ANTE INDIFERENCIA, LUCHA Y AUTOESFUERZO EN EL CAMPO
Víctor Manuel Barceló R. *
Las nuevas formas de acción hacia el campo mexicano, inauguradas hace cuatro lustros, nada tienen que ver con requerimientos reales de pobladores de areas rurales. Ya se repite –hasta el cansancio- como fueron desmanteladas todas las piezas de la infraestructura, para apuntalar la producción campesina, su distribución y venta, en condiciones subsidiadas. Estas –CONASUPO, LICONSA, BANRURAL y otras- permitieron construir una economía rural, enrutada al crecimiento económico y al desarrollo social.
Hoy se vive en el campo, con programas paternalistas, insuficientes en montos y objetivos. Estos están muy alejados de lo que necesitan los campesinos, para quedarse y no dejar abandonadas o rentadas sus tierras, mientras cruzan las fronteras, buscando, desesperadamente y a costa de sus vidas, el pan de cada día.
Dichos programas son, también, empeños clientelares, de los gobiernos en turno, para “comprar” votos y conciencias, con mendrugos, que todo mundo sabe que no van a solucionar nada, en concreto, para el urgente impulso de la vida economica campesina. Este enorme desperdicio de recursos, incita malestares generalizados entre los que alguna vez vivieron de la producción, en sus parcelas.
El campo y sus habitantes están a dos fuegos: el abandono oficial, que solo ofrece paliativos y la presión de la delincuencia organizada, que les abre un horizonte económico, plagado de peligros, pero que a muchos les atrae, por la facilidad en la consecusión de recursos. Esta perspectiva, no solo destruye familias, sino que afecta sus valores, lastima su dignidad, corroe su autoestima –proverbiales hasta hace unos lustros- sin que en las determinaciones para combatir la delincuencia, se consideren propuestas productivas.
Frente a esta circunstancia, de alta gravedad, no solo debe manejarse la negociación –a veces muy tirante- con el poder federal y los locales, para construir proyectos de alta productividad económica y social. Si esperamos una respuesta contundente, puede llegar, antes, la reacción social, a extremos no deseables. Por ello esforcémonos y sin bajar la guardia, acudamos a conformar proyectos sociales –ejidatarios. comuneros y pequeños propietarios, juntos- apuntalados por los pocos extensionistas que aún laboran, así como por universidades del campo y su personal docente y de apoyo, buscando actividades que logren productividad regional, con altos índices de eficiencia.
En el fondo lo que urge es cambiar el modelo neoliberal que actualmente se apllica al campo. Este permite altos niveles de utilidad, para productores que poseen –o alquilan- extensiones importantes de tierra y cuentan con recursos para la tecnología de punta. Así obtienen una producción apetecible para los mercados internacionales. Estos son los que hacen ver en crecimiento los recursos obtenidos por las rutas del TLC. Pero son para unos cuantos, frente a millones que se mueren de hambre, o “huyen” de la miseria galopante, allende el Bravo.
Necesitamos estrategias que recuperen y pongan en práctica el esfuerzo propio, para superar la etapa tan grave que actualmente se vive. Estos caminos, no son tan inéditos como muchos consideran. Fueron sustento del crecimiento agroindustrial de los países hoy ricos, que después cayeron en los subsidios, cuando el campo no pudo continuar competitivo, por si solo. Entonces, recomendaron una cosa, a través de sus organizaciones multilaterales (Banco Mundial y FMI) e hicieron lo contrario, como lo muestra el Dr. Stiglitz.
Hemos señalado a la educación, como factor detonante del crecimiento con desarrollo sustentable. Vayamos a esa ruta y alejemos a nuestra gente de la abulia y desazón en que ahora vive. Mantengamos nuestras posturas beligerantes, hasta que el Estado reaccione, pero conformemos nuestros propios proyectos, echando mano de “expertos”, que aún hay, con buena fe y esperanza en el porvenir del campo nacional.
Existen muchos enemigos externos del desarrollo sustentable en el campo. Para enfrentarlos y vencerlos, debemos recuperar la confianza en nosotros mismos. Ya trabajamos un proyecto de ese tipo para el sureste del país. Llevamos muchos años, primero con la idea, después con la conformación del proyecto productivo, en paralelo con negociaciones, ante entidades multilaterales de Naciones Unidas, para convertirle en un proyecto “para el bien de la humanidad”. Se busca que habra puertas para incorporar, a sus fases productiva, de distribución y comercialización, la esencia social que conforme pueblos con todos los servicios que requieran, para vivir en condiciones de decoro y bienestar, producto de la aplicación eficiente de su trabajo.
El proyecto Yucalcol, a que nos hemos referido en otras oportunidades, está en vísperas de aterrizar en Tabasco. Al concretarse, dará un gran respiro a estas tierras, azotadas por la naturaleza. Ésta, bien considerada, sera factor definitivo para que podamos poner a producir la tierra, eliminando contaminantes que tanto le han afectado; llevando hasta su máximo uso sus bienes, tanto para producir ethanol de yuca, como para lograr los subproductos resultantes. Estos son: para la alimentación del ganado; como fertilizante orgánico, digno de mantener y aún mejorar las condiciones de la tierra. Ojalá sea un camino, tanto para retener el éxodo, como para que las autoridades, de los tres órdenes de gobierno, coadyuben, con lo que tengan –sobre todo sus buenos deseos y facilidades- al éxito de este esfuerzo social.
* Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, el Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Estado de Tabasco, entre otras responsabilidades.