EL VERBO MENTIR
Mentir es mucho más que afirmar lo que se sabe es falso. Supone, por decir lo menos, escaso desarrollo emocional. Si un niño de 5 años, asegura no saber lo que ocurrió con el chocolate prohibido que se engulló a espaldas de sus padres, seguramente lo que se oculta es el miedo a ser descubierto, regañado o castigado, por quienes en razón de su empoderamiento como adultos habrán de cumplir la sentencia. La falacia se elabora más, cuando el pequeño le transfiere la culpa a otro. Fue mi hermano, “fue teté”, o cualquier amigo imaginario. Este tipo de afirmación contraria a la verdad, suele desaparecer con el desarrollo emocional sano de la persona. Sin embargo, son muchos los adultos que siguen haciendo uso de argucias para justificar, ya no el robo del chocolate, si no de todo lo que esté a su alcance.
Engañan los funcionarios -públicos y privados- que aprovechando su condición, abusan de la confianza o el mandato otorgados, para vaciar almacenes –el robo hormiga es uno de los engaños más comunes en empresas y en oficinas del gobierno- llevar a su casa, desde los hogares u oficinas a donde prestan sus servicios, los enseres que les gustan –la zorreras son toda una clase específica de rateras en casa habitación- cambiando cosas de su ubicación original y sustrayéndolas cuando consideran que nadie ha notado el faltante y, llegando al extremo del fraude –privado o a la nación- cuando la patraña se vale de estados financieros tergiversados, abundantes en cifras sin sustento o respaldadas por gastos improcedentes. ¿Cuantas veces se ha enfrentado, con notas de gasolina del doble de la capacidad del vehículo que confió a su chofer? ¿Ha calculado el costo de un empleado que puntualmente acude a la caja a recibir su quincena sin haber avanzado nada en sus responsabilidades?
Cuando el embuste se institucionaliza lo que aparece en el panorama es la quiebra. Casi sin excepción detrás de la bancarrota de una empresa, lo que hay son argucias que llevaron a la insolvencia. Guardadas las diferencia entre lo público y lo privado la ruina de una Nación, tiene que ver con las mentiras. ¿Puede creerse en la insolvencia de PEMEX y el riesgo que ésta supuestamente implica para México, cuando el precio del petróleo se ubica en más del doble calculado por La Cámara de diputados para la elaboración del presupuesto de este año? ¿Porque la urgencia de transferir la explotación de este recurso a empresas privadas, si, como dicen, nuestro petróleo está a punto de agotarse? Indudablemente alguien está falseando la realidad. Son muchas las advertencias que la gente pensante ha hecho. Como los padres del niño que robó el chocolate, conocedores de los problemas de nutrición, salud y desarrollo integral de una persona que debe aprender a conocer los límites, los expertos nacionalistas se afanan por dar a conocer, no sólo las consecuencias, sino los señalamientos a los tramposos ¿Por qué entonces el empecinamiento?
Si lo que hay, es falta de conocimiento y madurez de parte de los colaboradores de quien recibió el mandato de llevar a buen puerto el destino de la nación, lo urgente es removerlos. Si en cambio lo que tenemos es una flagrante intención concertada de engañar o aprovecharse del error –cosa muy probable cuando la población se enfrenta a una perversa campaña mediática de desinformación- para hacerse ilícitamente de algo o alcanzar un lucro indebido; entonces de lo que estamos hablando no es solo de un fraude entre particulares, sino de auténtica traición a la patria.
El pedagogo Alfonso Ferriz, en una carta dirigida al primer mandatario, alude al informe de transparencia de México –organismo de la sociedad civil presidido por un familiar del actual director de PEMEX- para recordar que son 27 mil millones de pesos, los que el pueblo gasta anualmente en actos de corrupción. Hechos que van desde la mordida al policía de tránsito, pasando por diversos inspectores –por el suministro de luz, gas, pago de impuestos, derechos o servicios etc.- hasta los de muy altas esferas y, le invita a comprender que PEMEX es un organismo estatal descentralizado, urgido de transparentar su operatividad y fortalecerlo, aumentando su autonomía de gestión, en especial en lo relativo a su deuda y presupuesto. Si esta -como muchas otras sinceras- propuestas se tomara en cuenta, el final de una larga historia de mentiras, debiera ser la denuncia judicial contra quienes han violado flagrantemente La Constitución y la sanción ejemplar a los responsables.
* Comunicóloga.