EXTRAÑANDO A FOX
Rafael Mendoza Toro *
Si bien no hay consenso ni balance final de lo que fue la iniciativa del “voto útil” de algunos militantes de izquierda por Fox, en muchos de los que así lo hicieron persiste una sensación de frustración ante los magros logros del “sexenio del cambio” o peor aún, ante las evidencias de las trapacerías de Vicente y Martha, que aunque no hayan llegado a los niveles del priismo, se suponía que contra eso se votaba. Pese a lo anterior, en algunos puntos específicos, sí se lograron avances en mucho gracias a los compromisos signados por el candidato con su “izquierda votante”; relevantemente en el tema del medio ambiente. Aunque Fox en la boleta había signado alianza con el Partido Verde, la agenda de éste iniciaba y concluía con la compartimentación de prerrogativas y, destacadamente, con el nombramiento del Papá Verde Jorge González con secretario del medio ambiente. En contraste, con los compromisos se impulsó una agenda específica y documentada, cuyo primer paso a su instrumentación fue el nombramiento de Víctor Lichtinger como secretario del ramo.
Poner en la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales a un académico altamente calificado a más de conocedor de las especificidades de la gestión ambiental, fue un buen inició, al que se siguió con el reconocimiento de la problemática ambiental de país como tema de “seguridad nacional. De esta manera, de asunto menor trivializado en temas como la oposición a las corridas de toros, la sustentabilidad ecológica del desarrollo ingresaba a la lista de prioridades para el nuevo gobierno. Con esto se amplió la discusión y análisis de temas que habían estado fuera de agenda, como la contaminación de ríos y lagunas, la necesidad de impulsar el tratamiento de las descargas domesticas e industriales, la racionalización de su uso por la agricultura, etc. Desafortunadamente, como tantas cosas en el Foxiato, lo que pintaba bien no se concretó del todo, topándose con múltiples obstáculos que no se lograron superar como en materia de financiamiento, mientras que en temas puntuales sí hubo mejoras, como en materia de legislación o en la operación del Sistema de Áreas Protegidas, que por primera vez dejó de ser sólo un membrete. Empero, la incuria de Fox finalmente se impuso determinando la salida de Lichtinger sustituyéndolo el inepto de Alberto Cárdenas, con lo que se desvaneció toda esperanza de nuevos avances.
Los primeros signos del gobierno de Calderón en materia ambiental no fueron del todo malos, empezando por el nombramiento de Rafael Elvira Quesada en la SEMARNAT, buen técnico con experiencia en el tema que si bien no tenía las credenciales académicas de sus predecesores, bien podría ser un administrador eficiente que consolidara lo logrado y, sobre todo, impulsara los temas de mayor rezago, como la contaminación de ríos y playas o el tratamiento de residuos peligrosos. El primer problema se presentó casi al arranque, cuando el combate al narcotráfico se convierte en obsesión y casi única prioridad del nuevo gobierno, que aunado al bajo perfil del nuevo secretario, determinó la desaparición del tema medioambiental de la agenda gubernamental; no es que la declaración de Fox de “asunto de seguridad nacional” representara una gran diferencia, pero que ni siquiera se mencione es un mal signo.
En el año anterior, el ruido mediático relacionado con el cambio climático y calentamiento global hizo que la atención oficial se volviera sobre el tema; así Calderón en alguno que otro foro, de preferencia ante los reflectores, expresó su “preocupación y compromiso” para combatir el problema pero globalmente, o sea como el chinito “tu plimelo”. Ignoro si esos discursos le sirvieron para subir en el ranking mundial de combatientes contra el cambio climático, donde Al Gore reina; empero, en lo que hace a políticas públicas, su real responsabilidad como gobernante, sus iniciativas marcan un rotundo “cero”.
La emisión de gases de efecto invernadero, el tratamiento de aguas residuales, el manejo sustentable de los recursos naturales, no son sólo tema de discursos sino de políticas públicas, que establezcan, incentiven o castiguen prácticas tendientes a lograr objetivos ambientales. En el caso de México, en casi todos estos temas la política oficial ha sido omisión, o sea no hacer nada: quien contamina o tala, lo sigue haciendo y no hay signos de cambio. Lo que si hay, son amenazas de retroceso, como el la iniciativa presentada por el PAN para modificar la normatividad en materia de protección de manglares.
Los manglares son un tipo de humedales, ecosistema limítrofe entre los acuáticos y los terrestres en zonas generalmente planas en las que la superficie se inunda, por lo que el suelo se satura, quedando desprovisto de oxígeno. Los manglares cumplen funciones ecológicas, biológicas y económicas; son áreas de reproducción de especies de peces y mariscos; contribuyen con nutrimentos a los organismos que viven en las zonas costeras, donde según la FAO se realiza 80% de la captura mundial de peces marinos; la pesquería de camarón depende totalmente de estos ecosistemas; estabilizan las zonas costeras, mantienen mantos acuíferos en las costas, evitan el azolvamiento de los arrecifes coralinos y amortiguan el impacto físico del oleaje producido por huracanes; a más que mantienen actividades ecoturísticas importantes. Nada de esto importa ante el proyecto de ley, quien pese a que los manglares han sido desvastados por las actividades humanas en los últimos años, propone darle una nueva tarascada a nombre de la promoción de actividades turísticas. Por si se necesitara documentar más el optimismo, el nombramiento de Patricio Patrón, excacique de Yucatán en la PROFEPA y perfecto ignorante en la materia, termina por pintar un negro panorama sexenal sobre el tema ambiental.
Nomás pa´ ampliar la nostalgia por Fox y mostrar que también en Aguas sólo de nombre se defiende al medio ambiente, se nos anuncia el próximo fin del bosque de mezquites de la Pona. En su momento el alcalde Martín Orozco, tal vez por enchinchar los negocios de su vecino de palacio, aplicó la normatividad de uso del suelo para no autorizar la tala del bosque para dar paso a precioso fraccionamiento residencial; por contraste Gabriel Arellano, inaugurando su gestión y sus excelentes relaciones estatales, decidió echar mano de los recovecos legales para autorizar la construcción residencial y condenar a muerte a uno de los últimos pulmones de la ciudad. Claro, como buen demócrata empresarial, dejó abierta la posibilidad de hacer coperacha entre quienes nos oponemos para comprar el predio de la Pona y salvarlo de la destrucción. Lo peor de todo es que apenas empieza su gestión.
* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.
Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.