LA VIDA ES UNA TÓMBOLA
En el caos desinformativo del que somos víctimas, con sus espacios de catarsis al estilo reality show, telenovela, escándalo –político o artístico lo mismo da- y dosis de miedo por el reporte machacón de los ejecutados, violados y descuartizados que nos recetan cada día, hay algunas verdades que no pueden soslayarse: Estados Unidos está al borde de la recesión, México –como “el rival más débil”- tendrá que salir perjudicado. Los banqueros saldrán del atolladero con variantes “fobaproaicos o ipabianos”; las grandes empresas bajarán costos disminuyendo empleos, las medianas, empezarán su proceso de extinción vendiendo activos, el crédito se encarecerá aun más y las masas, sin horizonte alguno, estarán dispuestas a seguir hasta la muerte a cualquier pescador a rió revuelto o jugársela en el “me late”.
Son muchas las hojas y la tinta ocupada y, a veces despilfarrada, en análisis sobre hechos irrefutables: La guerra por los mercados es a muerte, aun cuando éstos tengan un límite y pongo el ejemplo a la vista de todos. Wal Mart –señalo el mas escandaloso, pero podría hablar de cualquier tienda de este corte- justifica cada nueva mole, diciendo que va a abrir nuevos negocios; pero en realidad lo que hace es, robarle el mercado existente a don Chon el de la tlapalería, Juanita la de la recaudería, y Venancio de la panadería. Se calcula que en promedio desplaza 15 mil pequeñas empresas en la apertura de cada espacio. (Para ver datos consulte www.geocities.com/frentenacionalac).
Ahora proyectemos esto al petróleo, recurso no renovable que todos quieren usar o guardar en sus reservas, pretexto para guerras genocidas en oriente, argumento de chantaje para entregar lo que todavía nos queda después de la desventajosa operación de un presidente conservador, quien nos llevó perder la mitad del territorio; resortera de un grosero David venezolano, en contra del un Goliat bastante mañoso, y hasta chantaje, al estilo del canal de las estrellas, cuando se nos advierte que si no llega capital privado a PEMEX, nos van recortar presupuesto en educación, salud y otros programas sociales. Y en este punto, con casi 10% de analfabetismo en mayores de 15 años, aunado a la impunidad y enriquecimiento ofensivo, no sólo de líderes sindicales, sino de quienes desde el poder, imprimieron libros, panfletos y otras monerías para promoverse; a lo mejor rechazamos la trampa y con todo y el susto el pueblo dice “no va” a ver quien sufre más. Claro aquí el problema, es que a nuestros legisladores, les importa muy poco la opinión y el interés de la gente, quizá por ello, las encuestas no los sacan del sótano por su mala imagen.
La sabiduría de quienes han caminado más por la vida, habían vaticinado lo que está pasando, por una razón muy simple; desde hace varias décadas, los negocios mundiales, son mayoritariamente especulativos. Los acaparadores del capital, juegan en la bolsa, no ha habido financiamiento para el desarrollo, -la banca si acaso ha dedicado un mínimo de sus utilidades para apoyar a pequeñas empresas o al sector social- el campo, además de estar abandonado, deja su vocación de producir alimentos para servir a las trasnacionales productores de energías alternativas. El interés para los modestos ahorradores, en los Estados Unidos de América ha bajado hasta 1%, en tanto que los que requieren de crédito deben pagar 30 o 40%. Al norteamericano común, ya no le importa perder la casa que compró con tazas variables y tramposas, el poder adquisitivo es casi nulo, las bolsas del mundo no pueden detener su caída estrepitosa y en medio de este gran fracaso, lo único que parece detener el suicidio masivo son los juegos de azahar. Hoy las loterías parecen más redituables que la bolsa misma, porque cada ciudadano sueña con la posibilidad de pegarle al gordo, aunque no sea gobernador veracruzano, empresario hípico ni líder de partido elbista. Así es la economía del siglo XXI, una tómbola en la que pocos ganan y casi todos pierden.
* Comunicóloga.