México


HACIENDOLE AL AUGUR


Rafael Mendoza Toro *

Según dice mi loquero, quien lo atribuye a Lacan, la incertidumbre es una de las mayores fuentes de angustia, la contemplación de lo desconocido hacia donde necesariamente se debe avanzar genera insomnios, ansias y paradójicamente actividades altamente lucrativas como es la de augur. Desde la antigüedad fueron ganando fama y dinero quienes decían escudriñar el futuro, interpretando lo mismo el vuelo de las aves, que las entrañas de un cordero; tarea a la que se unían ritos que llevarían tanto a evitar desgracias como a convocar la buena fortuna, por intermediación de algún ser superior. De hecho todas las religiones actuales, tuvieron estos mismos orígenes, salvo el budismo, que reconoce al futuro como consecuencia directa de los actos individuales, en el llamado karma.

Ahora que los augures han perdido cartel, pese a que se dice que muchos políticos aún consultan a su brujo personal, el rol de escudriñador del futuro, al menos en el terreno económico, ha caído en las manos de pronosticadores más o menos profesionales, mismos que al inicio de cada año predicen la evolución de algunos agregados macroeconómicos, pretendiendo orientar así a tomadores de decisiones a manejar los riesgos, o como sucede en México, a preanunciar la catástrofe económica que finalmente nos llevará a la revolución social. Pretendiendo no ser menos, éste analista ha decidido jugar al agorero presentando algunas estimaciones de la evolución económica, usando como base los pronósticos “oficiales” contenidos en el presupuesto de egresos 2008, a la luz de los nuevos acontecimientos.

Para empezar, el 3.5% de crecimiento del PIB previsto difícilmente se alcanzará, cuando más se acercará al 3 y, sí se concatenan algunos eventos negativos, puede ubicarse en un 2.5%. El factor fundamental será la evolución de la economía norteamericana, inmersa en una crisis de liquidez secundaria al desastre de créditos hipotecarios; ahora, pese a la magnitud de las pérdidas, no hay consenso entre los analistas si se presentará una mera desaceleración - crecimiento menor- o se llegará a una plena recesión, con caída del PIB. Pero, incluso en el peor escenario, la economía mexicana no caerá en recesión, el blindaje no es tan bueno como lo presume Calderón pero si resistirá un mal año.

En materia de inflación, la meta oficial se vera rebasada, el 3% fijado muy probablemente se acercará al 5% porque esta vez estaremos importando inflación, junto con los productos norteamericanos. Durante el Salinato, por ejemplo, las importaciones se incrementaron ampliando la oferta y, de paso, enfriando la inflación al contener los productos más bajas tasas inflacionarias; esta vez, el fenómeno contrario podría darse, pues desde finales del año la inflación norteamericana es mayor a la nacional, consecuencia del alza de energéticos, pues allá no hay monopolio gubernamental que fije los precios por decreto, sino que, sí los insumos se encarecen como es el caso del petróleo, los productos lo hacen igualmente. Así, aunque los productos norteamericanos seguirán “abaratados” por la devaluación relativa del dólar, dada el monto de nuestras importaciones, terminarán por “contagiarnos” un poco de su inflación. Ese posible 5%, por supuesto está muy lejos de los catastrofistas escenarios previstos por algunos actores políticos, con la complicidad ignorante de uno que otro comunicador, que crean mitos como el “gasolinazo” o la devastación del campo mexicano ante el TLC, quienes gustan manejar cifras del orden del 50%, cuando ni siquiera saben como se conforma una “canasta” de satisfactores, o peor aún, ni calcular un porcentaje.

Mas no todas serán malas noticias, el cambio peso-dólar seguirá firme y chance hasta mejore unos centavos. Esto será particularmente bueno de la clase media para arriba pues con dólares baratos se estimulará el consumo de importaciones y el shopping en el extranjero, incluso el beneficio podría llegar más abajo pues las importaciones de granos y alimentos básicos, ya sin aranceles, permitirían abaratar la canasta de consumo. Lo malo de un peso fuerte es que impacta las exportaciones pues las encarece y de pasada, disminuye competitividad a la mano de obra mexicana subiendo su costo en dólares, fenómeno paradójico, pues aunque los trabajadores mexicanos no lo han notado en su bolsillo, en los últimos años han subido en el ranking internacional de costos del trabajo, de hecho son los mejor “pagados” de Latinoamérica. Si bien seguiremos contando con dólares a 11 pesos, para que no se apure a comprarlos, el Euro y otras divisas fuertes seguirán al alza, pues se están apreciando ante el dólar y consecuentemente ante las monedas ligadas a éste; como tip especial para quien tenga algún dinerillo que no sabe en que invertir, la compra de yuanes chinos puede ser el negocio del año, hace rato que está subiendo la presión para que se revalúe y no creo que pase de este año para que lo haga por lo menos en un 20%.

La creación de empleos, como consecuencia del magro crecimiento económico, seguirá por debajo de los requerimientos, para no decir de los rezagos; si bien el año anterior el gobierno presumió cifras record en nuevos empleos cercanos al millón, ya bajo análisis más acucioso lo que queda evidenciado fue que, más que creación, lo que se vio fue la formalización vía registro en el IMSS de trabajadores ya contratados y que se habían mantenido en la informalidad. Ese fenómeno, que patrones legalmente “regulares” acudan a la contratación irregular de trabajadores para disminuir los costos indirectos de la formalización, se está haciendo cada vez más común y aunque a la vista del contratado la situación no es la optima, funciona la lógica que es mejor un mal trabajo que ningún trabajo.

Donde no puedo aventurar ningún pronóstico es en el terreno de las decisiones políticas con repercusiones económicas. Si se logrará por ejemplo, una reforma energética que abriera la participación de capital privado de riesgo en la exploración y explotación petrolera, conservándose si se quiere el dogma de “propiedad de la nación”, no sólo se lograría mejorar el panorama de esa industria en el corto y mediano plazo, sino que se enviaría una señal a los mercados internacionales de capitales, donde México ha ido perdiendo presencia y competitividad y una reforma de ese tipo le permitiría reposicionarse y atraer inversión. Lo mismo se podría decir de una reforma laboral, que compagine los derechos de los trabajadores con los nuevos escenarios de empleo, pues la actual prioriza a los trabajadores presentes pero vulnera los derechos de los futuros. Aunque estas y otras reformas mejorarían el desempeño económico del país, su logro dependerá de la visión o mezquindad de los partidos políticos, terreno pantanoso donde mejor ni apostar. Como sea, vaya una felicitación a los lectores y a Aguas, que inicia su noveno año.

* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.

Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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