MEDIATIZACIÓN DE LA OEA
Víctor Manuel Barceló R. *
Una semana fue cubierta con notas periodísticas, referidas al ataque llevado a cabo por el ejército “colombiano” a un campamento de las FARC, en Ecuador. Era conocido que el comandante ”Raúl Reyes”, fungía como mediador para la liberación de rehenes, en su papel de titular de la Comisión internacional de las FARC. Su meta era lograr un nuevo acuerdo, en que fuera liberada Ingrid Betancourt, como precisó recientemente, el Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, en declaraciones a una agencia de noticias. Tal posibilidad no era del agrado de los estrategas yanquis.
De ahí surgió la orden para, por un lado, deshacerse del No. 2 de las FARC y por el otro, “bombardear” las negociaciones por la liberación de rehenes, que puede ser la puerta a una salida negociada del conflicto colombiano, el que lleva más de sesenta años y ha costado vidas y la intervención del imperio, en el corazón mismo del gobierno colombiano.
La invasión provocó la inmediata reacción del gobierno ecuatoriano -cuyo territorio ya había sufrido cuatro incursiones previas, reconocidas por gobiernos anteriores-. Con el apoyo incondicional de Venezuela, quien le secunda: rompen relaciones diplomáticas, cierran fronteras y las militarizan, retiran a sus diplomáticos, exigiendo la condena, por países de la región, a la incursión militar y masacre consiguiente. “fue un bombardeo, muchas bombas. Se oían aviones y helicópteros…”, atinó a declarar la mexicana herida. En el evento perdieron la vida 22 personas, semidesnudas, “pescadas” durmiendo.
Allí, según el gobierno colombiano, de milagro aparecieron computadoras del Comandante, que sirvieron para hacer acusaciones a diestra y siniestra, involucrando a Chávez y a Correa, con las FARC y hasta con el narco. La gracia era atraer la denominación de terroristas, para contar con pretextos de cualquier acción posterior. Colombia no quiere paz negociada, espera, el aniquilamiento de la guerrilla -arraigada en el pueblo- o su rendición incondicional.
En tanto se realizaban reuniones en la OEA, después la “Cumbre de Río” en Dominicana, el presidente ecuatoriano realizó intensa campaña por varios países del continente. En todos -Brasil, Venezuela, Nicaragua, Panamá- fue reconocida su razón y condenada la invasión a su país. Al revisarse el asunto, tanto en OEA, primero, y en la “Cumbre”, después, se consideró que Colombia violó la soberanía ecuatoriana, ingresando con su ejército dos kilómetros al interior y realizando un bombardeo sobre un grupo insurgente.
En ningún momento se condena, de forma explícita, el atentado. A pesar de ello, en la “Cumbre”, “un apretón de manos”, tras el compromiso de Colombia de no volver a agredir a vecinos, da por terminado el conflicto, por ahora.
Los rasgos positivos de una salida negociada del conflicto, no pueden hacernos olvidar que el fondo, no está liquidado. La pretensión del imperio es que la guerra intestina en Colombia, persista. Para ello, conviene catalogar a los guerrilleros, como terroristas y, de paso, insertar al Cono Sur, en las secuelas del ataque a las Torres Gemelas. Afganistán, Irak, Irán, Corea del norte, ya no estarían solos.
El imperio podría actuar con mayor impunidad en su “patio trasero”. Solo así puede mantener su ejército en la región –bases militares en: Manta, Ecuador y Tres Esquinas, Colombia- que tienen la protección del Plan Colombia/Patriota, que tanto daño está haciendo a los colombianos. Esto viene desde los “baños” de NAPALM, en buena parte de la hermosa y agreste sierra colombiana, hasta el control de la lucha contra el narcotráfico, que no tiene para cuando terminar.
Se entiende que culminar con el conflicto de ese modo, era necesario, dado que los gobierno de la región, enfrentados al imperialismo, lo hacen con un sentido de nacionalismo capitalista. Le hacen gestos al imperio, pero solo realizan acciones, en tanto éstas no molesten a grupos empresariales internos, con quienes mantienen alianzas para fortalecer sus regímenes. Tienden a un caudillismo de izquierda, sin decidirse por una posición abiertamente ante imperialista. Se vio lo anterior, con el cierre de la frontera Colombo-venezolana y Colombo-ecuatoriana.
