México


TROPEZANDO CON LA IGLESIA


Rafael Mendoza Toro *

Antes de entrarle al tema de la catedral y la irrupción dominical, vale la pena fijar un poco de marco histórico. Prácticamente de origen, la relación entre las religiones y los movimientos de izquierda han sido complicadas, pues sus dos vertientes principales, tanto el marxismo como el anarquismo apostaban contra las religiones organizadas, aunque por razones diversas. Marx al fincar sus tesis en el materialismo, ergo negando todo interpretación idealista de la realidad y consecuentemente la existencia de un dios y cuanta institución se fincara sobre esa figura; tesis que lleva a Lenín a postular que “la religión es el opio de los pueblos”. El anarquismo a su vez, se opone a dios y las religiones como mecanismos de negación de la libertad absoluta que proclamaban. De cuna autoritaria, no es raro que los marxistas en el poder limiten el actuar de las religiones, como en la URSS, donde se somete a la iglesia ortodoxa aunque sin llegar a desaparecerla. Los anarquistas que sólo quieren destruir el poder, son más radicales, en España dinamitan iglesias y fusilan sacerdotes, sin siquiera ver la contradicción que siendo libertarios, a su vez negaran la simple libertad de creer en lo que se quiera.

Estos desencuentros se repitieron en México con una particularidad: mientras la izquierda ha sido exigua minoría, la inmensa mayoría se declara católica. En consecuencia, la primera gran piedra se lanzó desde sus atrios, denunciando al marxismo ateo que amenazaba a México, llegando la violencia, como fue en la cristiada cuando sus guerrilleros persiguieron a maestros que intentaban propulsar la educación socialista, fusilándolos bajo el cargo de “enemigos de dios”. El fin de la cristiada no mejoró las relaciones, para sectores ultras del catolicismo, la caza de comunistas siguió siendo una alternativa para ganar indulgencias, actuando bajo distintos nombres, como lo fue el MURO. Empero, a este encono la izquierda no presentó respuesta, considerando que sí de por si las tenían difícil, incorporar a la propaganda el tema antirreligioso hubiera hecho las cosas más complicadas. Esto cambió radicalmente ante el conclave Vaticano II y la llamada “opción preferencial por los pobres”.

En este encuentro, realizado a inicios de los 60s a iniciativa del Papa Juan XXIII postula que el cristianismo debe regresar a sus bases, centrando su prédica entre los más pobres pero no sólo con vista a salvarlos para la “otra vida” sino en la satisfacción en ésta de sus carencias materiales. Estas tesis dieron origen a lo que se llamó “Teología de la liberación” que en Latinoamérica representó un impulso que revitalizó las luchas de la izquierda. Ante la llegada de sacerdotes y laicos católicos a las mismas luchas, los marxistas decidieron atemperar y hasta olvidar la proclama leninista, bajando el nivel de la crítica hasta conformar un corriente llamada “marxismo guadalupano”.

La convivencia marxistas-cristianos, empero tuvo sus excesos: por no importunar a sus nuevos aliados, se obviaron críticas a los excesos conservadores católicos, pues no por “progresistas sociales” dejaban de postular visiones limitadas en otros terrenos; como el sacerdote Miguel Concha, una de las voces más avanzadas en la crítica al capitalismo, que al mismo tiempo postulaba en su discurso un rechazo a los derechos reproductivos de las mujeres, a la anticoncepción, el aborto o los derechos de los homosexuales, sin que nadie se atreviera a cuestionarle, pues eran los católicos quienes aportaban las multitudes con quienes se haría la revolución. Si bien el marxismo guadalupano casi desapareció junto con los marxistas, el zapatismo ha recogido esa visión sin ver la incongruencia entre su pretendida agenda libertaria con el conservadurismo católico.

En este contexto, los choques entre las fracciones ultras de obradorismo con la iglesia católica, especialmente con el cardenal Rivera, tiene poco que ver con estos antecedentes; pues en principio es cada vez más evidente que el Peje y sus seguidores poco tienen que ver con una visión histórica de la izquierda y más bien como lo define Roger Bartra hace una semana en el diario Milenio, le representan un lastre al constituir, en sus palabras “un fundamentalismo sin fundamentos”. Dentro del pragmatismo de AMLO, por ejemplo, las coincidencias y complicidades con el cardenal fueron plenas, siendo invitado de honor permanente a sus fiestas cívicas y recibiendo del gobierno de la ciudad generosos donaciones, que hacen ver por contraste pichicato al panismo aguascalentense. Sin bases ideológicas, no había contradicción en que dos hombres del poder terrenal se aliaran en busca de mayores beneficios mutuos: el Peje el aval de la iglesia en su campaña política electoral y el cardenal asegurar el esquema de beneficios que de siempre ha recibido de los gobiernos mexicanos. Empero, el Peje no ganó y en los ánimos de cardenal Rivera no hay espacios para perdedores y según sus prioridades, optó por Felipe Calderón que es quien ahora manda “haiga sido como haiga sido”.

El agravio fue tomado como una “traición de amantes” entre el cada vez más irracional núcleo de seguidores duros del Peje, esos que reparten culpas a diestra y siniestra por las complicidades en el mítico fraude, lo mismo al PAN, PRI, IFE que a perredistas como Ruth Zavaleta que acusan de deslealtad a la causa, enarbolando banderas de intolerancia que rayan ya en lo criminal; así, la denuncia que presenta el senador Carlos Navarrete ante los insultos y amenazas que recibe de parte de fracciones ultra no es un recurso mediático para salir en las noticias, sino una precaución ante las posibilidades reales de una agresión física.

En los tiempos trascurridos desde el desafuero, que es cuando eclosiona el obradorismo, su evolución hacia una nueva religión ha sido constante, su conjunto de creencias se ha alejado de una ideología para constituirse ya en dogmas irrefutables, tanto que cualquier disenso de sus mandamientos equivale a herejía y sus postulantes devienen en enemigos o traidores; baste recordar los intentos fallidos de analizar a nivel de autocrítica el proceso electoral en el congreso del PRD, la sola posibilidad de mencionar un error de López Obrador suscitó una atmósfera de linchamiento que obligó a ni a discutir el punto.

En conclusión, más que un nuevo choque iglesia-izquierda, la irrupción de pejistas a catedral la semana pasada, es una escalada de la guerra entre dos religiones, dos credos dogmáticos e intolerantes, que no pueden coexistir en un mismo espacio y tiempo sin colisionar. Este primer episodio cerró con victoria para el cardenal, que obligó a Ebrard hasta decirle “papá” plegándolo a todas sus demandas; más no será el último y el siguiente será más violento; no puedo especular de quien será la primera sangre, pues entre los duros de ambos grupos crecen los enconos, mas me temo pueda ser de un “traidor”, pues cuando encarcelen a uno de los intrusos por la demanda del secretario general del PRD, se habrá fijado un punto de no retorno. De ahí a Al Queda hay poca distancia.

* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.

Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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