México-España


SUTILES DIFERENCIAS


Rafael Mendoza Toro *

Hace varias semanas, al conocerse los resultados de los comicios en España, en el principal medio de propaganda de izquierda en México –no se le puede llamar de “comunicación”- su ayatolá mayor con su tradicional estilo objetivo pontificó: “En España la derecha venció a la derecha”, intentando sonar sarcástico respecto a la agenda del vencedor Partido Socialista Obrero Español, pues en ésta no aparece ni el aniquilamiento de los ricos, ni la expropiación de empresas ni siquiera una línea de solidaridad con el socialismo bolivariano de Chávez o la presidencia legitima del Peje: o sea nada que ver con una autentica izquierda tal como el la entiende. El punto es que, desde su inmarcesible altura el referido ayatolá no alcanza a ver las sutiles diferencias que determinan que llegado el momento, los votantes españoles se decidan por el PSOE entre las otras opciones políticos.

En principio, desde el famoso “Pacto de la Moncloa” se fijaron límites en materia de política económica intentando evitar propuestas populistas bienintencionadas pero poco sustentadas; estos límites se confirmaron y refinaron al integrase la Unión Europea, donde para empezar los países integrantes pierden uno de los elementos definitorios de la vieja “soberanía”: la emisión de moneda. Con la unión, desaparecen pesetas, liras, marcos y francos para dar lugar al Euro comunitario, que tiene implicaciones mayores a lo simbólico; pues implica también políticas monetarias coherentes en lo que hace a déficit presupuestal, emisión de moneda circulante, tasas de interés, etc. El propósito de estos candados es evitar que un socio manirroto decidiera por ejemplo, echar a andar la maquina de hacer dinero financiándose con déficit, pues entonces todos perderían al disminuir su valor la moneda común. Esto determina que en la Unión Europea, las propuestas de economía política de todos los partidos que aspiran a ser realmente gobernantes sean prácticamente coincidentes. Tal vez los Verdes se propongan desindustrializar Europa, pero hasta ellos saben que no gobernaran, cuando más fortalecerán sus agendas.

Con liderando fijo el piso en materia económica, donde ni izquierda ni derecha pueden considerarse ni anti ni pro empresariales, las agendas políticas se construyen en asuntos mas sutiles, como las libertades individuales o las garantías sociales, materias que le han dado al PSOE su relevancia. Saliendo de una dictadura de tintes medievales como la franquista, el ciudadano español conoció la libertad y le gustó, pues de un Estado que penalizaba el no pagar diezmo a la iglesia católica e incluso otorgaba enseñanza religiosa en las escuelas públicas, se transitó a una ampliación y reconocimiento de las libertades individuales, empezando por las de expresión y organización política, centrándose en ultimas fechas en las sexuales, pues fue en el anterior periodo de Zapatero que se liberalizó la interrupción del embarazo o se reconoció el derecho al matrimonio entre homosexuales.

En materia de derechos sociales, englobados en lo que se conoce como “estado benefactor”, hay que reconocer también que las diferencias son sutiles, en ningún momento la derecha ha propuesto la desaparición por ejemplo del sistema de salud universal, pues ello le aseguraría una derrota automática en las urnas, apostando en lugar por proponer atemperar algunos de sus abusos o incrementar su eficiencia financiera. A su vez la izquierda, finca sus propuestas en la factibilidad económica: propone lo que se puede financiar y no más, ningún beneficio puede ser duradero al costo de deteriorar las finanzas estatales; es notable también su apertura en la operación de los servicios sociales, compatibilizando un sistema de salud universal con la intervención de prestadores de servicios privados, el día que propusieran que todos los médicos debieran estar en la nomina del Estado igualmente serian derrotados.

En este delicado e inédito equilibrio entre el funcionamiento de la economía de mercado y el ejercicio de derechos y libertades individuales, la propuesta del PSOE puede considerarse las más exitosa, pues de los 30 años de democracia española ha sido gobernante casi 20, periodo en donde la economía española se modernizó y expandió, surgiendo también los primeros grandes conglomerados empresariales, que aunque a escala global son aun menores, en Latinoamérica se han posicionado y son casi dominantes. En este tiempo de grandes negocios empresariales, simultáneamente los índices de bienestar individuales han mejorado hasta equiparar a los del resto de Europa, lo mismo en ingreso per capita, que en educación, salud, vivienda, etc. Por cierto el PSOE nunca ha mencionado que se debe inducir el crecimiento económico pero con equidad distributiva, al estilo de la izquierda mexicana, mucho menos que para que les vaya bien a los españoles le debe ir mal a Repsol, BBVA y demás grupos empresariales.

Para completar el panorama español y la analogía nacional, lejos del anodino centro político, se ubica un autentica propuesta de cambio: el Partido Comunista disfrazado de Izquierda Unida. Demostrando que nada ha aprendido con los años, IU levanta una agenda realmente revolucionaria, reivindicando los derechos de los trabajadores vs. la voracidad empresarial, apuntando sus fusiles contra el imperialismo y sus esbirros globales, unificando la épica lucha cubana por el socialismo, el movimiento bolivariano chavista, la revolución islámica iraní, el zapatismo mexicano y cuanta causa perdida encuentra, al movimiento del proletariado español. Lo malo es que en cada proceso electoral su votación se estrecha, siendo de hecho el gran perdedor de los más recientes comicios, quedando reducido a una mínima representación en las Cortes; ni modo, el proletariado español podrá admirar como objeto icónico las gestas de la Pasionaria, inamovibles en una vitrina, pero nada hay en sus intereses que lo incline a votar por un comunismo añejo. Algo semejante se podría decir del comunismo chileno, patrono de todas las causas radicales, pero aislado y, afortunadamente, sin posibilidades de gobernar o siquiera influenciar en la agenda política, o sea un autentico “cero de izquierda”.

Pese a que ha viajado, casi siempre en turismo legislativo, la dizque izquierda mexicana al parecer sólo ha conocido los bares y burdeles, pues se niega a reconocer la importancia de estas sutiles diferencias, pensando por el contrario que levantando banderas y denuncias flamígeras y postulando la ruptura radical, está siendo a la vez, autentica y viable. No seré yo quien les otorgue o niegue el certificado de autenticidad, pero de que no son viables como gobierno, ni duda cabe; una vez más: afortunadamente.

* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.

Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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