La afectación al comercio entre estas naciones, era importante: Venezuela compra el 30% de sus alimentos en el mercado colombiano, de un total de 4,600 millones de Dl. de importaciones, y Colombia adquiere productos hasta por 1,200 millones de Dl. en Venezuela, todo en 2007. Por su lado, Ecuador compra por 1,161 millones de Dl. de Colombia y le vende 733 millones de Dl., también en el 2007. Al primer grito de las asociaciones de comercio, en los tres países, cundió la alerta oficial.
Por otro lado, en Venezuela habitan alrededor de 3 millones de colombianos. Existen inversiones importantes en los tres países, de nativos de los otros dos. Desde el Pacto Andino -años sesenta-setenta del siglo XX y secuelas- la vinculación económica y social crece al ritmo de la inversión transnacional, pero también el comercio e inversión trinacional. Había que impedir reacciones sociales fronterizas, que comprometieran decisiones gubernamentales, tomadas por el conflicto.
Los gobiernos necesitan esas energías empresariales; su caudillismo se está quedando en las primeras fases. Ya no les es suficiente –como en el caso venezolano- el apoyo del lumpen de ciudades y pueblos. Lejos están de pasos dados por Cárdenas, en sus años de empuje, en que participó de segmentos de poder, tanto a campesinos organizados, como a obreros, lo que le permitió hacer un gobierno de realizaciones sociales y económicas. Esto aún no se ve con nitidez en los tres países. En este cotejo de fuerzas, la OEA terminó por mostrar obsolescencia, cuando de problemas reales se trata. Sigue siendo “ministerio de las colonias” como alguna vez se le calificó. Por su lado, la “Cumbre” no tiene la perspectiva de mediar en un evento de esta peligrosidad. Habrá que acudir a un tipo de organismo, que ya probó eficacia, en la década de los ochenta del siglo pasado, con la solución de asuntos delicados: la Guerra civil en El Salvador; la “contra”, desde Honduras, contra Nicaragua, que llevó al “Acuerdo de Paz de Esquipulas”.
Todo esto se analizó y planearon soluciones en Contadora, Panamá. Sus resultados, a la distancia, no parecen tan positivos para los pueblos de esos países, que no salen de la pobreza en que siguen sumergidos. Pero los guerrilleros de ayer son los diputados, gobernadores y hasta presidentes, en los países de la región.
Solo que a Colombia y al imperio, no les conviene incorporar a la vida política y social, a un Marulanda -legendario jefe guerrillero- y a muchos más, porque las circunstancias de los ochenta, no son las mismas de hoy. En aquellas décadas, los gobiernos de Colombia, México, Panamá y Venezuela (a los que posteriormente se agregaron los de Argentina, Brasil, Perú y Uruguay), manejaban criterios similares, para gestionar la paz. Hoy hay distancias muy grandes entre ellos; la región no puede ser fácilmente cooptada por el imperio. Existen planes, como el Colombia, que tiene como finalidad el aniquilamiento de la guerrilla o su rendición sin condiciones. Por ello la persistencia en no reconocer a las FARC, lo que a la opinión universal son: beligerantes. La orden es aplicarles mote de “terroristas”, lo que antes fue “comunistas”. Tal calificación lleva a su aniquilamiento, lo que ni con napalm pudieron hacer. Las FARC tienen territorio bajo control -lo señaló el Comandante del ejército ecuatoriano, reconociendo que su frontera no es con Colombia, sino con el territorio de las FARC.
Esto debe llevar a mecanismos de negociación, que concedan actividad política en dichas regiones a los guerrilleros, a través de sus órganos políticos –que ya tienen, con presencia electoral en algunos puntos del territorio nacional-. Urge mirar hacia el futuro de Colombia y de la región, con estrategias para mejores tiempos. Eso solo podrán lograrlo los pueblos organizados, con gobiernos sin compromisos tan fuertes y atados al imperio. Se lo merece la población de esas zonas, que sufre todos los días ataques a su dignidad.
* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.