Ensayo


ACLARACIONES PRECISAS


Oswaldo Roses *

El contexto afectivo, sugestivo o emocional no se puede "saber" al modo objetivo, con una exactitud, con una concreción; por consecuencia, en cuanto a que sólo lo objetivo se puede controlar -al ya conocerlo o “saberlo”-, el contexto afectivo no es controlable, o sea, las circunstancias primeras y las que se dan a lo largo de la vida sí modelan o determinan ese contexto emocional, no cualquier otro capricho, y en esas circunstancias al mismo tiempo es factible una inculcación ética, que condicionará sin lugar a dudas. Así, es la epigénesis la que validará o conducirá a unos concretos intereses sociales.

Por otra parte, se adueñan del discurso del optimismo precisamente los que ostentan recursos (laborables, culturales, estéticos o materiales) para contraponerlo a los que no los ostentan, digamos, como un arma de desprecio o de subestima. En algunos sitios se imponen emociones o, bien, se prejuzga con unas emociones imperantes. Una emoción en concreto, por ejemplo la tristeza, causa sospecha, recelo, intolerancia en cuanto a que el que está todos los días explotando a un trabajador se molesta encima de que ése esté triste, se molesta; también, el que está todos los días maltratando a su mujer -sólo con no permitirle los mismos derechos- encima se molesta de que ella esté triste, cuando casi únicamente lo está por la inutilidad del maltratador, por la inutilidad de su inhumano optimismo -ya que él, a diferencia de ella, sí está más optimista y se encuentra muy bien y beneficia desde el principio de una injusticia su optimismo-.

Por supuesto, la tristeza de algunos no es una depresión ni otros cuentos o leyendas, no, sino el resultado de una resistencia, el resultado de un agotamiento, que no es ni puede ser precisamente otro. Dicho más claro: Si un caballo cualquiera un hijodeputa lo sobrecarga, el caballo termina por hundirse, pero ¿porque él quiere?, ¿porque está enfermo? No, sencillamente por el susodicho que lo sobrecargó.

Eso de que un ser humano está genéticamente predeterminado o predispuesto para suicidarse o causarse él mismo una infelicidad es, digamos, un cuento chino, una mala broma; pues ningún ser vivo lo está, sino sólo para sobrevivir, ¡ah!, si le dejan con las capacidades que cuenta: sino es oprimido como se hace en sociedad.

Otros temas: La resonancia magnética realizada al cerebro localiza, no controla nada; esto es, el advertir dónde está el hambre en el mundo sólo es una localización -bien, cierto "control de localización o de situación espacial"-, pero no que se controla el hambre -lo que conllevaría unas extensas medidas de justicia en el mundo-. Aunque me remito a que, asimismo, son dos contextos muy diferentes. También, que el cerebro se autoengaña –dicho así, aunque sea en algunas circunstancias- es una falacia, por cuanto que ya el autoengaño se consigue o se logra con la voluntad, con una voluntad "retorcida" en sociedad o decidida de conciencia si se entiende mejor. También, las culturas no enseñan a negar el dolor, sino las maneras de asumirlo que es distinto, pero lo libre sería éticamente que cada persona lo asumiera por ella misma.

Terminando, se habla de que ciertas películas -incluso ciertos libros literarios- están basados en la realidad -a propósito de la película "El Código Da Vinci"- y no es verdad, en tanto que -por esa misma regla- la imaginación, asimismo, está basada en la realidad al extraer todos sus elementos de la realidad. Sí, todo está basado en la realidad si se atiende únicamente a la base de que todos los elementos que utiliza el ser humano son entresacados forzosamente de la realidad -no va a ir a la antirealidad a elegirlos-. No obstante, sí, otra cosa es que una preocupación social -o una singular historia real, con los elementos que ha tenido y mantenido cohesionados- esté reflejada en una película, no que la película se base en otra realidad que no sea la suya propia.

* Pseudónimo literario de José Repiso Moyano, pensador, poeta, narrador y ensayista español, nacido en Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: Cantos de sangre, Ediciones Rondas,Barcelona, 1984, y La muerte más difícil, Ediciones Torre Tavira, Cádiz, 1994. Ha ganado los premios: "Ángel Martínez Baigorri" de Navarra y "Encina de la Cañada" de Madrid. Es asesor literario de la colección Torre Tavira de Cádiz, donde ha publicado los plegables La muerte más difícil (1994), Carne de cañón (1996), Soñada luz (1999) y La caja de cristal (2000). Ha colaborado con ensayos, artículos y poemas en las revistas Casa de las Américas (Cuba), La palabra y el hombre (México), La Nuez (EU), Julia (Puerto Rico), Repertorio Americano (Costa Rica), Turia (España), Signo (Bolivia), Nueva Avenida (Argentina), Trizas de Papel (Venezuela), El Universitario (El Salvador), Índice (Colombia), La Bota Literaria (Argentina), así como Zurgai, La luna de Mérida, Extramuros, Los Papeles de Río Seco, Fábula, Los Cuadernos de Bronce y Barcarola (España).

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