ERA OTRA ERA
Rolando Lazarte *
Era otra era. Dejadas atrás las grandes causas, los desaparecidos, el sindicato, los migrantes, el sector informal, las religiones, los otros como algo tan relevante... Volvías atrás, a un vos mismo (hecho de) muchas voces. Vocês. Muchos espejos recuperados, en tu piel, en tu sentir. Una montaña de amigos encontrados en tu corazón de nuevo. Es como si te estuvieras despidiendo y la vida pasara como una película al revés.
Cada cara, cada gesto, cada mirada, cada sonrisa, cada guiño, cada beso, cada cariño. Cada caricia, cada voz, todas las voces. Los atajos, las piedras en el camino. Las trampas, la traición, la pasión. Ese juego de quererse y tenerse. Abandonarse, encontrarse. Reunirse. Los ómnibus, las pisadas. La mochila, la carpa. La bicicleta, los caballos. El colegio, la colimba. La casa. Las casas. Los departamentos. Las plantas, las flores.
Como un torbellino todo pasaba. Como un disco que gira y da mas vueltas. Y te encuentras en la unión de lo diverso. Una sola cosa, todos los días. Todas las noches. Los amaneceres y los atardeceres. Los soles y las lunas. Las respiraciones y las borracheras. Las canciones y los peones. Rojo, espejo. Rosa, rosedal. Ajedrez, colcha, mandala, red, tela de araña en que te expandes y te contraes como un rítmico respirar. Y te vas.
No saber cómo había comenzado. Todo lo desnecesario olvidado. Y todo vos recuperado. La cueva de las brujas. Embalse de Río III. La comisaría donde dormiste con Daniel. Los libros que llevaban. Lenín, Dios. Las pedaleadas a Potrerillos y Chipeuta. Los doce años, los trece. Las manifestaciones en las calles de Mendoza. Serían más de diez años de lucha contínua y construcción. Salir a flote entre muchos. Y solo.
Otra vez ayer. Hoy. Los amonitas. La Internet a cabo. Y ella esperando en algún lugar. El Kama Sutra. Alguien bien conocido. Grabados antiguos. Un martillazo y estás de vuelta. Las manos de Teresa te traen a tu cuerpo. ¿Reflejo? Interesante. Saudades. Respiras hondo. Ya sin yerbas, sin alcohol. La lluvia perfumando el aire. Sin remedios también. Sabiendo que el tiempo es poco y que la alegría vale todo. Respiras de nuevo. Volver.
Estar en paz, al fin. Sin pensar en otro mañana que caminos con ella o solo o con un amigo, a recorrer esta América india y mestiza, negra y latina. El disco suena en tus oídos y el tocadiscos calla un mantram. No me vengas con censuras. No me intoxico de mí, no soy veneno. Tengo mi tiempo. Mi flujo y reflujo. No a antiguas antinomias. Tudo pelo social. E o pessoal? E o espiritual? Vamos juntos. Consciencia. Veneno. Lugar.
Atento a las voces internas. Oyendo la única a ser seguida, en medio de todas. Un coro y oyes el ritmo de una canción antigua. Eterna. Una voz plural y única. Un pulsar rítmico. La has estado escuchando por siglos y no sabes si viene de dentro o de afuera. La escuchas y te dejas ir. Es tu corazón y las voces de la feria. Los feriantes pregonando las frutas y verduras. La voz de Doña Marieta o de Mara. La de tantos que no recuerdas más.
* Dr. en Sociologia, profesor colaborador del Programa de Post-Graduación en Enfermería de la Universidade Federal da Paraíba. Autor de Max Weber: ciência e valores (São Paulo: Cortez Editora e Livraria, 2ª. Ed., 2001).