumbra a la dependencia de la moneda extraña ganada a fuerza de discriminación, trato inhumano y persecución. Ya es tiempo de que la verdad descubra a los impostores.
* Comunicóloga.