EL PRD Y SU COCHINERO: NI CHUCHO NI ENCINAS
Rafael Mendoza Toro *
Todo está listo para el arranque del “cochinero”, mote familiar y casi cariñoso para el proceso electoral interno del PRD. Aunque este viernes apenas cerró el registro de candidatos y las campañas como tales iniciarán hasta febrero, no por eso se han detenido las maniobras preparatorias para el acarreo de votantes, el taqueo de urnas y demás triquiñuelas que adoban sus elecciones, al mismo tiempo que mentadas, descalificaciones y demás infundíos con que demuestran la altura del debate, llenan paginas y tiempo aire de los medios de comunicación. Nos será por inexperiencia que caigan en estas prácticas, por el contrario, se han ido depurando y perfeccionando en cada ciclo electoral, llegando en ocasiones a superar las más depuradas maniobras de los mapaches priistas, sus mentores e inspiradores. Lo que sí será novedad, es la pretendida redefinición del PRD ante la coyuntura política representada por sus dos principales candidatos, donde se dice, pueden apostar por la moderación y el camino institucional con Jesús Ortega, o por el radicalismo y el rompimiento con Alejando Encinas. Hace ya un buen que dejé las filas del perredismo, pero si se me planteara la opción de votar por alguno de ellos, definitivamente no lo haría; mi rechazó estaría en mucho documentado por conocerlos a ambos de algún tiempo. Vaya en consecuencia un desglose de razones.
En el caso de Encinas, coincidimos a inicios de la década de los 70s en las filas del Partido Comunista, de donde ambos salimos aunque en circunstancias diferentes: en mi caso fue por la ultraizquierda, siguiendo el radicalismo entonces en boga, mientras que Alejandro lo hizo por el camino de la moderación y modernización de la izquierda, entonces secuestrada por el burocratismo soviético. Encinas y unos pocos más, apostaban por la revisión de los dogmas marxistas, empezando por la “dictadura del proletariado” y la “expropiación de los medios de producción”, para postular que el comunismo podía coexistir y actuar con la democracia burguesa liberal y el capitalismo, transitando por las reformas antes que por el rompimiento revolucionario. Estas tesis, más cercanas al eurocomunismo que a la socialdemocracia, les ganaron el aislamiento y la descalificación lo mismo de la izquierda radical que de la burocracia comunista, empero persistieron y “vencieron” al punto que el propio PC terminó adoptando una posición semejante.
Años después nos reencontramos en el PRD en las filas de los Amalios donde los excomunistas intentaban sobrevivir a la depredación de las demás corrientes; de hecho combatimos “heroicamente” en la campaña de Amalia García contra la aplanadora Peje-Chuchos en 1996, cuando AMLO obtuvo la presidencia del partido. Recociendo su inteligencia por sobre las tribus, Encinas fue nombrado por Cárdenas secretario del medio ambiente en el DF, pasando a Desarrollo Económico en la administración de López Obrador, culminando su carrera con el interinato en la Jefatura de Gobierno. Algo debió cambiar su talante, pues de moderado en tiempos de radicalismo, pasó a coincidir con lo más radical del pejismo, llegando a soslayar sus tareas de gobierno por su apoyo al plantón y demás medidas con que el Peje descargó su furia. En los últimos tiempos, ya nada reconozco del Alejandro inteligente y conciliador; tal vez fuera que el propio autoritarismo del Peje obliga a sus seguidores a “comprar el boleto completo” y renunciar a la inteligencia y autocrítica para no ser acusado de hereje y traidor, tal vez fuera, que honestamente vio la luz y rectificó una vida en el error para abrazar el rupturismo pejista, ese que manda al diablo a las instituciones e incendiará al país antes que reconocer estar equivocado. Ni lo que queda de su bonhomía ni el compartido gusto por las chelas me haría votar por él.
A Jesús Ortega, a diferencia, lo conocí muchos años después, pues en aquellos años definitorios Chucho frecuentaba militancias éticamente cuestionables, para usar un eufemismo. Ya era Jesús coordinador de la fracción perredista en el congreso cuando lo conocí personalmente, reconociéndole su inteligencia y habilidad política, que lo ha hecho cabeza de la tribu más importante y nuevamente candidato a la presidencia partidaria, esta vez simbolizando la opción razonable y negociadora, lo que le ha ganado comentarios positivos en muchos editorialistas al mismo tiempo que torrente de denuestos del pejismo duro. Coincido plenamente con Jesús que la política debe ser dialogo y negociación, pero difiero en su método, pues aunque pretende semejarse a la socialdemocracia europea, ante la ausencia de un marco teórico usa el casuístico “toma y daca”, donde con frecuencia no abunda ni la congruencia ni la ética.
Un marco teórico no es un rollo con que los politólogos intentan vender sus servicios a los políticos pragmáticos, sino una serie de definiciones fundamentales que distinguen que es irreducible e innegociable de lo que es accesorio, por tanto materia prima para la conciliación y negociación. Innegociable para la socialdemocracia sería, por ejemplo, el respeto a los derechos humanos y libertades individuales, rechazando el doble juego de valores de la izquierda mexicana, que denuncia tonantemente la represión en Atenco, mientras no dice nada si quien lo hace es una administración de su partido, o la violación a la libertad de expresión de una conductora radial, mientras atenta contra la misma de todo autor que se atreve a descreer del dogma de fraude electoral primigenio.
Por el contrario, Jesús en su discurso levanta como sus irreductibles los dogmas más viejos y manidos de la izquierda mexicana, esos que tuvieron algún significado y valor en los 60s y 70s, pero que, sí pretende calificarse como izquierda moderna debieran ser revisados y desechados. Tal vez intentando sonar más pejista que el Peje, torneo en que de arranque está derrotando, Chucho no ha vacilado en postular como propio lo más retardatario de la agenda de AMLO, lo mismo en las denuncias contra el TLC en materia agropecuaria que en la defensa por el purismo nacionalista de PEMEX, puntos coherentes sí se es nacionalista revolucionario de los 70s, pero no para quien pretende navegar en el siglo XXI. Le queda a Jesús un largo trecho para avanzar si en verdad se pretende socialdemócrata moderno, debiendo soltar el lastre del Peje y de los marxistas ortodoxos que subsisten en el PRD, entre otros. Mientras, mi virtual voto no se inclinará por esos lados.
Mucho queda por ver y eventualmente comentar del proceso interno del PRD, las luchas en el lodo podrán ser atractivas para los espectadores externos y eventualmente surgirán nuevos ídolos de ese pancracio, donde el inefable Fernández Noroña se desempeña mejor que el Místico en el ring de la México. Habrá que comprar palomitas para disfrutarlo mejor.
* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.
Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.