ADIÓS PAMPA MÍA
Rafael Mendoza Toro *
Hace unos meses, por las calles de México se vieron movilizaciones campesinas que al son de “sin maíz no hay país” aunado a “el campo no aguanta mas” pretendían denunciar el pronto derrumbe de la actividad agropecuaria nacional por la apertura pactada en el TLC a los productos prevenientes de los socios comerciales, Estados Unidos y Canadá. Su cantinela era tan llorona que no faltaron bienintencionados bienpensantes que le dieron credibilidad y se les unieron, no obstante que comprendían muy poco de lo que sucedía; y tan no lo comprendían que en estos momentos, cuando en la Argentina se presenta un paro campesino convocado al son de “sin el campo no hay futuro” no han salido a expresar su solidaridad ni demandar al gobierno argentino el cumplimiento de sus “justas demandas” realizando por lo menos un plantón ante su embajada. Tamaña falta de solidaridad es suscitada por una no muy sutil diferencia entre ambos movimientos, pues mientras el mexicano apelaba al pasado, el argentino, por el contrario apuesta al futuro y es el populismo neoperonista su principal obstáculo. Considerando que es factible extraer de este movimiento alguna enseñanza para la coyuntura nacional va una breve revisión.
Para empezar, Argentina ha sido una productora y exportadora neta de productor agropecuarios prácticamente desde su fundación. La demografía y la ecología de su territorio se combinaron en una formula ganadora, primero por la amplitud de su territorio en relación con su población, segundo por la existencia de amplias planicies con la humedad suficiente para sustentar actividades agrarias. La exportación de granos y carne en mucho soportó el arranque de la modernización argentina y la constitución de una de las primeras clases medias latinoamericanas. Si bien ha habido altibajos en esta actividad, en los últimos años coincidieron diversos factores para generar una bonanza.
Primero, los de por si altos índices productivos agrícolas, se superaron gracias a la introducción masiva de semillas transgénicas, esas que a México dan miedo. Plantando semillas “genéticamente mejoradas” las grandes plantaciones de granos rebasaron su productividad por hectárea lográndose cosechas record. Este superávit de granos permitía lo mismo su uso para engorda de ganado a precios menores que su exportación con mejores rangos de ganancia.
El crecimiento económico de China e India de los últimos años, le dio el impulso adicional al aumentar la demanda por todas las materias primas, especialmente las agropecuarias. Después de siglos de muy austera vida, los miles de millones de habitantes de India y China por primera vez están teniendo la oportunidad de mejorar sus dietas y consumir algo más que arroz hervido, demandando granos y carne del mercado global, ocupando los productos argentinos un primerísimo lugar. Esta ampliación de la demanda suscitó incrementos en precios y de hecho es la causa principal de los aumentos en las tasas de inflación globales.
Como sucede en la economía de mercado, la bonanza de unos es la mala noticia de otros, en este caso de consumidor argentino que vio subir los precios de su canasta básica: la carne y la pasta. Ante este hecho económico concreto, los gobiernos de los Kitchner –Néstor primero y ahora Cristina- actuaron con la lógica de los tiempos de Echeverría: fijaron precios máximos a los alimentos, intentando de paso controlar artificialmente la inflación. Esto planteó una disyuntiva a los productores: vender en el mercado nacional a un precio obligadamente bajo, o exportar a un precio mayor; lógicamente la decisión fue exportar pues es racional el maximizar ganancias, generando de paso menor oferta interna de alimentos y consecuentemente nuevas presiones inflacionarias. Al parecer hay algo en el genoma argentino que les hace no entender las reglas mínimas de la economía, lo que llevó a Menem a derrumbar las bases de sistema monetario y a Cristina Kitchner a castigar las exportaciones fijando un alto arancel, creyendo que con eso mejoraría el abasto local y disminuirían las presiones inflacionarias.
La respuesta de los exportadores ante un impuesto que les quita el 44% de valor de sus productos, fue un paro nacional que entra ya en su segunda semana sin que haya visos de solución. Lo peor es que la “Reina Cristina” como la llaman los bonaerenses, no solo aprendió economía con Luís Echeverría, sino además su práctica política proviene de lo peor de corporativismo y autoritarismo peronista, pues primero ha movilizado a los grupos clientelares del lumpem proletariado en contra de los paristas, amenazándolos con violencia, al tiempo que se ha negado siquiera al dialogo, para no decir negociación.
El resultado sólo puede ser malo, pues Cristina Kitchner está enfrentando no sólo a una clase social muy poderosa económica y políticamente, los productores agrarios, sino está olvidando los rudimentos de la economía de mercando, intentando de paso resucitar paradigmas que se suponían ya superados; inútil será recordarle que ni los precios ni la inflación se fijan por decreto. Bien puede reprimir al movimiento y encarcelar a sus dirigentes, empero con eso no modificará las causas estructurales de los problemas económicos argentinos, que con certeza empeoraran.
Para México quedarían varias lecturas de este proceso, empezando la necesidad de definitivamente dejar el pasado en la vitrina, si se quiere nomás para contemplarlo, pero que no como patrón para detener el futuro; no será con estampas de campesinos sembrando maíz “criollo” usando coa en su minifundio que el campo podrá enfrentar al siglo XXI. La adopción de las nuevas formas de producción y explotación agropecuaria son prioridad, y dentro de éstas el uso de semillas transgénicas, donde seguimos atrapados en la retórica del terror verde de Greenpeace. Pero la próxima crisis argentina nos recordara que la economía de mercado genera inequidades y distorsiones, que frecuentemente se desequilibra y que hay que ayudarla a retornar a su carril, pero que no podemos actuar a espaldas de ella, como si no existiera; es un error pretender que el mercado por si mismo puede funcionar, sin requerir regulaciones e intervención estatal, pero uno peor es creer que se puede pelear contra el mercado y vencerlo. Eso ni el gran monstruo de la economía centralmente planificada de la Unión Soviética, lo pudo hacer.
Breve PD: en Jesús Maria, Goyo Zamarripa se supera, convirtiendo el cabildo en congreso constituyente y promulgando puntadas variopintas fuera de su ámbito legal, como establecer las candidaturas independientes, el plebiscito y el referendo; ya sólo falta que declare al municipio republica independiente y envié tropas contra Colombia por la muerte de los turistas revolucionarios.
* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.
Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.