México


PARA VIVIR MEJOR (O SIQUIERA MENOS PEOR)


Rafael Mendoza Toro *

Dispuesto a rebasar por la izquierda a la oposición lopezobradorista, la administración de Felipe Calderón en días pasados presentó el nuevo y mejorado programa de combate a la pobreza, denominado “Para vivir mejor” demostrando desde el titulo que eso de la imaginación no es precisamente lo suyo. La estrategia, que no programa, intenta maximizar el impacto de las actuales acciones, desde Oportunidades hasta los apoyos productivos al campo, bajo el supuesto que existe descoordinación entre ellas, lo que genera duplicidades, desvío y dispendio de recursos, entre otros. Como suele suceder, pero sobre todo a Calderón, las críticas no se hicieron esperar, tanto de izquierda como de derecha se levantaron voces en contra, encontrándole negritos al arroz y denunciando sus conceptos y contenidos. También, como suele suceder, la mayoría de esas críticas están mal documentadas, prejuiciadas o de plano inventadas, por lo que empecemos por desglosar algunas.

De lado de la derecha, la tónica se enfocó al discurso de Calderón en la presentación de la estrategia, donde se atreve a descreer de la omnipotencia del mercado para la resolución de todos los problemas, por lo que el gobierno deber intervenir para corregir sus omisiones. Desde el fundamentalismo del libre mercado, este por si mismo se corrige y resuelve sus disfuncionalidades, como es la pobreza; si el mercado gana más entre más productores y consumidores concurran, esta en sus intereses incorporar a los pobres al mismo. Esta racionalidad, empero no resiste al análisis de un caso concreto, digamos del municipio de Eloxchitlan en la mixteca oaxaqueña. Con menos de cinco mil habitantes dispersos en pequeñas comunidades en la abigarrada orografía serrana, una de sus principales necesidades son caminos transitables todo el año, no brechas como ahora.

La lógica del mercado indicaría que con caminos los campesinos podrían salir a ofrecer sus productos a otros lugares, al mismo tiempo que el abasto en esas comunidades mejoraría, abriéndose nuevos mercados; empero, considerando que las parcelas del municipio son de baja productividad, consecuencia de la erosión y escasez de agua, por lo que la producción es para autoconsumo con escasos excedentes comercializables, y que por la pobreza la capacidad de compra de la población es mínima, la relación costo de la carretera-beneficio económico al mercado, seria negativa o sea: no es negocio. Bajo la pura racionalidad del libre mercado la solución podría ser: ¿Por qué no mejor se reubican a un lugar más accesible, como a Neza? En Neza, aun desde la marginalidad, se integrarían al sistema económico y, como se ha visto, en unos años tendrían dos cuartos de ladrillos y sus hijos acudirían a la escuela, aun serian pobres, pero lejísimos de la miseria de la mixteca. Ante esta visión, la pobreza terminaría cuando todos fueran braceros en los EUA o de limpiaparabrisas en los cruceros. Obviamente sólo la intervención gubernamental y sin análisis costo-beneficio, puede construir la carretera que se necesita.

La crítica de izquierda tampoco le echa imaginación y recicla sus consignas: sólo se puede acabar la pobreza atacando sus causas, empezando por la desigual distribución del ingreso. Esto suena tan razonable que es fácil caer en el lugar común, por lo que vale la pena desglosar varios ejemplos para develar su falacia. Empecemos por Carlos Slim, el hombre más rico del mundo y para muchos causa de la pobreza mexicana; supongamos que intentando ampliar su fortuna realiza inversiones grandes y arriesgadas y, para variar, esta vez se equivoca. Las perdidas directas generarían bajas expectativas de sus empresas, por lo que sus acciones en Bolsa caerían y ya iniciada la debacle se detendrían sólo al tocar fondo; de golpe su fortuna se achicaría. La pobreza de Slim generaría un notable efecto estadístico en México: se modificaría el índice de Gini –medida de la concentración del ingreso- y seriamos un país ligeramente menos desigual, pero mala noticia, no por eso los pobres dejarían de serlo.

