ASESORIA GRATUITA A GERMAN MARTINEZ: UNA DERECHA MODERNA
Rafael Mendoza Toro *
Ante el proceso interno del PRD, muchos analistas han coincidido en la necesidad de que este partido transite hacia lo que denominan “izquierda moderna”, a lo que, con toda justicia Agustín Basave desde Excelsior cuestiona la incongruencia de “demandar una izquierda moderna, cuando la derecha no lo es”. Ante tamaño argumento, irrefutable desde mi perspectiva, no está de más echarle la mano a Germán Martínez, nuevo presidente del PAN nacional dedicando las siguientes líneas a ayudarlo a definir lo que seria una derecha moderna, por otro lado una de sus prioridades si hacemos caso a sus discursos.
De entrada, la historia no ayuda mucho a las pretensiones de modernidad del PAN, pues de hecho nace como una reacción a los cambios iniciados por los regimenes de la revolución mexicana, específicamente el reparto de tierras, la institucionalización de la educación laica y la creación del Seguro Social, pretendiendo con su participación política revertir estos avances y conservar las cosas como estaban en el porfiriato, de donde el calificativo de conservador le es consustancial. Punto aparte en esta agenda original, representaba el catolicismo, pues aunque muchos de sus fundadores lo profesaban, para una vertiente el partido político debía representar una propuesta laica, considerando la religión asunto privado, mientras otros ponían al catolicismo como fuente de su doctrina y acción política. Estas contradicciones de hecho determinaron que su primer diputado federal renunciara al PAN por las presiones de los grupos católicos de derecha para que enarbolara su agenda.
Pese a este mal inicio, el PAN formuló una agenda politica donde la democracia y las libertades individuales constituían sus prioridades, eso si, aderezadas con un fuerte anticomunismo y una defensa de la libre empresa capitalista; empero, conservaron en su interior militantes de ultraderecha, casi fascistas y de un catolicismo medieval que con todo no lograban dominar al partido.
Este equilibrio se empieza a modificar en los 90s, ocupando paulatinamente la ultraderecha mayores espacios de la dirección, coincidiendo también con la mayor beligerancia de más conservador catolicismo; los tiempos de los meones de agua bendita. Con la llegada a la presidencia de Vicente Fox, la ultraderecha se fortalece y toma la dirigencia del partido y, peor aun empieza a semejarse al partido republicano norteamericano, llevado por la presidencia de Bush a adoptar un cristianismo fundamentalista, que lo mismo niega el conocimiento e investigación científica que acota las libertades individuales. En este punto es que Germán Martines intenta reconstruir al PAN como una propuesta de centro derecha.
Una derecha moderna presupondría, en principio, una comprensión plena de la separación Estado-Iglesia, por ende del laicismo como principio fundamental, reconociendo que la libertad religiosa plena es responsabilidad del Estado pero que las creencias individuales son asunto privado; ni el gobierno puede imponer códigos morales, ni las iglesias dictar políticas gubernamentales; los diez mandamientos no están en el código penal y los obispos no son legisladores ni mucho menos la palabra de un cierto “dios” el criterio ultimo. En el senado actualmente hay una iniciativa de reforma constitucional, promovida entre otros por el senador Diodoro Carrasco recientemente converso al PAN, que fijaría la laicidad del Estado Mexicano como uno de sus principios fundamentales y limite a todo intento de recrear un estado confesional con una religión de estado; así nadie acotaría la libertad de creer en lo que se quisiera, pero nadie podría imponer sus creencias a los demás.
Las libertades individuales, mal comprendidas por el PAN, debieran constituirse en su segunda prioridad; no se puede postular como fundamental la libertad económica para hacer negocios, mientras se coartan las demás libertades, como la de expresión, organización y manifestación política y, especialmente la sexual; no hace mucho, en la camara de diputados se discutió promulgar un día como de “la diversidad sexual” a lo que un grupo de panistas se opuso, pues “no iban a ser promotores de los maricones”. Si se reconoce, parafraseando a Adam Smith, que la iniciativa individual es el real motor de la economía y consecuentemente del progreso, las demás libertades debieran ir de la mano y ser igualmente prioridades. En consecuencia, el gran reto del PAN seria transitar de conservadores a realmente liberales, aunque sean “neo”.
En teoría, el PAN ha sido partidario del capitalismo y la libre empresa, en consecuencia enemigo del socialismo y de la intervención del estado en la economía. Esta identificación con el capitalismo empero, es limitada; son partidarios de hacer negocios y dinero, pero preferirían evitar molestias inherentes, como son la competencia, la productividad, la innovación tecnológica; se conciben más como rentistas que empresarios; tenderos antes que Bill Gates. En consecuencia no es raro que al interior del propio PAN se escuchen voces pidiendo proteccionismo, barreras arancelarias y demás contra la competencia siempre desleal; añorando los tiempos que el PRI otorgaba mercados cautivos y enriquecimiento asegurado. A su vez, la fobia contra el estado interventor, llevado a sus extremos por Echeverría y López Portillo, los hace postular una economía libérrima guiada solo por las fuerzas del mercado intentando semejar a sus hermanos mayores republicanos. Lo malo es que con esto desechan e ignoran también las funciones del estado regulador, que pone orden cuando las fuerzas del mercado tienden a la entropía, tema relevante en estos momentos de incertidumbre económica, pues una buena regulación bancaria en EU bien pudo minimizar el impacto de la crisis hipotecaria. Si el PAN se asume precapitalista, que sea también de un capitalismo moderno, competitivo, innovador y no del viejo rentismo predador.
Como observador externo, ignoro cual sea la real correlación de fuerzas en el PAN, si la modernización es solo proyecto de Calderón, Martínez y unos pocos leales, mientras la mayoría prefiere al viejo panismo provinciano, con la inteligencia e ideología de un sacristán del bajío, dispuestos a combatir a las minifaldas, los escotes y los condones, de ese que abunda por acá. Con todo, espero que triunfe y salde así la contradicción en la que caen muchos analistas económicos y políticos, que aunque apoyen a Calderón y postulen muchas de sus tesis, ni de chiste aceptarían ser militantes del PAN ante la vergüenza que ello implica. Tal vez el mejor indicador de su éxito será cuando Jesús Silva-Herzorg Márquez y Román Revueltas finalmente se afilien.
* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.
Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.