Ensayo


EL CONOCIMIENTO Y LAS PERSPECTIVAS


Oswaldo Roses *

Para conocer la realidad la perspectiva es secundaria, poco importante y, a veces, sin apenas importancia. El mitómano arrastrará adondequiera su mito y por más perspectivas que se le ofrezcan verá siempre el mito, no la realidad (Tartarín, el protagonista de la famosa novela de Daudet, representa un África como prejuicio o fin para su heroicidad, pese a toda perspectiva). El ignorante constituirá o inventará una realidad que no es, que no existe, dondequiera que esté, contestándose a su propia ignorancia y convalidando su terco errar aunque abarque miles de perspectivas; así, las estrellas podría considerarlas como objetos celestes que dependen de la Tierra o que giran a su alrededor, también que la mujer es inferior y no entendería que posee los mismos derechos.

Por ello, sólo el raciocinio es lo importante para el conocimiento, el concebir las cosas racionalizadas antes que el dar vueltas estúpidas en torno a ellas -pues el incrementar las perspectivas sobre una base de sinrazón agranda la estupidez-. Por ejemplo, si una persona dispensa la veracidad de que nadie puede ser condenado sin un juicio imparcial o justo previo, como veracidad que es que protege la razón de presunción de inocencia es tal como es y, eso, significa que los interesados por perspectivas y perspectivas -para confundir- bien pueden prescindir de ellas porque: todos deben tener un juicio imparcial o justo en tanto que se quiera defender la presunción de inocencia. Más claro aún, si una veracidad es que todos los seres humanos tienen los mismos derechos, pues, las mujeres, los homosexuales, etc., tienen los mismos derechos y las perspectivas se presentarán protegiendo o defendiendo a ese fin, no por el camino contrario u obedeciéndole a una religión lo contrario ("Y al raciocinio corresponde mandar, por ser sabio y tener a su cuidado el alma entera, y a la fogosidad le corresponde ser servidor y aliado de aquél", Platón).

Según esto, las perspectivas están condicionadas por la razón y no son condicionantes de la razón para que se desmadre la subjetividad o la confusión, en pro de que cada perspectiva debe sustentarse en conocimientos, ir correspondiendo a conocimientos verificados que la salvaguardan como razón. Ese "depende de una perspectiva", sí, es una falacia, ya que todo en el ser humano dependerá de la racionalidad, se quiera o no, imprescindiblemente de la razón por encima de una perspectiva. Tan pronto como esto se entiende las perspectivas ayudan a razones -que el ser humano es un ser vivo, que se comunica, que vive en sociedad, etc.-, por lo cual no se van de vacaciones a extraer visiones desde la nada.

Algo, entonces, no depende de una perspectiva; no, en absoluto, porque ya depende de miles de razones previas que no puede eludir. No obstante, lo que sí es válido racionalmente es que una perspectiva contribuye algo más a esas miles de razones, si se verifica igualmente como razón, no como prejuicio, como frase hecha o como capricho personal.

Téngase en cuenta que la perspectiva no es en sí misma un conocimiento -al ser guiada frecuentemente por la subjetividad-, sino que puede ser el seguimiento del raciocinio si realmente corresponde a otra razón y así se verifica. Como es común el relacionarla con una opinión todos hablan o se inclinan a hablar de su perspectiva, de su opinión, casi por antonomasia en vez de referirse directamente a "es mi opinión" con los prejuicios que así pueda acarrear; ¡ah!, pero es más bonito o queda mejor decir "es mi perspectiva" como reprochándole algo al otro de que no la ha buscado, para que la busque por aquí y por allá como si fuese, digamos, una misión por encontrar un tesoro. Y no, eso no es correcto, pues se trata más bien de que ése que se refugia en "mi perspectiva" argumente sin excusas racionalmente y, con ello, se defienda de una vez por todas con unas mismas reglas de juego en coherente demostración o veracidad racional.

* Pseudónimo literario de José Repiso Moyano, pensador, poeta, narrador y ensayista español, nacido en Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: Cantos de sangre, Ediciones Rondas,Barcelona, 1984, y La muerte más difícil, Ediciones Torre Tavira, Cádiz, 1994. Ha ganado los premios: "Ángel Martínez Baigorri" de Navarra y "Encina de la Cañada" de Madrid. Es asesor literario de la colección Torre Tavira de Cádiz, donde ha publicado los plegables La muerte más difícil (1994), Carne de cañón (1996), Soñada luz (1999) y La caja de cristal (2000). Ha colaborado con ensayos, artículos y poemas en las revistas Casa de las Américas (Cuba), La palabra y el hombre (México), La Nuez (EU), Julia (Puerto Rico), Repertorio Americano (Costa Rica), Turia (España), Signo (Bolivia), Nueva Avenida (Argentina), Trizas de Papel (Venezuela), El Universitario (El Salvador), Índice (Colombia), La Bota Literaria (Argentina), así como Zurgai, La luna de Mérida, Extramuros, Los Papeles de Río Seco, Fábula, Los Cuadernos de Bronce y Barcarola (España).

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