Para seguir, vayamos a las siempre odiosas comparaciones internacionales; en este caso con Brasil y Chile. Contrario a lo que se repite, México no es de los países mas desiguales de América, se ubica a media tabla, lejos de Brasil y Costa Rica, extremos de la escala desigualdad-igualdad. Brasil, para empezar, tiene un índice de Gini de .554 (donde 1 es a plena desigualdad y 0 equidad), México de .506 y Chile de .522; si la desigualdad del ingreso equivaliera a pobreza, México tendría los menores niveles de pobreza, seguido de Chile y finalmente Brasil.

Los datos señalan otra cosa: de acuerdo con la Comisión Económica de América Latina, de cuyo anuario 2007 se tomaron, en efecto en Brasil el porcentaje de pobreza es mayor, 33.3%, pero es México quien lo sigue, con 31.7%; mientras que Chile, donde hay una mayor concentración del ingreso, la pobreza alcanza al 13.7%, casi 20 puntos menos que sus vecinos mas ricos y las menores de América. La diferencia bien puede residir en la mayor eficiencia del gobierno y gasto público, pues después que Pinochet prácticamente desmanteló el aparato del Estado, con el retorno de la democracia las instituciones se han ido rearmando con racionalidad e inteligencia, por lo que los programas de combate a la pobreza tienen una alta eficiencia, que no es el caso de México y mucho menos de Brasil. Para cerrar, Venezuela constituye el país más igualitario de América (Gini de .44), pero sus niveles de pobreza son semejantes a los nuestros; el socialismo bolivariano parece no servir para eso.

Todas estas disquisiciones sobre un tema complejo, quedan empero superadas de golpe por las acciones de gobernantes preclaros, como el alcalde Gabriel Arellano. Partiendo del sabio precepto que lo mejor para enfrentar un problema, es no verlo, decidió retirar a marías y vendedores ambulantes de los cruceros ante la “demanda ciudadana” (o sea la gente que piensa igual como el). Gracias a esta medida, la pobreza no será exhibida públicamente ni molestara la digestión de la gente decente; aunque no lo dijo, me imagino que la accesoria de Koffi Anan y la ONU sobre combate a la pobreza está ya rindiendo frutos y que, una vez analizadas definiciones, tendencias, causalidad, escenarios futuros, modelos econométricos y demás, se llegó finalmente a tamaña resolución, muestra de la amplitud de miras del progresista alcalde. ¡Así hasta gusto da pagar impuesto predial y demás alcabalas!

* Nació en el DF en 1952, reside en Aguascalientes desde 1992. Medico cirujano por la UNAM, sin ejercicio lucrativo de la profesión. Desempeñó diversos encargos en la Administración Pública Federal, principalmente en el INEGI y la Secretaria de Programación y Presupuesto. Investigador de los determinantes económicos y sociales en la salud, colaboró en el proyecto “Salud Enfermedad y Muerte en los Altos de Chiapas” en el Centro de Investigaciones Ecológicas del Sureste, y en la investigación publicada en la serie “Necesidades Esenciales: Salud, situación actual y panorama al año 2000”, por la Presidencia de la República y la Ed. Siglo XXI, en 1983.

Militante de la izquierda desde 1968; fue Secretario de Formación Política del Comité Estatal del PRD de 1997 al año 2000. Analista sobre temas políticos y sociales en diversos medios locales, como las revistas Crisol y Tiempo de Aguascalientes y los diarios El Sol del Centro, Página 24 y Aguas; escribe para el suplemento Contextos del diario de circulación nacional Milenio desde el año 2001. Fue coordinador del libro: “Alternancia y transición democrática, la experiencia de Aguascalientes”, editado en el año 2005 por el Senado de la Republica y la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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