México


TLC CON EL NORTE Y POLÍTICA INTERNA


Víctor Manuel Barceló R. *

Al inicio del gobierno federal actual, se integró lista de “100 buenos propósitos”, en que se recogieron –entre otros- compromisos con el campo que sonaron muy positivos. Ellos son: un Plan emergente –punto 52-, buscando enfrentar con éxito la apertura en el TLC con el Norte, que “descobijó” a la producción de maíz, frijol, caña de azúcar y leche. Para ello el gobierno comprometió “bajar los costos de producción para acercarlos a los que enfrentan los productores de Estados Unidos y Canadá”.También sendos compromisos para impulso al desarrollo agropecuario, mediante la continuidad de Procampo –que se esperaba ajustado a las peticiones campesinas-.

“A través de FIRA y la Banca de Desarrollo –reza el “buen propósito” los productores tendrán más acceso a créditos…el gobierno impulsará la creación de infraestructura…para el acopio, la comercialización y el transporte…se continuarán…programas de agricultura por contrato para garantizar a los trabajadores…un ingreso por sus cosechas”.

En otro apartado se decide dar certeza en el campo, iniciando “la conformación del Catastro Rural Nacional que articule…los diferentes regímenes de propiedad: ejidal, comunal, pequeña propiedad, terrenos nacionales, colonias y parques nacionales; el uso de suelo y el aprovechamiento actual, como…instrumento que contribuya a la planeación y ejecución de políticas que promuevan el desarrollo sustentable, con certeza jurídica”. En ese tenor “Se otorgarán créditos a los jóvenes para…proyectos productivos y la adquisición de derechos parcelarios de campesinos mayores, (buscando) arraigo de los jóvenes en sus lugares de origen, frenando la migración, y propiciar su acceso a crédito, capacitación y asistencia técnica, para impulsar el relevo generacional, la reconversión productiva y la innovación tecnológica…”.

Eso es lo medular de un compromiso, retaceado en la práctica, a contrapelo del interés campesino y que –hasta ahora- no incrementa la actividad en el campo, menos detiene la migración. De allí la reacción en la “megamarcha” de hace días, en que muchos miles de campesinos, de toda la República, insistieron en la urgente renegociación del Capítulo Agropecuario del TLC con el Norte. Estuvieron apoyados, solidariamente, por organizaciones obreras. Dicha demostración de repudio se repitió en 22 entidades federativas y en diversos municipios. Resulta importante su análisis, porque mostró malestar generalizado en el país.

Frente a ello, periodistas y analistas del régimen, pretenden ocultar una verdad social, con resultados económicos. El TLC produce riqueza, con el incremento en exportaciones de algunos productos agropecuarios, al imperio y Canadá. Los recursos obtenidos -sin duda- son cuantiosos. Pero el volumen fundamental del ingreso logrado, queda en muy pocas manos. Son productores de zonas muy definidas, quienes venden y acumulan aún más la riqueza, en un país en que el 10% de la población, apenas, goza de todos los privilegios que da un patrimonio acumulado; en tanto más del 40% vive en pobreza. Los recursos conseguidos por intercambio mercantil, con los socios del TLC, no se reparten, ni por todo el país, menos aún entre los campesinos en general.

Por ello el reclamo fue de subsidios al campo, para avanzar en la soberanía alimentaria y fortalecer las libertades ciudadanas. Pero no subsidios para que no se mueran de hambre, sino similares a los que reciben los campesinos del imperio y Canadá, para mantener sus producciones y competir en los mercados internacionales. País que crece,debe, en buena medida, sus resultados a su subsidiado sector agropecuario. Lo que no implica su cooptación política.

Si están esperando que la CNC –por ejemplo- responda a intereses del grupo en el poder, para reaccionar positivamente a sus reclamos por los campesinos de México, tendrán que “esperar sentados”, porque para ello tendría que existir coincidencia ideológica, y esa no se aprecia por ninguna parte. Lo mismo puede afirmarse de las otras organizaciones campesinas. Todas -juntas o por separado- llevan varios años insistiendo en la revisión del TLC, pero solo reciben “acuerdos falsos” o evasivas. El saldo hasta ahora es de dos millones de empleos perdidos, en diez años. Muchos emigran, otros oyen “el canto de sirenas” de la delincuencia.

Tampoco se pretende el cese de funcionarios, si los que lleguen mantendrán la misma postura anti campesina. Por eso ahora, estuvieron juntos campesinos y obreros en la “megamarcha”. Unos, pugnan por ser tratados igual que los productores agropecuarios, de los otros dos países integrantes del TLC. Los obreros buscan respeto a sus conquistas. Ambos impulsan libertades que la democracia ofrece. Su preocupación es clara por resolver: el abandono al campo y sus consecuencias en precios de alimentos y la migración; el deterioro de la salud social y la afectación de los contratos colectivos de trabajo.

El saldo para la mayoría de los mexicanos, es la pobreza y en casi la mitad de ellos, la miseria. Esta crisis social se compagina con la económica y apunta a una grave situación, cuyos primeros acontecimientos se aprecian a lo largo y ancho del territorio nacional. Seguramente unidos -campesinos y obreros- apuntalarían el crecimiento de la economía, si tendiera al desarrollo sustentable, en que el ingreso per cápita iguale económicamente, cada vez más, a los mexicanos. ¿Será posible tal situación, o continuaremos sin estrategias económicas que atiendan al bienestar social?. Las consecuencias pueden ser muy graves.

* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.

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