PROPAGANDA QUE ENVILECE
Ni siquiera el imperio estadounidense, ha podido sustraerse de las lacras que han marcado a la democracia, después de la caída del muro de Berlín. Con la globalización y la preponderancia del mercado por sobre las prioridades populares, el dinero, la propaganda y la lucha empresarial transnacional se privilegian, dejando en segundo término –por no decir borrando de plano- la justicia, la equidad, las garantías individuales y los derechos sociales. Tanto la señora Clinton, como el republicano que seguramente será el candidato en las próximas elecciones de norte América, se han percatado de los riesgos implícitos en la campaña del señor Obama, basada en una propaganda política, que … “en vez de alcanzar uno de sus fines más generosos y ardientes, el de una patria humana sin fronteras,…. Lo que ha logrado es borrar éstas, únicamente en el mundo de las palabras” (Eulalio Ferrer Rodríguez. Por el Ancho mundo de la propaganda Política. 1976).
La propaganda política –según escribió el autor que cito- “se ha convertido en rama favorita, del Estado moderno …. en palanca que orienta, persuade y dirige, ablanda o modifica actitudes, cambia opiniones y abre el camino, muchas veces, para llegar a la completa domesticación de la mente humana”. Por el uso de la propaganda toda una generación de jóvenes alemanes, cometió homicidios y, en Irak, la muerte de 15 policías la semana pasada, se convierte en simple nota roja, para favorecer al grupo que, basado en una mentira, invadió y masacró a una población, hoy por hoy, víctima de las consecuencias de este antiguo truco de la palabras, para ponderar la dominación del idioma, por encima del oficio de la negociación. La publicidad maniquea lleva a la inflexibilidad, al culto irracional y a la mentira. Hoy los ciudadanos de Francia o los de Venezuela, se escandalizan por los excesos de los gobernantes elegidos, creyendo en los slogans de su propaganda
El elemento común entre las 36 personas muertas por un “atentado suicida” en Afganistán con su secuela de 4 soldados canadienses heridos y cuarenta víctimas civiles, cuya característica se resalta como “comerciantes ambulantes de frutas” el domingo antepasado, y los cientos de mexicanos fallecidos “por culpa del narcotráfico” es únicamente la propaganda. El botín de guerra en todos los casos, es el petróleo. Solo en Irak, más de setenta empresas se registraron para competir por nuevos contratos, para “ayudar a desarrollar las reservas de ese país”, devastado en su cultura, destruido en sus estructuras sociales y saqueado sin misericordia por quienes orquestaron un supuesto establecimiento de la democracia a partir de una mentira propagandística “Irak tiene armas de de destrucción masiva”. Armas químicas y biológicas, nunca encontradas, estrategia que el Reino Unido, recién admitió fue un error táctico.
Para cerrar la pinza de la domesticación, se hace necesario el espionaje, la posibilidad de perseguir sin límites a todo aquel que se oponga a tales tácticas y que, en uso de sus libertades exprese la verdad. ¿No le parece algo más que coincidencia la aprobación de legisladores en Estados Unidos, para decidir sumariamente quien puede ser encarcelado como sospechoso de terrorismo, y la recién aprobada en comisiones del legislativo mexicano, de una modificación al sistema judicial que legitimará cateos en los domicilios de quien sea, sin orden de juez?. En los estados unidos, La Corte Suprema se negó a oír una demanda que impugna el programa de espionaje nacional del gobierno de Bush, presentada por La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles. ¿Así resolverá nuestra Suprema Corte de Justicia, cuando periodistas, académicos, abogados y organizaciones sin fines de lucro, intenten ampararse en contra de los excesos de nuestra “ley”?
Lo que a finales del siglo XIX, dio lugar a la prensa amarillista en una sociedad obligada a dejar sus esquemas familiares y sociales, resquebrajados por una fuerte oleada de inmigrantes, y por el éxodo de numerosas poblaciones rurales hacia las grandes urbes industriales en Estados unidos, hoy es el pan de cada día, en una aldea global, dominada por los intereses de medios electrónicos cuyos dueños tienen acciones también en el petróleo, la banca, la industria alimenticia, los servicios de salud, la educación y el desarrollo de vivienda. Convencernos de que esto es “bueno”, les resulta sencillo. Ellos deciden lo que debemos saber, ellos califican la bondad y la maldad de todos. Estos magnates, se dan sus propios códigos de ética, dictan leyes, se conducen como investigadores legítimos, persiguen, juzgan y sentencian. Así es la propaganda vil.
* Comunicóloga.